León XIV realizó un viaje de un día al lujoso enclave, en la primera visita de un pontífice desde la de Pablo III en 1538. Al son de un cañonazo, el príncipe Alberto y la princesa Charlene recibieron al papa en el helipuerto de Mónaco, en las inmediaciones del puerto deportivo que alberga los megayates de los ricos y famosos.
En palacio, los miembros de la familia real esperaron al papa en el patio, con las mujeres con ropa de color negro y con mantillas de encaje. Charlene vistió de blanco, un privilegio protocolario del Vaticano a las soberanas reales católicas en audiencias con el pontífice, conocido en términos diplomáticos como “le privilège du blanc”.
En su saludo inicial desde el balcón del palacio, León XIV instó a Mónaco a usar su riqueza, influencia y “don de la pequeñez” para el bien.
Era importante, afirmó, “especialmente en un momento histórico en el que la exhibición de poder y la lógica de la opresión están dañando al mundo y poniendo en peligro la paz”.
Hablando en francés, animó a la población monegasca a vivir su fe y a estar “siempre dispuesta a proteger toda vida humana con amor, en todo momento y en cualquier condición, para que nadie quede jamás excluido de la mesa de la fraternidad”.
Mónaco es uno de los pocos países europeos donde el catolicismo es la religión oficial. Y el príncipe Alberto rechazó recientemente una propuesta para legalizar el aborto alegando el importante papel que desempeña el catolicismo en la sociedad.
Esta decisión fue en gran medida simbólica, ya que el aborto es un derecho constitucional en Francia, que rodea el principado costero de 2,2 kilómetros cuadrados (cerca de una milla cuadrada).
Al negarse a permitirlo en Mónaco, Alberto se sumó a otros miembros de la realeza católica europea que a lo largo de los años han adoptado una postura similar para sostener la doctrina católica en un continente cada vez más laico. Cuando el papa Francisco visitó Bélgica en 2024, anunció que iba a iniciar el proceso de canonización del difunto rey Balduino, quien en 1990 abdicó por un día antes que tener que aprobar una ley que legalizaba la interrupción del embarazo.
Mónaco, un paraíso costero para ricos y famosos, es conocido tanto por sus incentivos fiscales y el Gran Premio de Fórmula 1, como por su glamorosa familia real. Hijo de la fallecida actriz estadounidense Grace Kelly, Alberto habló un inglés perfecto y sin acento cuando recibió a León XIV en el helipuerto. Se oyó al pontífice comentar que había aterrizado con tres minutos de retraso.
La visita de un día incluye un encuentro con la comunidad católica del principado en la catedral y una misa en el estadio deportivo.
La población de Mónaco, de 38.000 habitantes, es mayoritariamente católica y también multinacional, y sólo una quinta parte son realmente ciudadanos del enclave.
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Winfield informó desde Roma.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP