WASHINGTON (AP) ? Años antes de que Edward Snowden provocara indignación pública al revelar que la Agencia Nacional de Seguridad intervenía clandestinamente las comunicaciones telefónicas de los estadounidenses, algunos directivos del organismo objetaron enérgicamente el programa, de acuerdo con agentes en actividad y retirados.
Sostenían que se extralimitaba del mandato de la agencia, de concentrarse en el espionaje exterior, y ayudaría poco a detener complots terroristas.
El disenso en 2009, liderado por un agente jerárquico de la NSA (siglas en inglés de la agencia) y al que se plegaron otros, llevó al gobierno del presidente Barack Obama a pensar en desistir del programa, lo que en definitiva no se hizo.
El debate secreto interno no había trascendido hasta ahora. El Senado rechazó el martes una propuesta del gobierno de limitar el programa y dejar los archivos en poder de las compañías telefónicas en lugar del gobierno. Hubiera sido una disposición similar a la que las autoridades gubernamentales rechazaron discretamente en 2009.
El agente de la NSA ahora retirado, un descifrador de códigos que ascendió a los cuadros directivos, se había enterado en 2009 de la existencia del programa ultrasecreto creado poco después de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Según dice, argumentó ante el entonces director Keith Alexander que conservar los registros telefónicos de casi todos los estadounidenses alteraba la naturaleza fundamental de la agencia, creada para espiar a extranjeros, no a estadounidenses.
Alexander le dijo amablemente que no estaba de acuerdo, dijo el ex agente a The Associated Press.
Éste, que habló bajo la condición de anonimato porque no está autorizado a declarar sobre un asunto secreto, dijo que no conocía prueba alguna de que el programa se utilizara para un fin distinto del establecido: buscar conjuras terroristas en Estados Unidos. Pero añadió que él y otros argumentaron que la recolección de registros de estadounidenses cruzaba una demarcatoria que según les habían enseñado era sacrosanta.
Advirtió que se produciría un escándalo si se revelara que la NSA conservaba archivos de llamadas íntimas de estadounidenses, a psiquiatras, amantes o consultorios para suicidas, entre otros contactos.
Alexander, quien dirigió la NSA desde 2005 hasta su retiro el año pasado, no refutó lo dicho por el ex agente, aunque dijo discrepar de que el programa fuese ilegítimo.
"Es verdad que un individuo nos trajo estas objeciones y tenía muy buenos argumentos", dijo Alexander a la AP. "Le pedí al personal técnico, incluido a él, que le echaran un vistazo".
Para el 2009, dijeron varios ex agentes, la inquietud en torno al "programa 215", así llamado por el artículo de la Ley Patriota que lo autorizaba, había crecido en la sede de la NSA en Fort Meade, Maryland, hasta el punto de que se cuestionaba el valor que tenía el programa para la recolección de información. Esto se debía en parte a que, por razones técnicas y de otro tipo, la NSA no recogía la mayoría de las llamadas por teléfono móvil, las cuales constituían una proporción creciente de las llamadas telefónicas dentro del país.
El malestar llevó a los directivos a estudiar si la agencia podía dejar de reunir y archivar la información telefónica, a cambio de acceder a los archivos de las empresas telefónicas en la medida que fuera necesario, dijo Alexander. La NSA consultó al Departamento de Justicia, al Congreso y a la Casa Blanca, a la cual acababa de llegar el presidente Barack Obama.
El gobierno resolvió finalmente no alterar lo que la mayoría de los funcionarios siguen considerando un baluarte necesario contra el terrorismo interior, dijeron Alexander y otros ex funcionarios. El programa recolecta y archiva la así llamada metainformación de cada llamada por teléfono fijo en Estados Unidos: el número del que llama, el número al que llama y la duración de la llamada. Según algunos cálculos, el programa recolecta información de hasta 3.000 millones de llamadas diarias.