El presidente Luíz Inácio Lula da Silva, que busca su cuarto mandato no consecutivo, realizó su tradicional desfile del sábado previo a las elecciones en la metrópolis de Sao Paulo. El candidato opositor, el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, viajó a las ciudades del interior de Santa Barbara d’Oeste y Americana.
Sao Paulo es el estado de mayor peso de Brasil, con 46 millones de habitantes y un producto interno bruto anual de 3,4 billones de reales brasileños (650.000 millones de dólares). Argentina tiene una cifra similar. Unos 34 millones de “paulistas”, como se conoce a quienes nacieron en el estado, están habilitados para votar.
Lula les dijo a sus simpatizantes cerca de la Avenida Paulista, la principal arteria de Sao Paulo, que estas elecciones representan una batalla existencial por el futuro de la nación.
“Por un lado, tenemos democracia y soberanía; por el otro, barbarie y corrupción”, afirmó Lula, haciendo eco de temas clave de su campaña.
El año pasado, el Supremo Tribunal Federal de Brasil condenó a Jair Bolsonaro a 27 años de prisión por intentar un golpe de Estado tras su derrota electoral de 2022 frente a Lula. Observadores señalan que probablemente saldría de prisión si su hijo gana las elecciones.
El equipo de Lula también ha presentado repetidamente a Flávio Bolsonaro como una amenaza para la soberanía de Brasil, al señalar su cercanía con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El año pasado, el mandatario estadounidense impuso un arancel del 50% a las importaciones brasileñas debido al juicio contra Jair Bolsonaro, que Trump calificó de “cacería de brujas”.
“Brasil es un país conservador” Daniella Fernandes, de 32 años, que trabaja como secretaria en una escuela pública de Sao Paulo, dijo que, al principio, quería que se postulara otro político del Partido de los Trabajadores en lugar de Lula. Pero cambió de opinión durante la campaña.
“Quería una renovación, pero Lula es el único que puede llegar a todos, incluso a quienes no son de izquierda”, expresó Fernandes, que llevaba varios pines de Lula en su camisa blanca. “Los Bolsonaro siguen fuertes, Brasil es un país conservador. Solo Lula puede ganar esta”.
A unos 140 kilómetros (87 millas) de Lula, en el centro de Sao Paulo, Flávio Bolsonaro avanzaba seguido por una larga fila de simpatizantes vestidos de amarillo y verde en motocicletas, mientras se desplazaba sobre un camión con altavoces desde Santa Barbara d’Oeste hasta Americana.
“Estoy convencido de que podemos ganar en la primera vuelta”, manifestó el senador Bolsonaro, quien besó un retrato de su padre mientras la multitud gritaba “mito”, que en portugués significa “leyenda”, y que los simpatizantes de Jair Bolsonaro usan para referirse a él.
“Así que salgamos de nuestras casas a votar (...) porque Bolsonaro va a ser presidente”, declaró Flávio Bolsonaro.
Bolsonaro estuvo acompañado por el gobernador del estado de Sao Paulo, Tarcísio de Freitas, a quien en su momento se mencionó como el heredero político de Bolsonaro padre, antes de que Flávio Bolsonaro dijera en diciembre pasado que su padre lo había elegido para postularse en las próximas elecciones.
Los brasileños también elegirán el domingo a representantes estatales y federales, así como a gobernadores y a algunos senadores. En Sao Paulo, de Freitas se postula para la reelección. El principal candidato opositor en esa contienda es Fernando Haddad, a quien Jair Bolsonaro derrotó en 2018 para convertirse en presidente y que se desempeñó como ministro de Hacienda de Lula. De Freitas tiene una amplia ventaja en las encuestas.
Visiones contrapuestas Doce candidatos figuran en la boleta presidencial, pero se considera que solo Lula y Bolsonaro tienen una posibilidad real de convertirse en el próximo jefe de Estado de Brasil. Si ningún candidato obtiene más del 50% de los votos, los 2 primeros pasarán a una segunda vuelta el 25 de octubre.
Ambos representan lados opuestos del espectro político, con visiones contrapuestas sobre asuntos que van desde cómo enfrentar el crimen organizado hasta la relación que el país más grande de América Latina debería tener con el gobierno de Trump.
Lula, que comenzó como trabajador sindical y tiene un meñique amputado tras un accidente en una fábrica cuando tenía 19 años, ha inspirado en ocasiones una devoción casi de culto. Pasó más de un año en prisión por condenas por corrupción que luego fueron anuladas, antes de ganar un tercer mandato no consecutivo en 2022.
Ha prometido garantizar que sean los brasileños quienes se beneficien de los minerales raros y recursos del país, proteger la selva amazónica y continuar con su programa insignia de asistencia social Bolsa Familia.
Bolsonaro ha adoptado en gran medida la agenda ultraconservadora de su padre, aunque en ocasiones ha intentado proyectar un estilo de comunicación más moderado para atraer a votantes centristas.
Sus políticas de seguridad de línea dura han sido un pilar de su campaña, y las encuestas muestran que estas propuestas son populares entre los brasileños. El senador se ha comprometido a combatir a los grupos criminales del país mediante la construcción de megaprisiones al estilo de El Salvador, siguiendo el ejemplo del gobierno de Trump al designar a las pandillas transnacionales como organizaciones terroristas y reduciendo a 16 años la edad para ser juzgado como adulto.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP