Expertos señalan que la ciudad no esperaba una sequía tan severa, y que nuevas fuentes de agua confiable no llegaron como se preveía. Esos problemas surgieron al mismo tiempo que la ciudad aumentó sus ventas de agua a grandes clientes industriales.
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SUSCRIBITEEn el árido sur de Texas, una sequía de varios años ha agotado tanto las reservas de agua de Corpus Christi que la ciudad se está apresurando para evitar una escasez que podría obligar a dolorosos recortes para los residentes y lastrar a las refinerías y plantas petroquímicas en un importante puerto energético.
Expertos señalan que la ciudad no esperaba una sequía tan severa, y que nuevas fuentes de agua confiable no llegaron como se preveía. Esos problemas surgieron al mismo tiempo que la ciudad aumentó sus ventas de agua a grandes clientes industriales.
“Simplemente no hemos mantenido el ritmo del suministro de agua y de la infraestructura hídrica como deberíamos. Y esto se ha venido gestando durante décadas”, declaró Peter Zanoni, administrador municipal desde 2019.
Corpus Christi, una ciudad de unos 317.000 habitantes que también suministra agua a condados cercanos, está estrechamente vinculada a su industria de petróleo y gas. La región produce artículos esenciales de uso cotidiano como combustible y acero, y los envía al mundo.
Zanoni indicó que es poco probable que la ciudad se quede sin agua pero que, sin lluvias significativas o nuevas fuentes, los residentes podrían enfrentar recortes obligatorios y la industria podría tener que arreglárselas con menos. En un momento en que la guerra con Irán ya está elevando los precios de la gasolina, la escasez está golpeando a una zona que produce el 5% del suministro de gasolina de Estados Unidos.
Las sequías son comunes, pero esta se ha prolongado durante la mayor parte de los últimos siete años. Los embalses están en su nivel más bajo registrado. La solución más rápida es un cambio de clima.
“Estamos rezando activamente por un huracán”, indicó medio en broma David Loeb, exmiembro del concejo municipal.
Loeb no quiere que nadie resulte herido, pero tras lidiar con sequías anteriores durante su etapa en el concejo, siente de manera aguda la falta de lluvia.
No se espera que la sequía ceda para el verano, lo que deja a los funcionarios apresurándose para extraer más agua subterránea y evitar una emergencia.
Tras la última sequía, a inicios de la década de 2010, la ciudad aprobó la ampliación de un acueducto para traer más agua del río Colorado y promovió la conservación. En los años siguientes, el consumo de agua en realidad disminuyó. La ciudad, al ver una oportunidad, sumó una planta petroquímica y una acería a su larga lista de clientes industriales.
Los funcionarios municipales habían contemplado la posibilidad de sequía en sus cálculos —solo que no este tipo de sequía—, explicó Zanoni. Ha golpeado con especial fuerza porque los embalses nunca se recargaron por completo después de la anterior.
Y ha llegado en un mal momento.
Después de muchos años, la ampliación del acueducto finalmente entregó su capacidad total apenas el año pasado. Mientras tanto, el debate sobre construir una planta desalinizadora que eliminaría la sal del agua de mar —una solución potencialmente a prueba de sequías recomendada en 2016— se empantanó por preocupaciones sobre costos de hasta 1.300 millones de dólares y el impacto ambiental.
“Si el concejo municipal de entonces hubiera seguido adelante con eso, ya tendríamos esa planta en funcionamiento”, apuntó Zanoni.
Corpus Christi ha seguido su plan para reducir el uso de agua. La Etapa 1 busca acciones voluntarias de los ciudadanos, como duchas más cortas y limitar la frecuencia de regar. Actualmente, la ciudad está en la Etapa 3, lo que implica pausas en muchos usos de agua al aire libre.
Muchos residentes están enojados porque no pueden regar sus jardines, porque sus facturas están a punto de subir y porque podrían enfrentar multas, señaló Isabela Azaiza, cofundadora de un grupo de ciudadanos en temas de agua. Algunos no sienten que a la industria no se le está pidiendo compartir el sufrimiento, añadió.
El plan de sequía de la ciudad permite cobrar a residentes y negocios un monto extra si usan mucha agua. Pero la industria, que según Zanoni consume hasta el 60% del agua de la ciudad, puede optar por pagar un recargo permanente y evitar la posibilidad de pagar más en tiempos de sequía.
Azaiza lo califica como un sistema equivocado. Una vez que la industria paga el recargo, afirmó, no tiene incentivos para conservar agua.
La ciudad ha defendido el sistema y señaló en un comunicado que la industria no “queda exenta de la conservación del agua” ni de recortes obligatorios. El comunicado indica que los recargos a las empresas han recaudado 6 millones de dólares al año.
Es incorrecto sugerir que la industria no está ayudando, expresó Bob Paulison, director ejecutivo de la Coastal Bend Industry Association. Las empresas han dejado de hacer paisajismo, reciclan agua para necesidades esenciales de enfriamiento y están buscando fuentes alternativas de agua, detalló.
La ciudad aún no ha impuesto costos adicionales a nadie.
Pero Zanoni sostiene que las tarifas de agua podrían eventualmente duplicarse a medida que la ciudad invierte aproximadamente 1.000 millones de dólares en infraestructura, costos que, según algunos, beneficiarán de manera desproporcionada a la industria y encarecerán la vida de los residentes.
La ciudad entra en una emergencia hídrica cuando faltan 180 días para que el suministro de agua no pueda satisfacer la demanda. Los funcionarios han evaluado distintos escenarios para obtener nueva agua y para que la sequía se alivie, y han dicho que una emergencia podría llegar tan pronto como en mayo, tan tarde como en octubre, o no ocurrir en absoluto.
La ciudad ha recurrido a millones de galones de nueva agua subterránea, y espera obtener aún más.
La mayor incógnita es el Proyecto de Agua Subterránea Evangeline, que incluye un acueducto y alrededor de dos docenas de pozos que podrían aportar suficiente agua para evitar una emergencia. Aún necesita aprobación estatal, pero la ciudad espera que el agua pueda estar fluyendo tan pronto como en noviembre. Las nuevas fuentes tienen desventajas: algunas han generado preocupaciones sobre la calidad del agua, y también hay inquietud de que un bombeo excesivo pueda agotar el agua subterránea.
Si la ciudad tiene que declarar una emergencia hídrica, podría recortar el uso de agua de manera más agresiva: reducciones obligatorias que se aplicarían por igual a toda la industria y a los residentes. Es una decisión delicada y probablemente será una crisis, aseguró Loeb.
Debido a que los residentes, en promedio, ya han reducido su consumo de agua, es probable que futuros recortes obligatorios recaigan con más fuerza sobre la industria.
“Será un desastre increíble", aseveró Don Roach, ex subgerente general del Distrito Municipal de Agua de San Patricio, que tiene muchos clientes industriales en la zona.
"Cuando le cortas el agua de enfriamiento a la mayoría de estas industrias, simplemente tienen que cerrar. No hay otra forma”.
Paulison expresó que las empresas que producen combustible, polímeros, hierro y acero “tienen el menor margen de flexibilidad para simplemente recortar el uso de agua”. Sin embargo, agregó que las compañías siguen siendo optimistas en cuanto a su capacidad de reducir el consumo, adaptarse y continuar operando.
Zanoni afirmó que los planes de la ciudad le darán tiempo para evitar lo peor.
“Esperamos no llegar a eso, pero no trabajamos con la esperanza”, afirmó.
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The Associated Press recibe apoyo de la Walton Family Foundation para la cobertura de políticas ambientales y sobre agua. La AP es la única responsable de todo el contenido. Encuentra los estándares de la AP para trabajar con organizaciones filantrópicas, una lista de las fundaciones y las áreas de cobertura que financian en AP.org.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP

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