Andres Zapata fue condenado a pena cumplida el miércoles en Austin, Texas, tras aceptar cooperar en una investigación de una década que ha implicado a varios agentes en conductas indebidas, según dos personas que no estaban autorizadas a declarar sobre la pesquisa en curso y hablaron con The Associated Press bajo condición de anonimato.
Zapata, de 48 años, fue extraditado a Estados Unidos el año pasado desde su natal Colombia, donde había trabajado estrechamente con José Irizarry, un exagente de la DEA que cumple una condena de 12 años por desviar millones de dólares de operativos contra el lavado de dinero para financiar viajes de lujo, autos deportivos costosos y fiestas al estilo de una fraternidad universitaria.
La DEA pagó a Zapata, un lavador de dinero profesional, 3,8 millones de dólares entre 2015 y 2020 por su trabajo como informante confidencial, según muestran los registros judiciales. Se declaró culpable en julio pasado de un único cargo por no reportar esas ganancias en sus declaraciones de impuestos. La DEA exige a los informantes que reporten ese tipo de ingresos las autoridades fiscales, pero rara vez se les procesa por no hacerlo.
La división criminal del Departamento de Justicia, que llevó el caso, declinó hacer comentarios. Hasta el momento, la DEA no ha respondido a una solicitud de comentarios.
El abogado de Zapata, Don Bailey, sostuvo en la audiencia de sentencia que era inusual que los fiscales apuntaran contra alguien que había arriesgado la vida ayudando a las fuerzas del orden de Estados Unidos a combatir cárteles violentos por una infracción que ni siquiera sabía que estaba cometiendo.
Zapata y otros informantes “no reciben formularios 1099 ni W-9”, afirmó Bailey, en referencia a los documentos que suelen presentar los contratistas independientes para reportar ingresos. “No sabes cuánto debes. Firmas un papel por dinero. No te dan recibos”.
En la audiencia, Zapata le dijo a un juez federal que estaba listo para seguir adelante con su vida tras haber pasado más de un año en una dura prisión cerca de su ciudad natal de Medellín, mientras esperaba la extradición.
“He aprendido la lección”, manifestó, según una transcripción del procedimiento.
El juez federal de distrito David Ezra describió a Zapata en la audiencia como alguien que había sido “muy cooperador” con el gobierno. Denegó una solicitud de la AP para levantar el secreto de los registros de la sentencia. Al condenar a Zapata a una sentencia cumplida en Colombia, el juez también le ordenó pagar 1,2 millones de dólares en restitución, una cifra que refleja la pérdida fiscal para el gobierno de Estados Unidos.
Registros internos de la DEA obtenidos por la AP muestran que la agencia reclutó por primera vez a Zapata como informante en 1998, al emplear a un entonces vendedor de aspiradoras cuyo cuñado se metió en problemas por narcotráfico.
Durante las dos décadas siguientes, se convirtió en uno de los informantes más prolíficos de la agencia, al organizar recogidas encubiertas de efectivo y ayudar en investigaciones desde Perú hasta Los Ángeles, según muestran los registros, y ganó más de 4,6 millones de dólares de la DEA.
Pero no se limitó a proporcionarles pistas a los agentes.
Bajo la cobertura de una asignación de la DEA, el ciudadano con doble nacionalidad colombiana y estadounidense recorrió el mundo de un lado a otro con agentes y, en ocasiones, con fiscales de Miami, en lo que Irizarry ha descrito como una “gira mundial de desenfreno” que burló las estrictas normas contra estrechar vínculos con informantes.
En un chat secreto de WhatsApp que los agentes usaban para celebrar su periplo por tres continentes se detalla el papel de Zapata en conseguir prostitutas y en ayudar a lo que Irizarry bautizó como “Team America” a salir de problemas. En 2018, Zapata estaba en una misión en Madrid bebiendo con un agente que fue detenido brevemente y acusado de agredir sexualmente a una mujer.
Irizarry les dijo a los investigadores que Zapata le devolvía una parte del dinero de recompensa que ganaba como informante. Recordó una noche en la que Zapata apareció en su apartamento en Colombia con una bolsa que contenía 40.000 dólares en efectivo, dinero que Irizarry usó para comprar un anillo de Tiffany para su esposa.
Presuntamente, Zapata también habría servido como intermediario para pagos que Irizarry admitió haber recibido de Diego Marín, el “zar del contrabando” de Colombia, un antiguo informante de la DEA arrestado en 2024 en España como parte de una investigación colombiana por sobornos. Marín y Zapata aparecen en un video obtenido por la AP en el que se les ve de fiesta con agentes en un restaurante de Madrid.
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Mustian informó desde Natchitoches, Luisiana.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP