Directivos de la banca en Cuba ahora intentan justificar su represiva campaña de “cero efectivo” y dicen que los dólares que invertirían para producir pesos, en medio de la escasez de dinero hoy en la isla, podrían usarlos mejor para otras prioridades del país como, supuestamente, comprar alimentos.
Tras imponer el nuevo corralito financiero al uso de pesos cubanos por empresas estatales y negocios privados en la isla, autoridades bancarias también confirman en la Mesa Redonda el temor de la población: que con su cero efectivo, el régimen busca sobre todo apropiarse de esa moneda nacional circulante en el mercado negro.
Lo irónico de la imposición del régimen del uso de aplicaciones de pago electrónico bajo su control, en vez de efectivo, es que, como ocurre con la venta del gas doméstico en Pinar del Río, ni siquiera puede cubrir la demanda de los cubanos y entonces, quienes intenten usar estos pagos electrónicos no tienen ni preferencia en las colas.
En medio de esta campaña del régimen, la realidad en el mercado informal es que el peso cubano sigue su imparable caída libre.
La divisa estadounidense se disparó ya a 240 pesos, lo que provoca que el salario mínimo en Cuba, que es de 2,100, equivalga realmente de sólo ocho dólares y 75 centavos mensuales.