La aerolínea, que llegó a adquirir un valor de aproximadamente 5.500 millones de dólares en el mercado bursátil y era conocida por sus aviones de color amarillo brillante, informó su cierre el sábado, después de que su último vuelo despegara de Detroit y aterrizara sin contratiempos en Dallas.
“Por más de 30 años, Spirit Airlines ha desempeñado un papel pionero al hacer que los viajes sean más accesibles y al unir a las personas, al tiempo que impulsaba la asequibilidad en toda la industria”, manifestó en un comunicado el director ejecutivo Dave Davis.
El anuncio se produce después de dos declaraciones de quiebra en el mismo número de años que permitieron que la empresa reembolsara a sus acreedores. A eso le siguió, en los últimos meses, una última y frenética carrera para ahorrar dinero recortando rutas, arrancando concesiones a los sindicatos y buscando un posible acuerdo de financiación con el gobierno del presidente Donald Trump que, de haber prosperado, podría haberle dado un salvavidas.
Pero al final, el aumento en los precios del combustible para aviones, desencadenados por la guerra con Irán, drenaron el efectivo del negocio a un ritmo cada vez más acelerado, obligándola a tirar la toalla.
“Esto es tremendamente decepcionante y no es el resultado que ninguno de nosotros quería”, señaló Davis.
De los viajes chárter a las tarifas desagregadas La aerolínea comenzó como Charter One Airlines, que operaba tours vacacionales a principios de la década de 1980, y luego obtuvo popularidad y ganancias dos décadas después con tarifas “desagregadas” sin lujos que permitían que los viajeros prescindieran de servicios básicos, como manejo de equipaje, selección de asiento, incluso la impresión de boletos, o pagaran un extra.
Orgullosamente ahorrativa hasta el último centavo —y exasperante para muchos pasajeros—, Spirit estuvo dirigida durante años por el célebremente frugal Ben Baldanza, quien pedía sus hamburguesas sin nada, se molestaba por pagar de más por pepinillos que no quería y volaba en los mismos asientos estrechos que sus clientes. No se disculpaba por cobrarles por todo, y sostenía que el problema no era que Spirit fuera barata, sino que los pasajeros veían por primera vez una factura desglosada, y no les gustaba.
Pese a todas las quejas, el modelo de Spirit se volvió tan influyente que aerolíneas gigantes, con décadas más de trayectoria operativa y destinos globales, se vieron obligadas a seguirle el paso recortando precios e introduciendo tarifas “económicas básicas”.
En su último día de operaciones, Spirit había transportado de forma segura a más de 50.000 pasajeros, indicó un portavoz de la empresa. La aerolínea también trabajaba para llevar de regreso a casa a más de 1.300 miembros de tripulación. Unos 17.000 empleados, algunos con más de 25 años en la aerolínea, se enteraron el viernes de que habían perdido su trabajo; muchos lo supieron por informes de prensa, señaló el portavoz.
En un memorando enviado el sábado a sus afiliados, el sindicato de sobrecargos de Spirit reconoció el fin de la aerolínea y el impacto en los trabajadores.
“Mientras el país se divertía haciendo de Spirit el blanco de las bromas, construimos juntos una fortaleza que podría resistir cualquier cosa que cualquiera nos arroje”, indicó. “Y eso no es ninguna broma”.
El manual de la provocación A pesar de su abrupto final, Spirit dejó una reputación imposible de ignorar.
Kendria Talton, quien voló el viernes en Spirit de Dallas a Atlanta con su hija para una competencia de baile, llegó al aeropuerto el sábado tratando de encontrar una nueva manera de volver a casa.
Contó que había volado en Spirit varias veces por el precio. “Fuera de eso, a nadie le gusta Spirit”, comentó. “Llevan años hablando de Spirit”.
Una parte clave de esa imagen provenía de sus anuncios audaces y exagerados que, para algunos críticos, resultaban de mal gusto y que, de hecho, a veces se volvían en su contra.
Tras el desastre de Deepwater Horizon en 2010, la empresa difundió un anuncio que decía “Mira el aceite en nuestras playas”, jugando con el doble sentido entre el aceite bronceador y el petróleo.
Después vino una “Venta Weiner” tras el escándalo de mensajes sexuales del congresista de Nueva York, Anthony Weiner, un anuncio que también incluía la frase: “tarifas demasiado difíciles de resistir”. Más tarde llegó su infame “Venta MILF”, en referencia a “Many Islands, Low Fares” (“Muchas islas, tarifas bajas”), pero también aludiendo, con un guiño, al acrónimo sexual referente a las mujeres maduras sexualmente atractivas.
Irónicamente, Spirit también fue derribada por su propio éxito, ya que las aerolíneas más tradicionales imitaron su oferta y empezaron a arrebatarle clientes con sus propias tarifas bajas.
El desmoronamiento Spirit llevaba años lidiando con pérdidas, pero, aun así, el anuncio de su cierre fue un golpe inesperado.
Apenas unos meses antes, la empresa dijo que probablemente saldría de su segunda quiebra a finales de la primavera o a inicios del verano, tras alcanzar un acuerdo preliminar con sus acreedores.
Luego, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán cuatro días después, lo que disparó los precios mundiales del crudo por encima de los 100 dólares. Los precios de la gasolina aumentaron poco después y el costo del combustible para aviones se incrementó más del doble en algunos mercados.
Spirit tuvo dificultades especialmente durante y después de la pandemia de COVID-19, en medio del aumento de los costos operativos y su creciente deuda. Para su primera solicitud de quiebra bajo el Capítulo 11 en noviembre de 2024, la aerolínea había perdido más de 2.500 millones de dólares desde el inicio de 2020.
Angelina Deruelle, estudiante de la Universidad de Houston, de 23 años, estaba el viernes en el Aeropuerto Internacional de Fort Lauderdale–Hollywood, el último día de operaciones de Spirit, después de que se cancelara su vuelo a Texas. Dijo que sería difícil aceptar la pérdida de la aerolínea como opción de viaje asequible.
“Siento que Spirit es simplemente accesible, sencilla, nada demasiado elegante”, dijo. “Es como estar en casa”.
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Los periodistas de The Associated Press Jeff Amy en Atlanta, Michelle Chapman en Nueva York y Daniel Kozin en Fort Lauderdale, Florida, contribuyeron a este reportaje.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP