Días atrás recibí un email alarmante; la señora, que por razones obvias no identifico, escribió: "Mi esposo necesita ayuda (...) vivo en Artemisa, él es jugador, las deudas le acosan, vivo en un infierno, para colmo amenaza con quitarse la vida".
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SUSCRIBITEDías atrás recibí un email alarmante; la señora, que por razones obvias no identifico, escribió: "Mi esposo necesita ayuda (...) vivo en Artemisa, él es jugador, las deudas le acosan, vivo en un infierno, para colmo amenaza con quitarse la vida".
El mensaje fue reenviado a "Teléfono amigo" (78668410), un grupo de asistencia creado por la Primera Iglesia Presbiteriana Reformada de La Habana, en el que participan profesionales calificados, psicólogas principalmente.
"Le pido además si es posible apoyar mi causa, queremos crear una asociación, algo similar a los Alcohólicos Anónimos (AA), pero de adictos al juego, otra adicción, enfermedad, sería algo como Jugadores Anónimos (JA), creo que esto existe ya en otros países", añadió la preocupada esposa en su email.
Para muchos cubanos no hay noticia diaria más importante que los tres dígitos de la "bolita". Los "tiros" principales son a las 8:00 de la noche y las 2:00 de la tarde, aunque los apostadores empedernidos asimilan otro "disparo" a las 6:00 de la mañana de cada día.
El juego está formalmente prohibido por el Estado, lo curioso es que los "apuntadores" no se toman la molestia de esconderse, andan por las calles libretica en mano; uno de ellos, del barrio Cuatro Caminos, se anuncia diciendo: "La bolita, la esperanza de los pobres".
Aunque generalmente la sangre no llega al río, el juego más popular de Cuba trae aparejados diversos problemas. Meses atrás un individuo apodado El Braña tuvo la osadía de apostar la misma combinación en varios puntos a la vez, ganando una fuerte suma; no había dinero para pagarle, en tales casos los "banqueros" suelen pedir prestado y, a veces, cuando liquidaron las prendas, con el dolor de la familia tienen que vender artículos valiosos del hogar.
Entre los apostadores hay de todo, incluso "estudiosos de la bola". Conozco a un chico que apodó a su mamá de "Licenciada en Bola matemática". Efectivamente, la madre lleva un registro diario de los números, consulta ciertas listas, saca cuentas extrañas y luego juega. Sin embargo, su nivel de suerte es similar al de los demás.
A otra variante común le llaman "Cábala", se trata de inspirarse a partir de un suceso cualquiera; tiene mucho de superstición y se apoya en unos impresos que venden los libreros en sus estanquillos, junto a los manuales de santería y libros viejos. El texto relaciona los dígitos del 1 al 100 con imágenes, sucesos, animales, en fin, todo lo necesario para "cabalearse"... Pido perdón a la Real Academia por el verbo aún sin reconocer.
La bolita no tiene límites geográficos, se juega en La Habana, en la Punta de Maisí, donde quiera que los pobres busquen esperanza. Por suerte, como se copia directamente de la televisión extranjera, no existe la posibilidad de manipular localmente el sorteo, digamos que se juega "limpio".
¿A dónde dirigir la preocupación de la señora desesperada por la suerte de su esposo y por la suya propia?
Las iglesias católicas patrocinan los grupos de Alcohólicos Anónimos. Los amigos presbiterianos de la línea ayuda siempre están listos para prestar asistencia a las personas en crisis.
Resta el Estado con su extendida maquinaria, hasta ahora casi totalmente insensible a un problema que crece en la sociedad, esa bolita indetenible que justifica la aspiración de crear una sociedad de Jugadores Anónimos necesitados de salvación.
FUENTE: Diario de Cuba

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