Estados Unidos deportó recientemente a un migrante cubano hacia Esuatini, una pequeña nación en el sur de África, después de que el régimen cubano se negara a permitir su regreso por su extenso historial delictivo.
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SUSCRIBITEEl hombre, con antecedentes penales graves, fue enviado a Esuatini junto a migrantes de otros países cuyos gobiernos también rechazaron recibirlos.
Estados Unidos deportó recientemente a un migrante cubano hacia Esuatini, una pequeña nación en el sur de África, después de que el régimen cubano se negara a permitir su regreso por su extenso historial delictivo.
El vuelo, coordinado por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), también transportó migrantes procedentes de Jamaica, Laos, Yemen y Vietnam, todos rechazados por sus países de origen debido a la gravedad de sus crímenes.
Según explicó la portavoz del DHS, Tricia McLaughlin, estos migrantes fueron responsables de delitos tan graves que sus propios gobiernos se negaron a readmitirlos. “Estas personas han aterrorizado comunidades estadounidenses”, escribió McLaughlin en redes sociales, destacando que estas deportaciones se ejecutan como parte de la política migratoria impulsada por el expresidente Donald Trump y la actual secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem.
El cubano deportado tenía condenas previas por asesinato en primer grado, agresión agravada a un oficial de policía, hurto mayor de vehículo, evasión de la ley y conducción imprudente. Además, autoridades confirmaron su pertenencia a la pandilla Latin King, considerada una de las más peligrosas de Estados Unidos. El hombre cumplió una condena de tres años de prisión antes de ser expulsado.
La práctica de deportar a migrantes hacia terceros países ha tomado fuerza desde que la Corte Suprema de EE.UU. avaló recientemente enviar a indocumentados a naciones distintas a sus países de origen, incluso con un aviso mínimo.
No se trata de un caso aislado: en mayo pasado, Estados Unidos deportó a dos cubanos con antecedentes criminales severos a Sudán del Sur, tras la negativa de Cuba a recibirlos. Identificados como Enrique Arias-Hierro y José Manuel Rodríguez-Quiñones, ambos contaban con condenas por homicidio, secuestro, robo armado, falsificación de documentos, intento de asesinato y tráfico humano, entre otros delitos.
Estas decisiones del régimen cubano contradicen los acuerdos migratorios firmados durante la administración de Barack Obama, que obligan a Cuba a recibir a sus ciudadanos deportados que ingresaron de forma irregular a EE.UU. Sin embargo, en la práctica, La Habana solo acepta migrantes sin antecedentes penales recientes, revisando cada caso a través del Ministerio del Interior (Minint) y rechazando la repatriación de quienes tengan historial criminal.
Ante la falta de cooperación de algunos gobiernos, la administración Trump negocia acuerdos discretos con al menos 58 países para que acepten recibir migrantes rechazados por sus naciones de origen. Actualmente, 23 países, entre ellos Cuba, China, Venezuela y Haití, están catalogados por EE.UU. como “recalcitrantes” por negarse sistemáticamente a admitir a sus ciudadanos deportados.
Organizaciones defensoras de derechos humanos han cuestionado estas deportaciones hacia países con crisis políticas o humanitarias, argumentando que ponen en riesgo la seguridad de los migrantes. No obstante, el gobierno estadounidense mantiene firme esta estrategia como pilar de su política migratoria.
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