Cuba 04 octubre 2021

A tres meses de su arrancada, la primera fábrica cubana de nasobucos no ha comercializado ninguno

Más de 250.000 mascarillas se almacenan en la planta de Matanzas. Un empresario extranjero implicado en su montaje explica la cadena de desastres que ha atravesado

A tres meses de su puesta en funcionamiento, aún no se ha comercializado ningún nasobuco de la primera fábrica que los elabora en Cuba, ubicada en Matanzas y perteneciente a la estatal Empresa de Confecciones Textiles Unimoda. Sin embargo, en estos momentos, en los almacenes de la instalación se acumulan más de 250.000 mascarillas, dijo Liudmila Pérez Montero, administradora de la entidad al periódico Girón.

Entre junio, julio y agosto Matanzas sufrió el cuarto rebrote de Covid-19. Las cifras de contagiados por jornada superaban los 1.000 y el sistema hospitalario colapsó. Durante semanas la provincia fue el foco epidemiológico y mediático de la Isla. En dicho tiempo la fábrica ya se encontraba en funcionamiento, pero ni una sola de sus mascarillas se empleó para contribuir a la protección de los médicos o de la población, reconoció el medio oficial local.

A menos de 500 metros de la planta del Grupo Gardis radica, además, uno de los centros de aislamiento más importantes del territorio, el de la Universidad de Matanzas. Todo esto sucedió a pesar de que la directora de Unymoda, Maribel Rodríguez Argüelles, afirmó en varias declaraciones que la prioridad para su institución consistía el colaborar con el sector de la Salud.

Para el medio, aparte de "complejidades técnicas, deficiencias en la manipulación y demás inconvenientes de la puesta en marcha", lo más grave es que "no ha llegado a la población o personal de la Salud alguna de las más de 200.000 mascarillas acumuladas durante ese período".

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Proyecto

El proyecto de la fábrica de nasobucos se creó en marzo de 2020, cuando coincidieron el empresario de origen sirio Lway Aboradan y el estatal Grupo Empresarial Gardis.

En un primer momento, se concibió como una Asociación Económica Internacional. Pero la demora y lo complicado de algunos trámites, provocaron que el empresario actuara, al final, solo como proveedor de la maquinaria y de la materia prima.

"Muchísimos, muchísimos obstáculos y el proceso es tan largo que, si hubiéramos ido por el camino de la asociación, aún no hubiéramos tenido la fábrica", dijo Lway en referencia a la política del Gobierno cubano que ahoga las inversiones en la Isla.

Hasta ahora Lway no ha recibido el primer pago, pues aceptó entregar la materia prima en consignación, cobrar a la medida en que se vendieran los productos. Por último, se comprometió a encargarse del montaje de las plantas.

La inversión realizada por Unymoda ascendió a más de cinco millones de pesos.

Aboradan dijo que quienes montaron la planta no se guiaron estrictamente por las indicaciones que traía el equipo: "La desprogramaron y empezaron a usar una como repuesto de la otra".

Los inconvenientes que afectaron el montaje, según relató a Girón, iniciaron desde la propia llegada de las máquinas. Se extrajeron del embalaje antes de asumir las labores constructivas en la edificación y ello provocó que se enfrentaran al polvo.

El propio día de la llegada del segundo compresor (el primero no lograba distribuir el aire necesario para el funcionamiento de las dos líneas) sufrió una avería en uno de los relojes que miden la presión, por mala manipulación durante el traslado. Además, que la empresa no contaba con el importe necesario para adquirir equipos de climatización, ineludibles para la operación y conservación de la planta.

Además del desastre del montaje y arrancada de la planta, Girón describió como "fallidas" las gestiones de la dirección de Unymoda y el Grupo Gardis, para cumplir con el objeto social de la fábrica de llevar el accesorio a sectores prioritarios como la Salud y el Turismo, con los cuales aún no existen contratos.

Solo Rayonitro confirmó un pedido de compra de 200 mascarillas, todavía por formalizar.

Funcionarios entrevistados se mostraron completamente despreocupados en tal sentido. Justificaron que, como empresarios, el tiempo estimado para reponer la inversión aún les permite otros meses, incluso años de producción estancada. Con especial "optimismo" afirmaron que la venderán en algún momento.

Por el contrario, Lway Aboradan, quien ofreció a la empresa estatal facilidades de pago que favorecen los procesos de comercialización, lamentó: "Yo di tiempo de pago para que compraran la materia prima, fabricaran, vendieran y después me pagaran. Como empresario extranjero, no entiendo cómo un nivel de producción en medio de un momento de crisis aquí no se vendió, ¿por qué no se vendió?"

"Yo garanticé a Cuba seis meses de producción a razón de 120 mascarillas por minuto por dos —porque son dos líneas— en una jornada laboral de ocho horas, que suman 1.500.000 mascarillas por mes. No es lógico que dos entidades del país, una de ellas con una sola máquina que no produce ni 40 por minuto ya comprara dos o tres veces y aquí aún estén almacenando mascarillas", cuestionó Aboradan.

Mientras en la planta matancera se almacenan las mascarillas la demanda persiste, tanto que las mascarillas se comercializan en el sector no estatal en alrededor de 25CUP, casi cinco veces del precio estimado para la venta por Unymoda, señala Girón.

Según explicó Aboradan al medio estatal, en los inicios del proyecto el Gobierno de Cuba compró 2.000.000 de mascarillas a unos 48 centavos dólar como promedio, unos 960.000 en total, cifra que de haberse producido en Cuba solo hubiese ascendido a 160.000.

Desde el inicio de la pandemia, el Gobierno de Cuba apostó todo, incluida su engrasada maquinaria de propaganda, al desarrollo de vacunas propias. Un caro y ambicioso proyecto al que dedicó incluso las escasas materias primas disponibles para producir fármacos.

En su esquema de prioridades, también relegó a últimos puestos los medios de protección, de diagnóstico y otros materiales gastables imprescindibles para la contención de la pandemia.

Así, después de más de un año lidiando con el Covid-19, inspectores y policías exigiendo el uso del nasuboco y multando por no llevarlo o por su uso incorrecto, al Gobierno, al parecer, no le importa que las mascarillas se acumulen en cientos de miles en la fallida primera planta productora de nasobucos cubanos.

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