Trump enfría por ahora la opción militar contra Cuba y apuesta por aumentar la presión económica sobre el régimen
La Administración del presidente Donald Trump estaría concentrando su estrategia hacia Cuba en intensificar las sanciones, reducir las fuentes de ingresos del régimen y aumentar la presión sobre su cúpula, mientras pierde fuerza, al menos por ahora, la posibilidad de una operación militar similar a la ejecutada anteriormente en Venezuela.
El secretario de Estado Marco Rubio se encuentra entre los principales impulsores de esa política.
Su estrategia consiste en mantener una presión progresiva y sostenida en lugar de apostar inicialmente por una acción militar de consecuencias impredecibles.
El objetivo: golpear las finanzas de la cúpula cubana
Washington busca dirigir las medidas principalmente hacia las estructuras que considera responsables de sostener económicamente al régimen.
La atención estadounidense se ha concentrado durante los últimos meses en conglomerados estatales, empresas militares, sectores estratégicos y redes financieras vinculadas con la élite gobernante.
La administración considera que limitar el acceso a recursos puede aumentar las divisiones internas y modificar los cálculos de determinados funcionarios cubanos.
EE.UU. busca provocar fracturas dentro del poder
La estrategia no tendría únicamente un objetivo económico.
Según las fuentes citadas por Bloomberg, Washington también pretende utilizar la presión financiera para profundizar posibles diferencias dentro de la dirigencia cubana.
La hipótesis es que un deterioro de las fuentes de financiamiento podría aumentar las tensiones entre sectores del régimen y favorecer la aparición de figuras dispuestas a negociar.
Reportes recientes de medios estadounidenses ya habían señalado que Washington intenta identificar funcionarios considerados más pragmáticos dentro del sistema cubano.
Marco Rubio considera que todavía quedan mecanismos por cerrar
Rubio ha defendido públicamente una estrategia basada en impedir que La Habana encuentre nuevas alternativas cada vez que Estados Unidos bloquea una fuente de ingresos.
Días atrás explicó que Washington busca demostrar al régimen que “no hay válvulas de escape”.
Según esa estrategia, cada mecanismo financiero desarrollado para reducir el impacto de las sanciones podría convertirse en objetivo de nuevas medidas estadounidenses.
La política requiere, según Rubio, paciencia y perseverancia.
La opción militar pierde fuerza, pero no desaparece
Pese a que la prioridad actual estaría centrada en las sanciones, la administración Trump no ha eliminado públicamente la posibilidad de recurrir a otras herramientas.
El Departamento de Estado aseguró que el presidente mantiene “muchas opciones” respecto de Cuba y que Washington utilizará los instrumentos que considere necesarios frente a las amenazas que atribuye al régimen.
La diferencia está en el orden de prioridades.
Por ahora, la presión económica parece imponerse sobre una intervención militar directa.
Hegseth había dicho que “todas las opciones” estaban sobre la mesa
El aparente enfriamiento de la alternativa militar ocurre después de declaraciones especialmente contundentes del secretario de Guerra, Pete Hegseth.
El funcionario afirmó recientemente que respecto de Cuba “todas las opciones están sobre la mesa, incluidas las militares”.
También aseguró que la isla permanece bajo vigilancia estadounidense y advirtió sobre las relaciones de La Habana con actores extranjeros considerados adversarios de Washington.
Sus palabras mantienen abierta la posibilidad de una escalada si la administración Trump considera que las circunstancias cambian.
Washington tampoco quiere una Cuba convertida en Estado fallido
Uno de los elementos que estaría influyendo en los cálculos estadounidenses es el riesgo de un colapso descontrolado.
Un funcionario citado en los reportes señaló que Washington considera que una Cuba convertida en Estado fallido podría representar una amenaza directa para la seguridad nacional estadounidense.
Un escenario de esa naturaleza podría provocar inestabilidad regional, nuevas oleadas migratorias y mayores problemas de seguridad a apenas 90 millas de Florida.
Por esa razón, el objetivo estadounidense no sería simplemente provocar el derrumbe de las instituciones cubanas.
Presión para negociar, pero evitando un vacío de poder
La estrategia parece buscar un equilibrio complejo.
Washington pretende debilitar financieramente a la cúpula, aumentar las fracturas internas y generar condiciones para una transformación política, pero sin provocar un vacío de poder que derive en un colapso institucional.
Ese enfoque coincide con reportes recientes que señalan que Estados Unidos está intentando identificar figuras dentro del propio sistema capaces de participar en una eventual transición.
El objetivo sería encontrar interlocutores con suficiente poder para garantizar estabilidad y, al mismo tiempo, disposición para negociar reformas.
La inteligencia financiera adquiere un papel clave
La presión económica está acompañada por un incremento de las operaciones de inteligencia.
The New York Times informó recientemente que la CIA pretende rastrear negocios, activos y flujos financieros opacos relacionados con integrantes de la élite cubana.
El objetivo sería comprender cómo circulan los recursos dentro y fuera de la isla, identificar beneficiarios y detectar estructuras que puedan ser objeto de futuras sanciones.
Washington también ha incrementado otros recursos de inteligencia dedicados a Cuba.
Trump prioriza la presión antes que una intervención
La estrategia descrita por Bloomberg muestra que, pese al fuerte discurso de algunos funcionarios, la Casa Blanca no estaría colocando actualmente una operación militar como primera alternativa.
La prioridad es agotar las herramientas económicas, financieras, diplomáticas y de inteligencia disponibles.
Eso no significa que la opción militar haya desaparecido.
La administración Trump insiste en que mantiene diferentes alternativas sobre la mesa y podría modificar su estrategia dependiendo de la evolución de los acontecimientos.
Por ahora, sin embargo, el mensaje que emerge desde Washington es diferente:
antes de contemplar una intervención directa, Estados Unidos pretende aumentar la presión sobre las finanzas del régimen cubano, cerrar sus fuentes de ingresos y forzar cambios desde dentro de la propia estructura de poder.