No detona, pero los estragos se hacen sentir entre los choferes de los almendrones (automóviles estadounidenses de la década del 50) que funcionan como taxis en la capital cubana.
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SUSCRIBITENo detona, pero los estragos se hacen sentir entre los choferes de los almendrones (automóviles estadounidenses de la década del 50) que funcionan como taxis en la capital cubana.
Así apodan a un policía que ha hecho de la extorsión una rutina. Cualquier infracción de tránsito desaparece en el instante con el pago de 20 cuc (alrededor de 25 dólares).
"El tipo no transa por menos. Imagínate, que vamos a hacer. Hay que cerrar los ojos y soltar la 'estilla' (dinero). Yo quisiera denunciarlo, pero no me atrevo. Como están las cosas, cabe la posibilidad que me enreden por difamación. Estoy seguro que es una componenda. Muchos jefes deben estar cogiendo su parte y harían todo lo posible por anular cualquier queja", dice un chofer que aseguró haberle pagado en dos ocasiones a "La Bomba".
Al preguntarle el porqué del mote, cuenta que esa es una de las acepciones que tiene el número 20 en la charada, lotería en la que participan miles de ciudadanos diariamente, no obstante aparecer en el código penal como un juego ilícito. (Nadie sabe el motivo de la tolerancia del Gobierno para con este juego. A nivel popular se dice que es la esperanza del pobre. Una pequeña apuesta pude traducirse en una recompensa que ayuda a mitigar la miseria. Solo hace falta suerte para adivinar el número ganador.)
Como puede verse por aquí y por allá, es una realidad insoslayable que el fenómeno de la corrupción pica y se extiende.
Aparte de las exigencias monetarias a cambio de no imponer las multas, existen otros procedimientos que revelan el vacío moral dentro de la Policía Nacional Revolucionaria (P.N.R).
"Muchos de ellos tienen sexo de gratis con las prostitutas. Es la compensación por no llevárselas presas. Ni que decirte de los artículos decomisados, preferiblemente alimentos, a la gente que los trae del interior del país para satisfacer las necesidades de sus familias o revenderlos en el mercado negro con el fin de suplir otras necesidades básicas", relata el chofer de un viejo Oldsmobile, que estudia como vengarse de "La Bomba".
Al proponerle un cambio de ruta con el fin de evitar el asedio del oficial bautizado con el perturbador alias, asegura que eso no tiene sentido.
"El asunto es que por El Vedado se recoge más pasaje. La competencia ha crecido. Ya las ganancias no son tan grandes y hay que comer, vestirse, darle mantenimiento al carro y rezar para que no se rompa el motor", agrega.
La concurrida zona del capitalino municipio Plaza es una tentación para los taxistas. Y, agazapado en algún rincón del área, aguarda "La Bomba" para llevar a cabo su tarea.
La peor circunstancia no es solo la probabilidad de caer en su trampa, sino el potencial aumento de la tarifa. ¿Se decidirá a elevarla? Basta que se lo proponga. Sabe que tiene el suficiente nivel de impunidad. No le faltan cómplices ni víctimas.
El número de taxis particulares ha aumentado considerablemente en los últimos años. Un hecho que estimula la ampliación de la nómina de policías dispuestos a hacer pequeñas fortunas a través de sus "mordidas" y a compartirlas con sus secuaces.
FUENTE: Diario de Cuba

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