La escasez persiste pese a la venta en divisas y expone el colapso del sistema energético en Cuba.
Las colas para conseguir combustible en Holguín se han convertido en una escena cotidiana que refleja la profundidad de la crisis energética en Cuba. Aun cuando la gasolina se vende exclusivamente en dólares, los servicentros no logran garantizar un suministro estable, obligando a conductores a esperar durante horas —e incluso días— para poder abastecerse.
Un video difundido en Instagram por la cuenta @holguinenfotos muestra una interminable fila de autos y motocicletas que se extiende por varias calles de la ciudad. La grabación resume el drama en una frase que ya se ha vuelto viral entre los cubanos:
“El último es allá”, dice el creador de contenido mientras la cola se pierde en el horizonte.
Si tienes frio ven para la cola de la gasolina . Dime si te marco.
Actualmente, el combustible en estos puntos se paga solo en divisas, mediante tarjetas Clásicas, un sistema que excluye a gran parte de la población. Sin embargo, ni siquiera el pago en dólares asegura el acceso, lo que ha generado una creciente indignación social.
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Esperas de más de 10 y 12 horas
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Noches enteras durmiendo dentro de los vehículos
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Falta de información oficial sobre horarios y disponibilidad real
Mercado negro disparado y silencio oficial
Ante la escasez, muchos se ven forzados a acudir al mercado informal, donde el litro de gasolina ya supera los 1.500 pesos cubanos, un precio inalcanzable para la mayoría de los salarios en la isla.
Mientras tanto, las autoridades no han ofrecido explicaciones claras, ni un cronograma público que permita prever cuándo se normalizará el suministro. El silencio oficial contrasta con la magnitud del problema y con el impacto directo que tiene en el transporte, el trabajo y la vida diaria.
Una imagen que resume la crisis nacional
La escena de Holguín no es un hecho aislado. Se repite en distintas provincias del país y confirma que la crisis energética cubana sigue profundizándose, incluso en un modelo de venta en divisas que, lejos de resolver el problema, ha aumentado la desigualdad y la frustración social.