Muchos inmigrantes africanos, predominantemente de Zimbabue y Malaui, están abandonando Sudáfrica debido a un aumento de la ira contra la migración que desencadenó ataques contra extranjeros.
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SUSCRIBITECIUDAD DEL CABO, Sudáfrica (AP) — Miles de personas se congregaron en varias partes de Sudáfrica el martes para realizar las mayores manifestaciones contra la migración ilegal desde el estallido de violencia antimigrante en 2008.
Muchos inmigrantes africanos, predominantemente de Zimbabue y Malaui, están abandonando Sudáfrica debido a un aumento de la ira contra la migración que desencadenó ataques contra extranjeros.
Los ataques han coincidido con una serie de protestas y marchas en los últimos meses por parte de grupos antiinmigración, que fijaron el martes como plazo para que las personas que están en el país ilegalmente se vayan, la primera vez que algún grupo antiinigrante lo hace.
Han instado al gobierno a actuar contra lo que según ellos es un problema creciente de inmigración ilegal en la mayor economía de África.
Los grupos amenazaron con una “parálisis nacional” si eso no ocurre.
Las autoridades sudafricanas estaban en máxima alerta el martes, con agentes desplegados en varias partes del país que han sido identificadas como lugares de posible violencia contra personas que se encuentran en el país ilegalmente.
Miles de inmigrantes se están trasladando de Sudáfrica a Zimbabue a través del puesto fronterizo de Beitbridge, que está registrando un alto volumen de tránsito.
Algunos países -- entre ellos Malaui, Nigeria, Ghana y Zimbabue -- han comenzado a repatriar a sus ciudadanos mientras critican a Sudáfrica por lo que califican como un clima de xenofobia.
Esto es lo que hay que saber:
Las protestas antiinmigración en varias ciudades importantes han colocado el tema al tope de la política nacional desde marzo. Los grupos de protesta han culpado a los inmigrantes -- sin evidencia alguna -- del alto desempleo de Sudáfrica, de las fallas en los servicios públicos y de la delincuencia.
El presidente sudafricano Cyril Ramaphosa se reunió la noche del lunes con algunos líderes de las concentraciones previstas, y les aseguró su derecho a protestar, pero insistió en que las manifestaciones fueran pacíficas.
Ha señalado que algunos de los grupos están explotando el tema para impulsar sus propias agendas políticas y que “la inmigración ilegal no es la causa de nuestras dificultades sociales y económicas”.
Pero Ramaphosa también admitió que ha habido fallas en el control fronterizo de Sudáfrica.
Como uno de los países más ricos de África, Sudáfrica ha atraído durante mucho tiempo a migrantes de otras partes del continente que buscan una vida mejor. Las cifras más recientes del censo de 2022 muestran que había 2,4 millones de extranjeros que habían inmigrado, lo que representa menos del 4% de la población sudafricana de 62 millones.
Los críticos del gobierno sostienen que esas cifras no incluyen a muchos otros que están en Sudáfrica sin la documentación adecuada.
Mientras la inmigración se vuelve cada vez más polarizante en Estados Unidos y Europa, la principal economía de África también está afrontando el tema.
En los últimos dos años, Sudáfrica ha deportado a más de 100.000 personas que, según el Ministerio del Interior, estaban en el país ilegalmente, y también ha detenido en las fronteras a alrededor de 500.000 más que intentaban entrar sin documentos.
Esas cifras han reforzado las afirmaciones de los grupos antiinmigración sobre la existencia de un problema mayor.
Sudáfrica tiene un historial de violencia xenófoba, ya que los migrantes de países pobres como Zimbabue, Mozambique y Malaui por lo general terminan asentándose en comunidades empobrecidas de Sudáfrica, donde reina el desempleo y la frustración.
El secretario general de la ONU, António Guterres, está “profundamente preocupado por los informes de ataques xenófobos y actos de acoso e intimidación contra migrantes y extranjeros en partes de Sudáfrica”, informó un portavoz.
En 2008, más de 60 personas —tanto sudafricanos como extranjeros— murieron en una ola de violencia antiinmigrante que se extendió desde la mayor ciudad, Johannesburgo. Desde entonces ha habido estallidos intermitentes de violencia contra inmigrantes.
Las tensiones más recientes han provocado duras críticas a Sudáfrica por parte de varios países africanos -- entre ellos Nigeria, Ghana y Mozambique -- de que sus ciudadanos están siendo atacados.
Miles de migrantes también han salido de Sudáfrica a medida que aumentan las tensiones antes del plazo del 30 de junio fijado por los grupos de protesta.
Nigeria y Ghana han repatriado a casi 2.000 personas en vuelos financiados por los gobiernos, citando preocupaciones por su seguridad, y dicen que habrá más evacuaciones. Zimbabue y Mozambique también han repatriado a un número menor de personas.
Más de 8.000 ciudadanos de Malaui han salido de Sudáfrica en autobuses proporcionados por el gobierno malauita o por patrocinadores privados, y otros se han reunido en Durban mientras intentan abandonar el país.
Las autoridades sudafricanas dijeron que ayudaron a facilitar la repatriación de ciudadanos de Malaui, pero también deportaron formalmente a muchos de ellos por no tener documentos para vivir en Sudáfrica.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP

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