El bloqueo del estrecho de Ormuz trastocó el transporte marítimo de aproximadamente una quinta parte del petróleo crudo y el gas natural licuado del mundo, lo cual afectó primero a Asia —el principal destino de estos combustibles— y luego a África.
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SUSCRIBITEHONG KONG (AP) — La guerra en Irán ha contribuido a reconfigurar el mercado mundial de vehículos eléctricos, dándoles a los fabricantes chinos una oportunidad en el mundo en desarrollo a medida que el aumento vertiginoso de los precios del combustible empuja a los conductores hacia este tipo de transporte, incluso cuando la infraestructura de carga sigue rezagada con respecto a la ola de importaciones.
El bloqueo del estrecho de Ormuz trastocó el transporte marítimo de aproximadamente una quinta parte del petróleo crudo y el gas natural licuado del mundo, lo cual afectó primero a Asia —el principal destino de estos combustibles— y luego a África.
Esta crisis aceleró una tendencia que ya se extendía por el mundo en desarrollo. En abril, las exportaciones mundiales de vehículos eléctricos chinos alcanzaron la cifra récord de 9.400 millones de dólares, según un análisis del grupo de investigación Ember —centrado en la transición de los combustibles fósiles a la energía limpia— con base en datos de aduanas chinas. Los envíos a diversos países aumentaron considerablemente, incluidos Australia, Brasil y regiones como el sudeste de Asia y África oriental.
China exportó aproximadamente 435.000 vehículos eléctricos (EV, por sus siglas en inglés) de pasajeros e híbridos enchufables en mayo, más del doble que el año anterior, según la Asociación China de Fabricantes de Automóviles.
Ante el aumento del precio del combustible, cada vez más conductores cambian a vehículos eléctricos para ahorrar dinero, mientras que diversos gobiernos —desde Laos hasta Etiopía— impulsan la electrificación para reducir las importaciones de petróleo y los costos de los subsidios al combustible.
No obstante, la rápida adopción de los EV supera la expansión de las redes de carga. Los gobiernos y las empresas de servicios públicos estatales en África han tomado las riendas para su construcción, un modelo que, según analistas, podría ayudar a otros mercados emergentes, como Asia, a acelerar la transición para alejarse del uso de combustibles fósiles.
Cuando un país carece de suficiente infraestructura de carga y de una flota de vehículos eléctricos lo bastante grande, se presenta el “clásico dilema del huevo y la gallina” en cuanto a qué es lo primero, expresó Paul Gong, director de investigación de la industria automotriz china en el banco UBS.
“En esa etapa, el apoyo gubernamental a la infraestructura podría ayudar a acelerar la adopción”, agregó.
A lo largo del mundo en desarrollo, los conductores buscan alternativas a la gasolina.
En el sudeste de Asia, las importaciones de vehículos eléctricos chinos se han disparado en Tailandia, Laos y Filipinas. En mayo, Laos prohibió la importación de vehículos de combustión interna durante el resto de 2026 para reducir los costos de importación de petróleo y fomentar la transición a los EV.
África importó aproximadamente 44.000 vehículos eléctricos chinos en 2025, un aumento del 130% con respecto al año anterior, según datos del Ministerio de Comercio de China.
En Asia y África, el transporte es uno de los mayores gastos de los hogares.
El transporte público limitado, los trayectos largos y la dependencia de los autos privados hacen que las familias sean vulnerables a la volatilidad de los precios del combustible. En Sudáfrica, el transporte representa casi una quinta parte del gasto familiar, según un estudio de 2024 de la Universidad de Stellenbosch, en la provincia del Cabo Occidental.
Por lo tanto, a medida que se ha incrementado el precio del combustible, el interés mundial por los vehículos eléctricos ha ido en aumento, expuso Mark Wakefield, de la consultora AlixPartners.
Uno de cada cuatro autos nuevos vendidos en todo el mundo el año pasado era eléctrico, según la Agencia Internacional de Energía (AIE).
Se prevé que las ventas mundiales de autos eléctricos continúen su crecimiento en 2026 y alcancen los 23 millones de unidades, lo que representará casi el 30% de la totalidad de autos vendidos en el mundo, de acuerdo con el último informe de la AIE sobre vehículos eléctricos.
“En los próximos cinco años, aceleraremos (nuestra) expansión en el extranjero”, pronosticó Jerry Gan, director general de Geely Auto —uno de los mayores fabricantes de automóviles de China— durante un evento de la empresa en marzo, en un momento en que el grupo automovilístico se abre paso en regiones como el sudeste asiático, lo que incluye la venta de sus vehículos eléctricos.
Los fabricantes chinos de automóviles suministraron aproximadamente el 60% de los autos eléctricos vendidos a nivel mundial, según la AIE. También han estado enfocándose en Europa, África y Latinoamérica.
En Vietnam, el fabricante de automóviles VinFast también registró un aumento en sus ventas. La demanda en el sudeste de Asia impulsó un incremento interanual del 42% en los ingresos trimestrales de la empresa entre enero y marzo.
Casi todas las mañanas, Nguyen Thien Bao se abre paso en su motocicleta eléctrica VinFast entre el tráfico congestionado de Hanói, la capital de Vietnam, en la que transporta pasajeros y realiza entregas. La motocicleta eléctrica ha reducido drásticamente sus gastos a medida que aumenta el precio del combustible.
“Antes, muchísimo de mi ingreso se iba (en pagar) el combustible”, manifestó. “Ahora, de hecho puedo ahorrar algo de dinero”.
Si bien las importaciones de vehículos eléctricos están en auge, la infraestructura de carga sigue rezagada, pese a que sí hay más de esas instalaciones.
Por ejemplo, Tailandia cuenta con aproximadamente 4.600 puntos de carga públicos para dar servicio a más de 424.000 vehículos eléctricos de batería e híbridos enchufables, según la Asociación de Vehículos Eléctricos de Tailandia, lo que equivale a aproximadamente uno por cada 92 vehículos. El país cuenta actualmente con unos 12.000 cargadores públicos, según la AIE.
La forma en que Chitsanupong Nuamnorm lidia con eso es utilizar su Mazda 2 de gasolina sólo para los viajes de fin de semana, aunque el MG4 eléctrico de fabricación china que compró el 27 de febrero —un día antes de que empezara la guerra contra Irán— le ahorra mucho dinero.
Yutthana Samranwong, un conductor de 54 años de la provincia de Phitsanulok, en el norte de Tailandia, menciona que reservar en línea puntos de recarga públicos para mantener su MG4 eléctrico en el camino es una apuesta.
“Es un poco engorroso”, añadió Samranwong, quien a veces trabaja para Grab, el servicio de transporte y reparto.
En Bangkok, la saturación de las redes de recarga orilla a algunos conductores a considerar regresar a los autos de gasolina.
En Malasia, los cargadores rápidos públicos aumentaron más del 70% en 2025, según la AIE, después de que el gobierno implementara incentivos, incluida una exención fiscal para los operadores de puntos de recarga que cumplieran con ciertos criterios de inversión.
Indonesia cuenta con más de 4.500 estaciones de carga públicas instaladas por la empresa eléctrica estatal PLN, reportó la AIE.
Etiopía, que ha prohibido la importación de vehículos que no sean eléctricos, contaba con apenas una docena de estaciones de carga a mediados de 2025, y el gobierno estima que necesita más de 1.170 para satisfacer la creciente demanda. En Adís Abeba, la capital, hay 40 estaciones en construcción, según la empresa eléctrica estatal.
“En los mercados emergentes, los precios accesibles pueden acelerar la transición, pero el ritmo de adopción seguirá dependiendo en gran medida de la infraestructura, la confiabilidad del suministro eléctrico y los casos de uso”, dijo Chris Liu, del grupo de investigación y consultoría tecnológica Omdia.
En Indonesia, la empresa eléctrica estatal PLN ha desplegado más de 4.500 cargadores públicos, indicó la AIE.
Los países africanos también recurren cada vez más a las empresas eléctricas estatales para construir redes de carga para vehículos eléctricos, ya que apuestan a que la inversión pública puede resolver uno de los mayores obstáculos para la adopción de este tipo de transporte.
“Las empresas de servicios públicos reconocen que la movilidad eléctrica se convertirá en una fuente importante de la demanda futura de electricidad”, expresó Ndia Magadagela, cofundadora y directora general de Everlectric, una empresa sudafricana de arrendamiento comercial de vehículos eléctricos.
Existen unas 2.000 estaciones de carga públicas para EV en África, y Sudáfrica concentra la mayor parte.
La empresa estatal Kenya Power planea construir 44 estaciones de carga el próximo año.
Sin embargo, la construcción de redes de estaciones de carga es difícil en los mercados en desarrollo, expuso Liu, de Omdia, quien señaló que las conexiones a la red y el mantenimiento son cuestiones clave.
Mientras que la empresa BYD, por ejemplo, expande su red de carga ultrarrápida para vehículos eléctricos en lugares como Europa, los grandes fabricantes de automóviles chinos normalmente podrían tener pocos incentivos para construir redes fuera de China, añadió.
Por lo tanto, las empresas estatales de servicios públicos pueden desempeñar un papel más importante en ese ámbito, según Liu, ya que están estrechamente vinculadas a la planificación de la red eléctrica, la fijación de precios de la electricidad y la capacidad de distribución de un país.
“Se necesita infraestructura de carga para dar soporte a una flota aún mayor”, dijo Gong, el analista del sector automotriz para UBS.
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Olingo informó desde Nairobi y Delgado desde Bangkok. El periodista Aniruddha Ghosal de The Associated Press contribuyó a este despacho.
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FUENTE: AP
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