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Votar vale la pena

Por Andres Reynado - Director Editorial AmericaTeve


Votar vale la pena


Alguien dijo que los pueblos no tienen los gobernantes que se merecen, sino los que se les parecen.
Las elecciones del martes 5 de noviembre en municipalidades del Condado Miami-Dade lo confirman en parte.

Puede que nuestros políticos no sean mejores que nosotros. Ahora, debemos admitir que tampoco son mucho peores.


De ahí que sea cada vez más importante la participación ciudadana en los comicios. La oportunidad de corregir el curso de la política mediante el voto directo y secreto es un privilegio anhelado en casi todo el planeta. Para nosotros, ese privilegio debía ser un deber.
Es uno de los contratos implícitos en una sociedad que garantiza las libertades.


Las encuestas de los últimos días realizadas entre los televidentes de www.americateve.com muestran un amplio margen de descontento con la política local.

Al preguntar si se sentían representados por los titulares y candidatos a las recientes elecciones, un 92 por ciento contestó "no".
Sin embargo, al preguntarles si habían salido a votar sólo un 25 por ciento respondió "sí".
Esas cifras no justifican los errores de nuestra clase política, aunque no cabe duda de que le extiende una patente de corso.


Los reelectos alcaldes de las ciudades de Miami y Hialeah, respectivamente, Tomás Regalado y Carlos Hernández, enfrentan por igual el reto de mejorar unas deficientes infraestructuras y servicios , no subir los impuestos y mejorar la seguridad.
La época no los ayuda. Pero el apoyo rotundo de los votantes los obliga a superar las circunstancias.


De paso, esos amplios márgenes de votación les sirven de buen escudo a la hora de negociar con unos sindicatos que suelen pecar de un obtuso egoismo. La aprobación de un referendo para otorgar más de $800 millones al Hospital Jackson Memorial compromete a las autoridades locales con la supervisión estricta de un centro que históricamente equipara sus proezas científicas con sus groseros escándalos.

El admirable esfuerzo de Carlos Migoya, administrador del Sistema de Salud Jackson, es el único aliciente al que pueden apelar los votantes cuando admitan un alza en los impuestos a sus propiedades.


La victoria de Philip Levine en Miami Beach abre la puerta a un estilo de gestión más ambicioso, agresivo y, dicho sea en el buen sentido de la palabra, elitista. Quizás esto sea lo que más necesita una ciudad con todas las condiciones para ser uno de los polos de la costa atlántica.
Probablemente, la vocación de construcción comunitaria de Michael Gongora, el principal contendiente de Levine, acabó por constituir un lastre.
Para muchos votantes, Gongora brilla como comisionado en una asignatura que Miami Beach no necesita tomar a tan temprana edad.

Quienes hemos vivido el desarrollo del Gran Miami, con su racimo de ciudades, a lo largo de treinta años, podemos dar fe de que nuestros graves problemas estructurales, nuestras corrupciones y, en cierto modo, nuestro desencanto con la política se deben a las particularidades de nuestro experimento, único en la historia de Estados Unidos.


El siglo XXI nos sorprende en medio de una acelerada movilidad social, el afán de pujantes comunidades por revelarse en una identidad y el fracturado e incesante asentamiento de gentes de medio mundo. En el torbellino de estas colosales transformaciones, alivia pensar que un voto, su voto, todavía cuenta.
Por Andres Reynado - Director Editorial AmericaTeve

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