Estados Unidos ordenó el despliegue de un escuadrón anfibio en aguas del sur del Caribe como parte de una operación destinada a enfrentar las amenazas de los cárteles de droga en la región.
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SUSCRIBITEWashington intensifica su presencia militar en el Caribe con buques, marines, submarinos y aviones de reconocimiento, en medio de crecientes tensiones con el régimen de Nicolás Maduro.
Estados Unidos ordenó el despliegue de un escuadrón anfibio en aguas del sur del Caribe como parte de una operación destinada a enfrentar las amenazas de los cárteles de droga en la región.
La información fue confirmada por la agencia Reuters, que citó a dos fuentes con conocimiento directo de la operación.
Los buques USS San Antonio, USS Iowa Jima y USS Fort Lauderdale forman parte del operativo y podrían situarse frente a las costas de Venezuela desde este domingo.
En conjunto, transportan a unos 4.500 efectivos, incluidos 2.200 marines. Aunque no se revelaron los detalles de la misión, las fuentes señalaron que el despliegue responde al objetivo de proteger la seguridad nacional de Estados Unidos frente a organizaciones catalogadas como “narco-terroristas”.
La Casa Blanca ya había confirmado esta misma semana el envío de tres navíos adicionales, acompañados de submarinos nucleares, destructores, aviones de reconocimiento P8 Poseidon y al menos un barco equipado con misiles. La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, declaró que el presidente Donald Trump “está preparado para frenar el narcotráfico y llevar a los responsables ante la Justicia”. En esa línea, calificó al régimen de Nicolás Maduro como “un cartel del narcotráfico” y acusó al mandatario venezolano de encabezar el llamado Cartel de los Soles.
El Departamento de Defensa también respaldó la medida. Según fuentes citadas por CNN, la operación busca combatir directamente a los cárteles de droga y reforzar la presencia estadounidense en puntos clave del tráfico hacia Norteamérica. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, emitió además una carta en la que amplía el alcance de las funciones del Ejército, incluyendo sellar fronteras, detener la inmigración masiva y combatir el contrabando y el tráfico de drogas.
Las acciones militares provocaron inmediatas reacciones en la región. El gobierno de Cuba denunció que la presencia estadounidense responde a una “agenda corrupta” impulsada por el secretario de Estado Marco Rubio, e hizo un llamado a mantener al Caribe como “zona de paz”.
En Caracas, el régimen de Maduro activó a millones de milicianos bajo lo que denominó un “plan de paz” frente a posibles amenazas externas. En un comunicado, el gobierno venezolano advirtió que “las amenazas de Estados Unidos ponen en riesgo no solo a Venezuela, sino a toda la región”, incluyendo la Zona de Paz declarada por la CELAC.
El enfrentamiento se produce en medio de crecientes acusaciones de Washington contra Maduro y su círculo cercano. De acuerdo con la Fiscalía estadounidense y la DEA, se han incautado 30 toneladas de cocaína vinculadas al régimen y siete toneladas atribuidas directamente al mandatario. También fueron confiscados bienes por más de 700 millones de dólares, entre ellos aviones privados, vehículos de lujo y otras propiedades.
A comienzos de mes, Estados Unidos elevó a 50 millones de dólares la recompensa por información que conduzca a la captura de Maduro, duplicando la cifra anterior.
El despliegue militar, sumado a las sanciones y acusaciones judiciales, incrementa la tensión entre Washington y Caracas, y plantea un escenario de alta inestabilidad en el Caribe con repercusiones directas en la cooperación regional.

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