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Reseña: ¿Comedia romántica o de hermanas? La sororidad manda en "Sense and Sensibility"

Es una verdad universalmente reconocida, como alguien escribió alguna vez, que una novela de Jane Austen es precursora de la comedia romántica moderna.

Y así nos encontramos, en una nueva adaptación de “Sense and Sensibility” ("Sensatez y sentimientos") protagonizada por Daisy Edgar-Jones, deseando una sola cosa: un beso. Un beso sencillo, que atraviese los errores de interpretación y los malentendidos y por fin libere toda esa tensión romántica.

Por supuesto, lo tenemos. Elinor se besa con su Edward, allá en los campos herbosos de Devon, igual que Bridget Jones lo hizo con Mark Darcy, en las calles nevadas de Londres. Es un beso precioso, y vale la pena la espera.

Pero luego… obtenemos algo mejor: un abrazo, entre hermanas, todavía más alegre. Y eso es lo que recordamos mientras corren los créditos.

Hermanas. No es que estén precisamente “haciéndolo por sí mismas” en esta nueva versión dirigida por Georgia Oakley; al fin y al cabo, seguimos en la Inglaterra del siglo XVIII, y las jóvenes necesitan encontrar marido.

Pero Oakley, en busca de un enfoque del siglo XXI para el clásico de Austen, encuentra la manera de desplazar sutilmente el peso de la química romántica hacia la química más profunda entre la prudente Elinor (Edgar-Jones, en el papel de la “sensatez") y la impetuosa Marianne (Esmé Creed-Miles, en el papel de los “sentimientos”). Y solo esto, bueno, y dos escenas de baile arrolladoras, parece motivo suficiente para volver a la historia, tres décadas después de que la versión de Ang Lee de 1995 le diera a Emma Thompson un Oscar al guion.

Oakley también aporta un bienvenido aire naturalista al guion de Diana Reid, con un fuerte sentido de la naturaleza en sí, pero también de la realidad de las penurias económicas, o lo que cuenta como penurias económicas en una novela de Austen. Cuando Elinor y su madre (Caitriona Balfe) y sus hermanas quedan relegadas a una pequeña casa de campo tras la muerte de su padre, no es que se estén muriendo de hambre; al fin y al cabo, todavía tienen una sirvienta. Pero comparten ropa, llevan el pelo descuidado, hacen tareas rurales. Incluso sus vestidos están manchados.

Empezamos con malas noticias. Marianne está tumbada en la hierba, con las orugas, esperando las cartas del día. Pronto, las Dashwood están entre lágrimas. Su padre ha dejado su fortuna a un hijo de un matrimonio anterior, lo que significa que John Dashwood y su insoportable esposa Fanny (Stacy Martin, divertida) se mudarán a su extensa finca campestre.

La madre y las hermanas pronto se trasladan a una casa mucho más pequeña, con solo una sirvienta, en Devon, gracias a la ayuda de la señora Jennings, “madre de la esposa del primo del primo de tu madre”, como se presenta ella misma (una encantadora Fiona Shaw).

Pero no antes de que Elinor se enamore de Edward Ferrars (George MacKay), el apuesto y correcto hermano de Fanny, durante una visita familiar.

Parece que estos dos son perfectos el uno para el otro, ambos honorables y sensatos, pero también un poquito sexis por debajo, Edgar-Jones y MacKay están muy bien emparejados aquí.

Sin embargo, surgen complicaciones —claro, ¡esto es una novela de Austen!—. Ferrars está comprometido con otra persona, literalmente. Elinor se entera de ello en un viaje a Londres, por boca de la propia prometida. Hará falta el resto de la película para que esto se resuelva. Mientras tanto, Marianne atraviesa su propio recorrido romántico.

No hace falta contar cuántas veces se le encarga a Marianne explicar aquí que ella es la apasionada, más en contacto con sus emociones turbulentas, y que espera lo mismo de una pareja. Unas cuantas demasiadas, en todo caso.

Pero Creed-Miles, cuya madre, Samantha Morton, tiene por su parte un momento en el que se roba la escena en “The Odyssey” (“La Odisea”), ofrece una interpretación electrizante como la hermana que, sí, parece llevarlo todo a flor de piel, haciendo totalmente creíble que grite bajo la lluvia o se ría con delirio. O que se enamore perdidamente de Willoughby, un apuesto libertino (deliciosamente interpretado por Frank Dillane) que aparece para salvarla cuando se tuerce el tobillo en una playa.

Estos dos también parecen perfectos el uno para el otro, sobre todo cuando bailan. Mérito de la coreógrafa Holly Blakey, que saca el máximo partido a dos escenas de baile social: el exuberante “hop” en el campo (qué bien se lo pasan, al parecer, los actores), y el baile londinense más refinado pero igualmente creativo.

Pero Willoughby, como saben los lectores de Austen, resultará una conquista aún más esquiva que Ferrars. Mientras tanto, esperando entre bastidores, hay un hombre de pocas palabras, y al principio, de pocos sentimientos, o eso cree Marianne: el firme coronel Brandon (Herbert Nordrum).

¿Encontrará la manera de llegar a su corazón? Difícilmente es un destripe revelar el final de una novela publicada hace siglos, pero, más importante aún, sabemos cómo terminan todas las comedias románticas: con la parte “romántica” saliendo bien, de algún modo.

Nos alegramos por las hermanas, por supuesto. Han dado con un par de buenos tipos.

Pero, sobre todo, nos alegra que se tengan la una a la otra.

“Sense and Sensibility”, un estreno de Focus Features, tiene una clasificación PG (que sugiere cierta orientación de los padres) de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, según sus siglas en inglés) por “algunos elementos temáticos, desnudez parcial y violencia breve”. Duración: 132 minutos. Tres estrellas de cuatro.

FUENTE: AP

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