“No siempre fue tan fácil”, entona en una voz en off, al señalar que para finales de la década de 1980 “estaba en serios problemas” y con “miles de millones de dólares en deudas”.
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SUSCRIBITEWASHINGTON (AP) — En el episodio piloto de “The Apprentice” de enero de 2004, Donald Trump dijo algo que hoy nunca admitiría.
“No siempre fue tan fácil”, entona en una voz en off, al señalar que para finales de la década de 1980 “estaba en serios problemas” y con “miles de millones de dólares en deudas”.
Es una de las pocas veces que Trump ha reconocido públicamente un fracaso. Incluso entonces, estaba leyendo un guion pensado para promover ante los televidentes unas credenciales de superación contra todo pronóstico, anticipando el carisma combativo que impulsó su carrera política una década después.
“Contraataqué”, afirmó Trump. “Y gané. A lo grande”.
Trump nunca pierde. Al menos en su mente.
Declaró la victoria a los pocos días de iniciada la guerra con Irán, y lo repitió constantemente, incluso mientras Teherán atacaba objetivos estadounidenses y de sus aliados y estrangulaba el estrecho de Ormuz, afectando a la economía mundial.
Con un alto al fuego ya en vigor, Trump sostiene que Estados Unidos ha cumplido sus objetivos.
El presidente proclamó un cambio de régimen después de que el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, fuera asesinado. Pero fue reemplazado por su hijo, Mojtaba Jamenei, considerado aun más de línea dura. Trump dice que Irán no podrá tener un arma nuclear, pero Teherán cuenta con reservas de uranio enriquecido. Y el estrecho de Ormuz sigue bajo control militar iraní.
Cuando el consejo editorial de The Wall Street Journal escribió que Trump había proclamado una victoria prematura en Irán, el presidente respondió en redes sociales: “En realidad, es una Victoria”.
El sábado publicó que a los medios de comunicación “les encanta decir que Irán está ‘ganando’ cuando, de hecho, todo el mundo sabe que están PERDIENDO, ¡y PERDIENDO A LO GRANDE!”. Consultado más tarde ese mismo día sobre el estado de las negociaciones con Irán, Trump contestó: “Pase lo que pase, ganamos”.
Reclamar el manto del ganador ha sido parte de la psique de Trump desde que era un hombre joven y un promotor inmobiliario en Nueva York. Ha persistido en asuntos grandes y pequeños.
En los torneos de golf en sus clubes, siempre es el campeón. Si un tribunal falla en contra, Trump insiste en que las cosas le salieron a su favor. Anuncia acuerdos que nunca se concretan.
“Tiene esta narrativa ficticia en la cabeza” y es “como un guionista”, declaró David Cay Johnston, autor de “The Making of Donald Trump”. “Cuando necesitas cambiar la narrativa, simplemente la cambias”.
Ningún ejemplo es tan contundente como el rechazo de Trump a aceptar su derrota ante el demócrata Joe Biden en las elecciones de 2020, un resultado ratificado en más de 60 casos judiciales y por su propio secretario de Justicia. Sin embargo, Trump ha declarado la victoria tantas veces que sus seguidores le creen. Conoce el poder de la repetición y del volumen.
Ese es el mundo de Trump — un vendedor eterno que moldea su historia y de la de otros avanzando a base de consignas. Una gorra de béisbol que usa y promociona resume el enfoque en cinco palabras: “TRUMP TENÍA RAZÓN EN TODO”.
“Es mucho más fácil liderar cuando tienes éxito y estás ganando”, le dijo Trump a una reciente conferencia saudí de inversiones en Florida, donde también admitió que "en realidad siempre me gusta rodearme de perdedores, porque me hace sentir mejor”.
“La gente te sigue si ganas”, añadió Trump.
Durante décadas, las presidencias estadounidenses han intentado presentar las malas noticias como buenas con la esperanza de suavizar evaluaciones desfavorables. Pero Trump ha convertido el hecho de ganar en un eje central de su presidencia.
Si la Corte Suprema anula sus aranceles, Trump promete sortear el fallo para que sus impuestos a las importaciones puedan “usarse de una manera mucho más poderosa y desagradable, con certeza legal”. Si las inversiones en Estados Unidos que él ha promocionado no se materializan, simplemente dice que sí lo hicieron, a veces inflando su valor ficticio.
Su Departamento de Justicia deja de apelar fallos judiciales que bloquean órdenes ejecutivas destinadas a castigar a grandes bufetes de abogados, y luego revierte el rumbo porque no apelar podría parecer una admisión de derrota.
Esta forma de programación alternativa se ha convertido en un principio de gobierno y en un valor de la familia Trump.
Uno de los hijos del presidente, Eric, indicó que su padre “nunca ha necesitado proyectar una ‘imagen de ganador’”.
“Él ES la definición de un ganador”, dijo Trump hijo en un comunicado, “por lo que ha construido y logrado”.
Sarah Matthews, ex subsecretaria de prensa de la Casa Blanca durante el primer mandato de Trump, que renunció cuando una turba de simpatizantes del mandatario asalto el Capitolio el 6 de enero de 2021, señaló que el “ego no le permite reconocer la derrota” y que “la realidad simplemente se dobla” ante eso.
“Esa era la estrategia de mensajes”, explicó Matthews. “Era: ‘¿Cómo podemos redefinir esta derrota como una victoria?’”.
Dijo que ahora lo lamenta, pero en aquel entonces “siempre había una manera de encontrar una excusa para justificar esa derrota y defender su posición”.
Más recientemente, la Casa Blanca del segundo mandato de Trump marcó su primer año de regreso en el cargo enumerando “365 victorias” en el mismo número de días. Entre ellas había algunas afirmaciones repetitivas y exageradas como el alza de los mercados bursátiles, la baja de los precios de la gasolina y una fuerte creación de empleo. En su mayoría, todas esas frases ya no son ciertas.
El portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle, apuntó que Trump “proyecta con orgullo la grandeza inigualable de nuestro país de manera constante en sus comentarios públicos”.
John Bolton fue uno de los asesores de seguridad nacional de Trump en su primer mandato y un temprano partidario de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán. Pero dijo que la declaración de victoria de Trump sobre Irán siempre estuvo “incorporada” independientemente del resultado real.
“El mundo para él está dividido entre ganadores y perdedores”, sostuvo Bolton. “Y él siempre es un ganador”.
En 1973, las autoridades federales demandaron a Trump y a su padre, alegando discriminación racial en el alquiler de apartamentos construidos por su empresa en Brooklyn y Queens, dos distritos de la ciudad de Nueva York. Quien instó a los Trump a contrademandar fue Roy Cohn, el notorio abogado que promovió agresivamente las audiencias anticomunistas del senador Joseph McCarthy de la década de 1950.
El caso se resolvió cuando ambas partes firmaron un acuerdo dos años después que prohibía a los Trump “discriminar contra cualquier persona”. El futuro presidente republicano lo calificó de una victoria, señalando que no hubo admisión de culpabilidad, pese a que el Departamento de Justicia calificó el acuerdo como “uno de los más amplios jamás negociados”.
Trump conoció por primera vez a Cohn en 1973 en el exclusivo Le Club de Manhattan, y se atribuye a Cohn haberle inculcado reglas como nunca admitir error ni reconocer una derrota, y atacar a cualquiera que te ataque.
Cohn “le enseñó a Donald a no ceder ni una coma”, expresó Johnston.
“Cualquier postura que hayas adoptado, esa es la postura, y cualquiera que te desafíe está equivocado, es repugnante, es incompetente, es idiota”, dijo Johnston. “Si son las fuerzas del orden, son corruptas”.
A lo largo de los años, Trump perdió dinero de manera constante, lanzando líneas fallidas de productos con su nombre que incluían bistecs, agua embotellada, vodka, una revista, una aerolínea, una empresa de hipotecas y clases en línea. Su Trump Plaza Hotel se declaró en bancarrota, su equipo de fútbol americano New Jersey Generals desapareció y la carrera ciclista Tour de Trump nunca se convirtió en la respuesta de Estados Unidos al Tour de Francia.
Barbara Res, quien trabajó para Trump en su empresa durante casi dos décadas, recuerda que a él le gustaba enfrentar a los principales ejecutivos entre sí para asegurarse de seguir siendo la voz más poderosa, incluso mientras se acumulaban las pérdidas.
Para el Trump de hoy, dijo ella, “nada está mal para él, si le ayuda”.
“No siempre fue así. Antes entendía la diferencia”, afirmó Res, autora de “Tower of Lies: What My Eighteen Years of Working With Donald Trump Reveals About Him”. “No puedo decir por qué cambió. Podría ser porque tiene tanto poder. O porque en realidad nunca lo creyó”.
Nada de eso empañó la imagen que Trump proyectaba de sí mismo como rico y famoso, que se potenció al máximo con el éxito televisivo “The Apprentice”.
Pero Robert Thompson, profesor de televisión y cultura popular en la Universidad de Syracuse, explica que ese éxito se construyó sobre factores anteriores, incluida la arrogancia incorporada en el título del libro de Trump de 1987, “The Art of the Deal”, su agresivo cortejo de los medios de comunicación y su obsesión por poner su nombre a las cosas.
Eso ayudó a que Trump se convirtiera en el “multimillonario típico”, y lo llevó a aparecer en programas como “The Jeffersons”, “The Fresh Prince of Bel-Air”, “The Nanny” y en “Home Alone 2”, dijo Thompson.
“Si necesitas a alguien que represente rápida y eficientemente al ‘multimillonario’, Trump se ha colocado a sí mismo en ese papel”, manifestó Thompson, “y todo el mundo lo acepta”.
Trump no reconoció sus asombrosas pérdidas. Después de que sus tres casinos en Atlantic City, Nueva Jersey, se declararan en bancarrota, insistió ante The Associated Press en 2016 en que Atlantic City había sido “un gran período para mí”.
A partir de 2007, mientras tanto, se convirtió en una figura habitual junto al ejecutivo de la WWE Vince McMahon, cuya esposa, Linda, es ahora la secretaria de Educación. El futuro presidente disfrutaba de eventos estruendosos hechos para la televisión, en los que el luchador al que él apoyaba siempre ganaba.
Trump también empezó a dirigirse a multitudes, perfeccionando "la actuación y el ritmo” que más tarde se convertirían en su fortaleza como político, dijo Thompson: “Los mítines nacen en la lucha libre”, afirmó.
“Ganar es una actitud, no un conjunto de hechos”, explicó Thompson. “Ganar es, en este caso, siempre definido por la persona que está ganando”.
Trump llevó esa visión de que no se puede perder a su carrera política.
Después de perder los caucus republicanos de Iowa en 2016, publicó que el ganador, el senador de Texas Ted Cruz, “lo robó ilegalmente”. Trump afirmó haber ganado el voto popular contra la demócrata Hillary Clinton ese noviembre, “si descuentas a millones de personas que votaron ilegalmente”. Además de sus falsas afirmaciones de que la contienda de 2020 fue robada, alegó irregularidades generalizadas en las elecciones de 2024, pese a haber ganado todos los estados pendulares clave.
Russell Muirhead, profesor del Dartmouth College que ha escrito sobre el estilo caótico de gobierno de Trump, destacó que el presidente ha practicado esto el tiempo suficiente “como para vivir en un mundo en el que él crea su propia realidad” y no existe un mundo real “fuera de su propia mente”.
Incluso la forma en que Trump juega al golf implica acumular victorias —al menos en sus propias propiedades—.
Trump dice que ha ganado 38 veces en clubes de golf que le pertenecen. Eso incluye un torneo de 2018 en West Palm Beach, Florida, en el que no jugó pero venció al ganador en un partido posterior; otro en el que se perdió la primera ronda; y otro durante el cual registró un 67 en la ronda final, una puntuación que incluso algunos golfistas profesionales envidiarían.
Matthews enfatizó que, cuando trabajó para él en la Casa Blanca, no recuerda que Trump haya admitido alguna vez estar equivocado, ni siquiera en privado.
“Cuando es evidente que es una derrota, tienes que darle un giro para convertirlo de algún modo en una victoria”, dijo. “Porque eso es lo que Trump querría”.
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Will Weissert ha cubierto política para The Associated Press desde 2011 y la Casa Blanca desde 2022.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP

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