Dionne Warwick, Barry Manilow, Alicia Keys, Ja Rule y Stevie Wonder estuvieron entre las otras estrellas musicales presentes en el servicio. La expresidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi, Adrien Brody, Hoda Kotb y Gayle King figuraron entre otras personalidades destacadas.
La rabina Angela Warnick Buchdahl señaló que Davis habría estado complacido con la asistencia. “A Clive le habría encantado esto”, expresó. “Le habría conmovido llenar el recinto, y habría estado emocionado por las superestrellas que han venido a compartir homenajes para él”.
El servicio estuvo cerrado al público, pero se transmitió en vivo desde la Sinagoga Central en Manhattan.
Davis, un abogado de compañías discográficas que llegó a convertirse en una de las figuras más influyentes de la música, lanzó las carreras de numerosas estrellas, entre ellas Whitney Houston, Springsteen, Keys y Kenny G, e influyó en otros como Carlos Santana, Janis Joplin y Grateful Dead.
Springsteen lo describió como grande, grandilocuente y valiente. “Nació para dirigirlo todo”, afirmó The Boss. Recordó haberlo conocido a los 22 años en 1972, con la ansiedad en aumento. “No puedo esperar para escucharte”, le dijo Davis. Tras su audición, el ejecutivo se limitó a decir: “Bienvenido a Columbia Records”.
“Con esas pocas palabras, cambió mi vida para siempre”, manifestó Springsteen.
Davis murió el 22 de junio en su apartamento de Manhattan a los 94 años, unas semanas después de haber sido hospitalizado por un problema de las vías respiratorias superiores.
Buchdahl preguntó qué canción admiraba más Davis que no fuera algo en lo que él hubiera tenido participación, y le respondieron “Somewhere Over the Rainbow”, escrita por el compositor Harold Arlen y el letrista E.Y. “Yip” Harburg en 1938 para la película “The Wizard of Oz”. Luego Buchdahl cantó una versión imponente. “Tienes un hogar en Sony Music Classics”, bromeó Rob Stringer, el director ejecutivo de Sony Music Entertainment.
Warwick contó una historia sobre cómo Davis la instó a trabajar con Manilow a finales de la década de 1970, algo a lo que ella se resistió al principio. Pero la sugerencia de Davis dio frutos: su colaboración, el álbum “Dionne”, alcanzó el estatus de platino y obtuvo dos premios Grammy. “Así que Barry y yo nos hicimos muy, muy buenos amigos ese día”, comentó entre risas.
Manilow recordó que Davis lo animó a grabar la canción de rock “Brandy”, escrita por Scott English y Richard Kerr. Manilow la convirtió en una canción de amor y se la tocó a Davis. “Haz eso”, le indicó Davis. La rebautizaron como “Mandy”. Llegó al número 1. “Creyó en mí desde el principio”, sostuvo Manilow.
Hudson cantó “Hallelujah”, de Leonard Cohen, y luego se emocionó al pasar a “I Will Always Love You”, un éxito de Houston. “Te queremos, Clive”, dijo antes de recibir una ovación de pie.
Mientras muchos ejecutivos discográficos veían disminuir su influencia a medida que envejecían, la de Davis parecía crecer. Dio nueva vida a las carreras de artistas consagrados como Aretha Franklin y Santana, y ayudó a impulsar las de Keys y varios de los primeros ganadores de “American Idol”, incluida Kelly Clarkson.
Springsteen afirmó que con la muerte de Davis había desaparecido un mundo: el de los ejecutivos discográficos que, desde arriba, marcaban el rumbo del cambio, y que también incluía a visionarios como Berry Gordy, Ahmet Ertegun, Mo Ostin y Jerry Wexler: “Hombres que definieron, amaron y sostuvieron el negocio discográfico”.
“No hay un día en que no me siente en mi gran porche delantero de mi gran casa, rodeado de mis grandes autos con mi gran familia, mirando mi gran patio, y Clive no aparezca por algún lado silbando en la parte superior de mi cerebro”, expresó Springsteen.
Keys estaba llorando cuando se acercó al podio y pidió prestado un pañuelo. “En realidad no soy de llorar. Estoy en un lugar extraño”, le dijo al público. Recordó que tenía 15 años cuando conoció por primera vez a Davis, corriendo porque llegaba tarde, y tocándole canciones en un piano. “Viste algo en mí que yo apenas empezaba a ver en mí misma”, leyó en una carta dirigida a Davis.
“En un mundo que con tanta frecuencia reduce el arte al comercio, y el genio al producto, tú mantuviste la línea. Me recordaste una y otra vez que lo que estábamos haciendo tenía que ver con la verdad y el legado, y con el corazón humano que se acerca a otro corazón humano y dice: ‘No estás solo’”.
A Davis le sobreviven sus cuatro hijos, ocho nietos y dos bisnietos. Una versión instrumental de “I Wanna Dance with Somebody (Who Loves Me)”, de Houston, sonó mientras el féretro de Davis era sacado de la sinagoga.
FUENTE: AP