La erupción del 29 de mayo de 2006 probablemente fue desencadenada por perforaciones comerciales de gas realizadas por una empresa local de exploración, según investigaciones científicas, lo que contradijo a un ministro de entonces, quien insistía en que se trataba de un desastre natural.
Los residentes se reunieron para recordar a los fallecidos, así como las casas y los vecindarios en los que vivían antes de que el lodo hirviente los fuera engullendo lentamente en el subdistrito de Porong, en Sidoarjo.
Durante años, expertos han buscado maneras de frenar la expansión del fango. Pero todas las medidas, incluida la construcción de diques de contención, han fracasado. El volcán continúa en erupción hasta el día de hoy.
Las 14 muertes incluyeron a un trabajador que falleció en agosto de 2006 cuando la excavadora que utilizaba cayó de un terraplén, y las otras 13 víctimas murieron en noviembre de 2006 cuando explotó un gasoducto subterráneo bajo uno de los diques de contención.
Decenas de miles de residentes fueron desplazados tras perder sus casas, tierras, empleos e incluso las tumbas de sus antepasados.
Un residente, Sastro, de 55 años, perdió su casa y su antiguo empleo como obrero de fábrica. La fábrica donde trabajaba quedó sumergida en el lodo, junto con miles de otras estructuras dentro del mar de lodo de 572 hectáreas (más de 1.400 acres).
Veinte años después, ahora trabaja como conductor de mototaxi, trasladando a visitantes en recorridos diarios al lugar, que se ha convertido en un destino turístico en Java Oriental.
“Hasta donde puedo ver, las cosas han sido realmente duras desde el incidente de Lapindo”, declaró Sastro, quien como otros indonesios usa un solo nombre.
La empresa minera local PT Lapindo Brantas estaba explorando gas en la zona del desastre en mayo de 2006.
El entonces presidente Susilo Bambang Yudhoyono ordenó a la compañía pagar 420 millones de dólares en compensación a los aldeanos que perdieron sus hogares y ayudar al gobierno a financiar sus operaciones de emergencia.
Sin embargo, posteriormente el gobierno proporcionó asistencia financiera de emergencia para compensar a las víctimas afectadas. Aunque Lapindo Brantas sí brindó cierta ayuda, fue una fracción del total.
Tras dos décadas, puede verse humo blanco saliendo del centro del lago de lodo, lo que indica que el lodo caliente aún está brotando del respiradero. Las excavadoras que dragan el fondo de la laguna se han vuelto una imagen habitual.
Fotografías aéreas muestran el respiradero como un pequeño punto en medio de la vasta extensión del lago. Ese punto marca el respiradero que provocó uno de los desastres más grandes y prolongados de Indonesia.
El lodo ha afectado a más de 1.100 hectáreas (alrededor de 2.700 acres), al sumergir 19 aldeas en tres subdistritos.
Hasta el día de hoy, muchos sobrevivientes aún enfrentan problemas. Entre ellos figuran la contaminación ambiental, dificultades de salud y de registro civil, y la incertidumbre de la vida tras el desastre, señaló Lucky Wahyu Wardana, del Foro Indonesio por el Medio Ambiente, o WALHI, en Java Oriental.
Wardana afirmó: “La tragedia de Lapindo debe servir como lección para que el gobierno deje de depender de las industrias extractivas, ya que los costos del impacto superan con creces los beneficios.
“No solo se han perdido vidas, sino que los niños que antes vivían en las zonas afectadas han perdido su futuro y enfrentan consecuencias para la salud”, manifestó Wardana. “Además, muchos padres han perdido su sentido de la historia respecto de sus orígenes y sus ciudades natales”.
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Edna Tarigan reportó desde Yakarta.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP