Al igual que decenas de miles de cubanos, Gerardo Luis quiere irse a Estados Unidos, pero repentinamente lo preocupa que se pueda estar acabando el tiempo. En una isla donde emigrar al norte es una obsesión, el amplio júbilo de la semana pasada sobre histórica distensión entre Estados Unidos y Cuba ha quedado marcado por el temor a que la reanudación de relaciones ponga fin a final de cuentas a la vía rápida con que cuentan los cubanos para recibir la residencia en Estados Unidos.


