Una escena similar se desarrolló a unos kilómetros de allí, en una fábrica de cajas de cartón de principios del siglo XX convertida en un espacio de oficinas de alta gama. Casi 20 personas de unos 30 años miraron sus celulares durante unos minutos. Luego los dejaron a un lado y observaron sus palmas desnudas durante un rato. Después, las de sus vecinos.
El ejercicio buscaba recalcar la importancia de prestar atención a la vida real, no a las relucientes pantallitas que se han apoderado de nuestro mundo.
Una “revolución” contra los dispositivos Dos décadas después de que Steve Jobs presentara el iPhone, un movimiento pequeño pero apasionado, con ramificaciones en varios países, se está rebelando contra la pantalla omnipresente.
“Los productos se han vuelto más insidiosos y más extractivos, explotadores”, declaró Dan Fox, de 38 años, quien organizó la reunión en su casa. Los integrantes del incipiente movimiento “quieren iniciar una revolución”, añadió.
Pero ¿puede un movimiento de “activismo por la atención” de millennials y miembros de la Generación Z liberarse de las empresas más grandes del mundo? Las cifras en bruto dicen que no. Pero los cambios culturales empiezan en pequeño, y la rebelión está creciendo contra lo que muchos llaman “fracking humano”.
Apple y otras firmas tecnológicas dicen que han tomado medidas para ayudar a los usuarios a reducir el tiempo que pasan en sus dispositivos, incluidas funciones que registran el uso y pantallas menos atractivas.
Los “teléfonos tontos” ofrecen una alternativa Los activistas afirman que no es suficiente.
“Quieren derribar a las grandes tecnológicas”, indica Fox, un comediante de stand-up que trabaja en marketing para una empresa llamada Light Phone que fabrica teléfonos con solo funciones básicas.
A diferencia de la mayoría de los productos modernos, la empresa hace alarde de la falta de funciones de sus teléfonos, como “redes sociales, noticias, correo electrónico, internet o cualquier otro feed que provoque ansiedad”.
Fox se sintió inspirado a unirse al movimiento cuando asistió a un concierto de Tame Impala en 2015 en Radio City Music Hall, y vio que todos estaban filmando el concierto con sus teléfonos en lugar de sumergirse en la música.
“Me di cuenta de que los teléfonos literalmente se interponen en las cosas que amo”, comentó Fox comentó.
El acceso móvil a internet ha impregnado tan a fondo la vida moderna que uno de los pocos lugares del mundo donde no está disponible con facilidad es Irán, donde las autoridades cortaron internet durante protestas masivas en enero.
Va creciendo la reacción en contra D. Graham Burnett es historiador de la ciencia en la Universidad de Princeton y uno de los autores de “Attensity! A Manifesto of the Attention Liberation Movement”, lo que lo convierte en un pilar del movimiento contra el uso excesivo de las pantallas.
Junto con el libro “The Sirens’ Call: How Attention Became the World’s Most Endangered Resource” de Chris Hayes, su trabajo forma parte de un creciente número de textos que llaman a la gente a alejarse de las pantallas y prestar atención a la vida.
Burnett afirma que el “movimiento de liberación de la atención” consiste en sacudirse el yugo de las aplicaciones que devoran el tiempo. La gente “necesita recalibrar su atención. Su atención es la plenitud de su relación con el mundo”.
Las personas en la sala de estar de Fox comenzaron la noche presentándose, como si estuvieran en un grupo de apoyo.
“No me siento bien con mi relación con mi teléfono. Siento que soy un adicto”, apuntó Riley Soloner, quien enseña teatro para payasos y trabaja como acomodador en Carnegie Hall. Llegó con una mochila llena de libros —de los de papel.
Han surgido otros capítulos en todo el mundo Al otro lado del océano Atlántico, en Holanda, la gente entró en una catedral neogótica a finales del mes pasado para una reunión del Offline Club.
“Creamos nuestros eventos y reuniones con distintos temas. Uno de ellos es conectar contigo mismo mediante actividades creativas o leyendo o escribiendo o resolviendo rompecabezas. Realmente algo que te haga bajar el ritmo y reflexionar, ir hacia adentro”, explicó el cofundador Ilya Kneppelhout.
Hay decenas de grupos de “activismo por la atención” en Estados Unidos y Canadá, y el movimiento también ha surgido en España, Italia, Croacia, Francia e Inglaterra. Burnett vaticina que se extenderá aún más.
Los miembros de la cooperativa de vivienda y comedor Harkness del Oberlin College decidieron gestionar su organización sin correos electrónicos ni hojas de cálculo en enero, y ampliaron la iniciativa hasta prohibir la tecnología en los espacios compartidos del edificio de ladrillo de la década de 1950.
“La gente expresó una sensación de alivio por no tener que estar revisando sus correos electrónicos, o revisando sus mensajes de texto o revisando las noticias. Eso nos permitió pasar mucho tiempo simplemente hablando entre nosotros”, sostuvo Ozzie Frazier, estudiante de tercer año de 21 años.
Durante el proyecto cooperativo de un mes, contó Frazier, la gente empezó a sacar CDs de la biblioteca y a disfrutar de noches de manualidades, música en vivo y el juego de mesa Bananagrams.
“Mucha gente se sintió muy conectada entre sí. No tener los dispositivos les dio algún tipo de espacio mental”, agregó Frazier.
Wilhelm Tupy leyó “Attensity” después de encontrárselo por casualidad en una librería de Viena y visitó la School of Radical Attention en el barrio DUMBO de Brooklyn durante un viaje el mes pasado.
Sintió que había encontrado algo que unía su carrera deportiva como campeón de judo —con su necesidad de un “flujo” concentrado— y su trabajo tras la jubilación como consultor empresarial.
“La disciplina ya no es suficiente hoy en día", aseguró. "Se está volviendo cada vez más difícil mantener la atención y conservar el enfoque en los objetivos y en lo que sea que quieras lograr y quieras hacer”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP