Fueron identificados como Mohammed Odeh e Izz al-Din al-Haddad, artífices del ataque contra Israel del 7 de octubre de 2023. Las autoridades señalan que sus muertes formaron parte de una campaña más amplia para perseguir a los responsables de los ataques que desencadenaron la guerra en la Franja de Gaza.
Pero, aunque los asesinatos selectivos pueden aportar logros tangibles que los líderes pueden presentar como victorias, rara vez abordan las quejas subyacentes que impulsan los conflictos.
“La muerte de jefes militares como Odeh y Haddad apunta a la capacidad operativa de Israel para alcanzar a la cúpula militar de Hamás”, afirmó Nasser Khdour, de la organización sin ánimo de lucro ACLED, que rastrea reportes de violencia política y conflictos en todo el mundo. Añadió que “es poco probable que la muerte de comandantes de alto rango, por sí sola, empuje a Hamás hacia el desarme o haga que acepte la eliminación completa de su papel en la seguridad y la gobernanza de Gaza”.
Una vieja táctica Israel ha llevado a cabo decenas de asesinatos selectivos a lo largo de su historia, pero los grupos insurgentes palestinos y libaneses a menudo han resistido y se han vuelto aún más poderosos tras la pérdida de sus principales líderes.
Tómese como ejemplo a Hezbollah. Un ataque aéreo israelí mató a su entonces líder, Abbas Musawi, en el sur de Líbano en 1992. Con Nasrallah, su carismático reemplazo, Hezbollah creció hasta convertirse en el grupo armado más poderoso de la región y combatió contra Israel hasta alcanzar un sangriento punto muerto en 2006.
Nasrallah y casi todos sus lugartenientes murieron en la guerra de 2024 entre Israel y Hezbollah. El grupo respaldado por Irán sufrió otras bajas importantes ese año, pero reanudó los ataques con misiles y drones contra Israel días después del inicio de la guerra actual.
Hamás ha perdido un líder tras otro. Israel mató a su fundador y líder espiritual, el jeque Ahmed Yassin, en un ataque aéreo en 2004. Desde entonces, casi todos los artífices del ataque del 7 de octubre han sido asesinados.
Ambos grupos han seguido adelante, impulsados por agravios con décadas de antigüedad derivados del conflicto palestino-israelí.
Estados Unidos también ha recurrido a asesinatos selectivos contra Al Qaeda y el grupo Estado Islámico, eliminando a Osama bin Laden en una incursión en Pakistán en 2011 y al fundador de EI, Abu Bakr al-Baghdadi, en 2019. Ambos grupos se han visto enormemente debilitados, pero solo después de guerras de varios años que involucraron a fuerzas terrestres.
La pregunta es quién viene después Yossi Kuperwasser, exresponsable de la división de investigación de inteligencia militar de Israel, manifestó en marzo que los asesinatos selectivos pueden ser una herramienta eficaz, pero no son una “cura para todos los problemas”.
“Estas operaciones por sí solas no cambian de manera drástica la capacidad de esas organizaciones para causar daño y llevar a cabo ataques”, afirmó. “Pero es importante que Israel debilite a sus enemigos”.
En Gaza, Líbano y ahora Irán, observó, Israel ha eliminado a decenas de figuras clave, reconfigurando la estructura del liderazgo de forma duradera.
Los asesinatos selectivos fueron una estrategia clave en los primeros días de la guerra con Irán. Altos cargos militares y políticos —incluyendo al líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei— perdieron la vida en las primeras andanadas de la guerra. Jamenei ha sido reemplazado por su hijo, Moytabá, a quien se considera aún menos dispuesto al diálogo.
Kuperwasser indicó que los asesinatos selectivos en Irán no habían transformado la teocracia, pero sí la habían cambiado.
“Tal vez todavía no haya ‘cambio de régimen’, pero sí hay ‘cambio dentro del régimen’. La gente no es la misma”, expresó.
Matar líderes también puede salir mal En ocasiones previas, los asesinatos selectivos han servido para radicalizar a seguidores o integrantes de movimientos políticos y grupos insurgentes, elevando a sucesores más extremos al poder o convirtiendo a los líderes neutralizados en mártires con una influencia duradera.
El politólogo Max Abrahms, de Northeastern University, señaló que datos de Afganistán, Pakistán, Israel y los territorios palestinos muestran que la violencia contra la población civil repunta después de asesinatos selectivos.
“La decapitación del liderazgo es arriesgada”, advirtió. “Cuando eliminas a un líder que prefiere cierto grado de contención y tenía influencia sobre sus subordinados, entonces hay una gran probabilidad de que, tras la muerte de esa persona, se vean tácticas aún más extremas”.
Los asesinatos selectivos pueden crear vacíos de liderazgo y la posibilidad de cambio, pero solo cuando van acompañados de una estrategia política coherente, afirmó Mohanad Hage Ali, subdirector del Carnegie Middle East Center en Beirut.
“Se puede decapitar a una organización o derrotarla militarmente, pero si no se le da seguimiento en el plano político, no funciona. Y es difícil ver cómo esto puede ir mucho más lejos”, concluyó.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP