Israel afirma que necesita establecer una zona de control en el despoblado sur para proteger a sus propias comunidades del norte, que han enfrentado ataques diarios con cohetes desde que el grupo miliciano Hezbollah, respaldado por Irán, se sumó a la guerra más amplia. Muchos en Líbano temen que eso pueda significar el desplazamiento indefinido de más de un millón de personas, la destrucción total de sus viviendas y una pérdida de territorio.
El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, indicó durante la semana que se creará una “zona de seguridad” hasta el río Litani, a unos 30 kilómetros (20 millas) de la frontera en algunos puntos. Añadió que las tropas destruirán viviendas que, según él, son utilizadas por milicianos y que los residentes no podrán regresar hasta que el norte de Israel esté a salvo.
“Hemos ordenado acelerar la destrucción de viviendas libanesas en aldeas de la línea de contacto para neutralizar amenazas a las comunidades israelíes, de acuerdo con el modelo de Beit Hanoun y Rafah en Gaza”, declaró Katz, en referencia a localidades fronterizas que fueron en gran parte obliteradas.
Los libaneses regresaron y encontraron viviendas, infraestructura y algunas aldeas enteras destruidas. Israel afirmó que había desmantelado infraestructura de Hezbollah que podría haberse utilizado para lanzar un ataque similar al del 7 de octubre, y continuó atacando lo que describió como objetivos milicianos casi a diario tras la tregua.
Hezbollah reanudó sus ataques después que Israel y Estados Unidos iniciaran la guerra con Irán el 28 de febrero, acusando a Israel de haber violado repetidamente el alto el fuego. Israel acusó al gobierno de Líbano de incumplir su promesa de desarmar a Hezbollah, pese a sus medidas sin precedentes para criminalizar al grupo.
En los combates más recientes, Israel ha lanzado intensos bombardeos aéreos en todo Líbano, matando a más de 1.000 personas —en su mayoría fuera de la zona fronteriza— y desplazando a más de un millón. Ha advertido a los residentes que evacúen una amplia franja del sur, que se extiende desde la frontera hasta el río Zahrani, a unos 55 kilómetros (34 millas) de distancia.
El ejército israelí lo ha descrito como una operación terrestre limitada. Pero Bezalel Smotrich, el ministro de Finanzas de ultraderecha de Israel y miembro de su Gabinete de Seguridad, sostuvo esta semana que la guerra actual debe terminar con un “cambio fundamental”.
“El Litani debe ser nuestra nueva frontera con el Estado de Líbano”, afirmó.
Ecos de una ocupación anterior Israel invadió el sur de Líbano en 1982 durante la guerra civil del país. Hezbollah, establecido ese año, libró una campaña de guerrilla que finalmente puso fin a la ocupación israelí en 2000.
Esta vez, Israel ha bombardeado siete puentes sobre el Litani, el límite norte de una zona de amortiguamiento patrullada por la ONU establecida tras conflictos anteriores. Israel argumenta que Hezbollah estaba usando los puentes para mover combatientes y armas, y que su ejército controlará los cruces restantes.
Por otra parte, han estallado intensos combates en la localidad de Khiam, cuya caída aislará el sur del valle oriental de la Bekaa, otra zona con una gran presencia de Hezbollah.
Tras el bombardeo de los puentes, el presidente libanés Joseph Aoun acusó a Israel de buscar separar el sur del resto del país “para establecer una zona de amortiguamiento, afianzar la realidad de la ocupación y perseguir la expansión israelí dentro de territorios libaneses”.
Los cascos azules de la ONU afirman que el bombardeo de los puentes y los enfrentamientos en curso han obstaculizado sus operaciones y han puesto al personal en riesgo.
“Esta es la actividad de combate más cercana que hemos visto a nuestras posiciones”, dijo Kandice Ardel, portavoz de la misión de la ONU conocida como UNIFIL. “Balas, fragmentos y metralla han impactado edificios y áreas abiertas dentro de nuestro cuartel general”.
Ardel agregó que los cascos azules en los puestos de observación han visto una presencia creciente de tropas israelíes y de “medios de ingeniería”, aunque aún no han visto que se construyan nuevas posiciones militares.
"Diferentes matices" de control Mohanad Hage Ali, investigador sénior del centro de estudios Carnegie Middle East en Beirut, comentó que Israel ya ha establecido “diferentes matices” de control.
“La primera línea de fronteras es una zona de nadie. Básicamente es un gran estacionamiento que da hacia Israel”, explicó. “No hay nada allí, no hay movimiento, no hay nada en absoluto”.
Más al norte, el movimiento libanés está restringido. Durante la cosecha de aceitunas del año pasado, los agricultores tuvieron dificultades para llegar a sus arboledas debido a los ataques israelíes regulares y tuvieron que ir acompañados por tropas libanesas y cascos azules de UNIFIL, que coordinaban con Israel.
Sarit Zehavi, fundadora y presidenta del Instituto Alma y exoficial del ejército israelí, dijo que Israel probablemente establecerá un área de control más extensa que se prolongue más al norte.
Reconoció que era poco probable que Israel derrote a Hezbollah y que corre el riesgo de tener que mantener una presencia a largo plazo en el sur de Líbano.
“Pero la otra alternativa es asumir el riesgo de que nos masacren. Es así de simple”, expresó.
No se vislumbra una salida diplomática El gobierno de Líbano ha roto un tabú de larga data al proponer conversaciones directas con Israel. También ha tomado medidas contra Hezbollah desde la última guerra, criminalizando sus actividades y afirmando haber desmantelado cientos de posiciones militares.
Pero ni Estados Unidos ni Israel han mostrado interés en esas conversaciones cuando se concentran en la guerra más amplia con Irán.
Si se programan negociaciones, Israel podría exigir concesiones importantes a cambio de renunciar a territorio tomado por la fuerza: una versión actualizada de la fórmula de “tierra por paz” de hace décadas.
Israel se apoderó de partes de Siria tras el derrocamiento del presidente sirio Bashar Assad y mantiene conversaciones con el nuevo gobierno en Damasco sobre un acuerdo de seguridad actualizado. En Gaza, ha prometido conservar la mitad del territorio hasta que el grupo miliciano palestino Hamás deponga las armas, al tiempo que cada parte ha acusado a la otra de violar la tregua alcanzada en octubre.
Por su parte, los libaneses que huyeron de sus hogares están en un limbo y algunos temen que quizá nunca regresen.
Elias Konsol y sus vecinos huyeron de la aldea cristiana fronteriza de Alma al-Shaab con ayuda de UNIFIL. Se reencontró con su madre, que lloró en sus brazos, en una iglesia cerca de Beirut donde se realizaban servicios funerarios por un residente muerto en un ataque israelí.
Konsol dijo que no había armas ni combatientes de Hezbollah en su aldea, pero aun así se vio obligada a evacuar.
“Ya no sabemos cuál será nuestro destino”, lamentó. “No sabemos si volveremos a ver nuestras casas y nuestra aldea”.
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Frankel reportó desde Jerusalén.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP