Cuba 05 diciembre 2019

Fidel Castro tuvo 18 años congelado a un piloto derribado en Bahía de Cochinos

Su cuerpo estuvo en una nevera hasta que su hija supo el paradero y consiguió repatriarlo.

El cadáver de Thomas Ray, un piloto militar estadounidense que murió durante una misión de bombardeo en Cuba en la invasión de Bahía de Cochinos y acabó repatriado 18 años después gracias a la tenacidad de su hija, permaneció congelado en una nevera en La Habana.

De acuerdo con Janet Ray, hija del militar, su padre estuvo en una morgue de la Isla debido a que Fidel Castro decidió conservar su cuerpo incluso mientras los apagones y la falta de recursos sofocaban la morgue del Instituto de Medicina Legal de La Habana.

"El cadáver de mi padre fue una especie de trofeo para Fidel Castro. Como EEUU negó por décadas que había organizado Bahía de Cochinos, Cuba encontró en él, que era estadounidense, la prueba de que la invasión se había organizado desde aquí", contó Ray a BBC Mundo.

"Para Cuba, el cuerpo del piloto era una prueba de que EEUU había estado detrás de la invasión. Por eso lo conservaron durante casi 20 años, porque Fidel siempre supo que era americano", aseguró Tomás Diez Acosta, investigador del Instituto de Historia de Cuba y combatiente de la revolución cubana.

Janet Ray asegura que a su familia se le informó oficialmente que su padre había perecido ahogado tras la caída de un avión de carga. Sin embargo, los reportes de prensa de 1961 aseguraron que su muerte ocurrió "trabajando para unos cubanos adinerados en una invasión a Cuba", la versión de los hechos que durante décadas sostuvo Washington.

La hija de Thomas Ray asegura que fue en ese instante en que decidió hacer todo lo que estuviera a su alcance para revelar la verdad y que su padre fuera sepultado con honores en EEUU.

El ataque, según documentos desclasificados por EEUU en 1998, debía aparentar que estaba organizado únicamente por cubanos descontentos exiliados en el sur de Florida, aunque un contingente de refuerzos desde Estados Unidos los apoyaría una vez iniciada la invasión, algo que el presidente John F. Kennedy decidió no ejecutar.

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Sin embargo, cuatro pilotos estadounidenses y dos aviones despegaron hacia Cuba en la mañana del 19 de abril. Uno cayó al mar, pero el que iba pilotado por Pete Ray y Leo Baker aterrizó de emergencia cerca del Central Australia, donde fueron baleados por militares cubanos en un supuesto enfrentamiento, según escribió José M. Miyar Barruecos en un artículo de la revista Verde Olivo, en 1980.

"Al otro, a Leo Baker, no lo conservaron porque se pensó que era cubano, porque era mulato, de piel oscura. Pero con este no había duda que era americano, porque era muy blanco, de ojos azules, alto. Entonces, creo que fue por orden del comandante que se decidió congelarlo", aseguró Diez Acosta.

A partir de que cumplió 15 años, Janet Ray comenzó a escribir mensualmente a Fidel Castro preguntando por su padre. Le envió alrededor de 200 cartas durante nueve años, pero no obtuvo respuesta. No obstante, por diversas vías pudo confirmar la existencia de cadáver congelado en La Habana.

Además, Ray tampoco aceptó la versión sobre la muerte de su padre en la Isla, y asegura que lo capturaron, fue torturado y le dispararon en la frente a quemarropa, algo que La Habana niega.

"Thomas Willard Ray, conocido como 'Pete', voló a Cuba para agredir a un país extranjero. Nunca estuvo preso, nunca fue atendido de heridas por médico alguno y si algo debiera agradecer su familia es que frente a la actitud deshumanizada del Gobierno de Estados Unidos, las autoridades cubanas conservaron y protegieron su cuerpo, para que en alguna oportunidad pudiera ser entregado a sus familiares", escribió el sitio oficial Cubadebate en 2004.

Ese mismo año, Janet Ray ganó una demanda contra Fidel Castro por 87 millones de dólares en un tribunal de Miami por el "homicidio culposo" de su padre y recibió el dinero de los fondos congelados al Gobierno de Cuba al inicio de la revolución.

El Gobierno cubano desestimó el juicio y lo tildó de "embuste" y de una "búsqueda de dinero" por parte de la hija del piloto. BBC Mundo intentó conocer la versión actual de las autoridades de la Isla sobre el caso, pero no obtuvo respuesta.

Finalmente, a pesar de los impedimentos que puso La Habana y las negativas a ofrecer información de parte de la CIA, análisis independientes de Cuba y del FBI con huellas dactilares y dentales corroboraron la identidad del cadáver que, tras gestiones del Gobierno de James Carter, fue retornado a sus familiares el 5 de diciembre de 1979.

El Gobierno cubano lo acompañó de una factura de más de 30.000 dólares con los "gastos por la conservación del cuerpo" durante tanto tiempo.

Al enterrarlo, el cuerpo llevaba una carta de Janet. "Se la guardé en el bolsillo, sobre su corazón", contó. "Le decía: 'Quiero que sepas que siempre te necesité y que si tuviera que buscarte de nuevo por otros 18 años, lo haría todo otra vez, porque tanto me diste que me enseñaste el verdadero significado de la libertad. Siempre te amaré'."

En 1974, la CIA entregó la Cruz de la Inteligencia, su máxima distinción, a Thomas Ray, aunque su familia no lo supo hasta muchos años después.

Cuando Janet Ray escribió a la agencia en 1994, tras conocer que una de las estrellas a la entrada del Pentágono (en honor a militares que han muerto en servicio) estaba dedicada a su padre, le respondieron que era cierto, pero que, en el caso de Pete, se trataba de una "excepción".

La CIA no reconoció su participación en Bahía de Cochinos, y que Thomas Ray era uno de sus militares, hasta 1998.

Fuente: diariodecuba.com

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