Y aunque creció con lo justo en el popular barrio de Centro Habana y pasó estrecheces mientras estudiaba para convertirse en maestra de niños especiales, jamás imaginó que llegaría un mediodía en el que no tendría almuerzo.
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SUSCRIBITELA HABANA (AP) — La vida de la cubana Yuneisy Riviaux nunca fue fácil. Residente en una casa dividida entre varias familias cuyo segundo piso se derrumbó hace años, la mujer de 42 años es madre de dos pequeñas y está desempleada.
Y aunque creció con lo justo en el popular barrio de Centro Habana y pasó estrecheces mientras estudiaba para convertirse en maestra de niños especiales, jamás imaginó que llegaría un mediodía en el que no tendría almuerzo.
La agudización de la crisis económica que golpea a Cuba desde hace un lustro y el cerco energético impuesto a principios de año por el presidente Donald Trump están golpeando a los sectores más vulnerables de la isla.
Apagones, recortes en la libreta estatal de la que los cubanos obtienen alimentos, carencia de agua por falta de bombeo y desabastecimiento de medicamentos han convertido en una odisea la vida diaria de familias como las de Riviaux, su esposo Cristóbal Estrada y sus niñas.
“A mí me ha ido muy pero muy mal”, dijo Riviaux a The Associated Press una mañana reciente mientras jugueteaba con su hija Seinet, de dos años. “Un día más que otro puedo conseguir la comida, unas confituras para las nenas, un juguete. Pero otras veces no, como ahora mismo que tengo que morderme los labios y tragarme las lágrimas porque no tengo un almuerzo para darle a las niñas”, agregó.
Unas horas antes su esposo, de 61 años, le había hecho el desayuno a Edianet, de siete años. El refrigerio consistió en un trozo del pan que se entrega a todos los cubanos por la libreta de abastecimiento con un poco de mantequilla que les dejó un vecino.
Luego de llevar a la niña a la escuela Estrada fue a las casas de dos de sus hermanos para recoger un poco de dinero y algo de alimentos. En el último apagón nacional la familia perdió comida que tenía en la nevera.
“Mi esposo ahora mismo se va para el Cotorro", un municipio a unos 20 kilómetros de distancia, explicó Riviaux. “Tiene que ver si encuentra una botella (autostop), una guagua (un autobús) o no sé qué para poder llegar allá”.
El transporte público en Cuba está semiparalizado desde que Estados Unidos impuso un cerco petrolero a la isla luego de atacar a Venezuela –un suministrador clave de petróleo--.
Luego de tres meses sin recibir suministros de combustible, un buque ruso atracó el martes en el puerto cubano de Matanzas con 730.000 barriles de petróleo, después de que la administración Trump permitió que el barco siguiera adelante pese a su bloqueo energético a la nación caribeña.
En las últimas semanas hubo vuelos cancelados, recortes en las actividades culturales y sociales y jornadas laborales reducidas. Las calles de la otrora bulliciosa La Habana parecen un escenario postapocalíptico después de las ocho de la noche.
Riviaux y Estrada tenían un pequeño puesto en su casa en el que vendían refrescos instantáneos y condimentos, una iniciativa que desarrollaron cuando ella dejó su trabajo de maestra poco antes de que naciera su hija menor.
Pero en febrero el hombre se sintió mal y acudió al hospital, donde le diagnosticaron un colapso pulmonar. La pareja gastó todo lo que tenía en medicinas.
“Tuvimos que sacrificar ese negocio para comprar los medicamentos y salvarle la vida”, explicó Riviaux. En el hospital y las farmacias no había insumos, por lo que tuvieron que comprar los medicamentos en el mercado negro.
Algunos días la mujer sale por las calles de su vecindario a vender pasteles dulces que prepara su hermana cuando consigue harina.
Las autoridades advirtieron que sin combustible Cuba está al borde de una crisis humanitaria y que el sector de la salud, estatal y gratuito, se encuentra seriamente comprometido.
Unas 96.000 cirugías están pendientes –incluidas las de 11.000 niños— y unas cinco millones de personas con enfermedades crónicas no cuentan con sus medicamentos. Hubo interrupciones en la radioterapia de 16.000 pacientes y la hemodiálisis de otros 2.800, reportaron las autoridades y Naciones Unidas.
Ese organismo mundial lanzó esta semana un plan de emergencia por 94 millones de dólares para apoyar lo que llamó una crisis “con peligro para la vida” de los cubanos luego de que por décadas la isla tuviera indicadores por encima de la media de América Latina en apartados como la salud materno infantil o la vacunación, reconoció el coordinador residente del organismo, Francisco Pichón.
Para el mediodía Estrada aún no había regresado, por lo que Riviaux no tuvo más alternativa que prepararle a la pequeña de dos años un vaso de leche —de una donación entregada por México— y un pedazo de pan.
La niña mayor almuerza en la escuela. A pesar de la crisis se mantienen las clases en los niveles primario y secundario y los estudiantes tienen doble jornada.
“Antes de la COVID en Cuba había de todo”, recordó Riviaux. “Yo sé que golpeó al mundo entero, pero a nosotros mucho más”.
La libreta de abastecimiento que recibía cada familia antes de la pandemia contenía arroz, frijoles, huevos, un litro de leche diario para los menores, azúcar, aceite, pollo y hamburguesas, entre una treintena de alimentos y productos de aseo. En ese momento no alcanzaba para cubrir muchas necesidades, pero expertos estimaban que podía servir para unos 20 días. El resto se adquiría en tiendas en divisas equiparables al dólar.
La pandemia significó la caída del turismo y coincidió con un ajuste de las sanciones estadounidenses. Además, una fallida unificación monetaria desplomó los salarios y una tímida apertura a la iniciativa privada dio lugar a visibles desigualdades.
La familia de Riviaux y Estrada, sin ingresos fuertes, quedó entre los sectores más afectados. La libreta de abastecimiento, cuya entrega era puntual los primeros días de cada mes, comenzó a tener entregas esporádicas y rubros faltantes.
El Producto Interno Bruto cayó un 15% en los últimos seis años y la crisis derivó en una migración tan masiva que la isla perdió más de un millón de habitantes en un año.
Trump dijo que Cuba está lista para ser “tomada”. Poco después autoridades de ambas naciones confirmaron que ha habido negociaciones, de las que no se dieron detalles.
Riviaux aseguró que no le interesa la política, pero sí la atemoriza la retórica de Trump y las consecuencias para su país.
“Escuchamos la noticia de que Trump quería tomar el país y aquí en la casa dijimos ’oh, si Estados Unidos se mete ¿Qué sucederá?'”, se preguntó con tono preocupado.
Por la tarde finalmente su esposo llegó con unos plátanos, unos cuartos de pollo y algo de dinero que usó en un puesto de una casa vecina para comprar un kilo de arroz para preparar la cena.
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La corresponsal Milexsy Durán contribuyó con este reporte.
FUENTE: AP

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