“Es una realidad que duele mucho, porque los niños tienen que ir a la escuela para almorzar o merendar”, se lamentó la joven de 21 años. “A tu hijo no lo puedes dejar salir a jugar o a hacer las compras porque hay tiros”, agregó.
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SUSCRIBITEMONTEVIDEO (AP) — Lucía Pintos se prepara para ser maestra en el Borro, un barrio golpeado por el avance del narcotráfico en la periferia de Montevideo donde la parroquia local funciona como un frágil pero necesario refugio para la comunidad que en pocos días recibirá al papa León XIV.
“Es una realidad que duele mucho, porque los niños tienen que ir a la escuela para almorzar o merendar”, se lamentó la joven de 21 años. “A tu hijo no lo puedes dejar salir a jugar o a hacer las compras porque hay tiros”, agregó.
El Borro —en el municipio de Casavalle— recibirá a León XIV en el inicio de su gira por Uruguay, Argentina y Perú. El pontífice recorrerá la obra de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe que construye viviendas, promueve la creación de empleos y apoya a los adictos en su recuperación.
Para Pintos la visita papal tiene además un significado personal. Era atea hasta que la muerte de su padrino la acercó a la fe y hoy es referente juvenil católica mientras cursa sus estudios universitarios con una beca eclesial. “Trato de transmitirles la fe desde mis acciones, no tanto desde mis palabras”, contó Pintos sobre cómo se dirige a sus amigos no creyentes.
El arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla, contó que no hay otro lugar en Uruguay que tenga tanta presencia de la Iglesia católica como el Borro. La cabeza de esa misión es el sacerdote Pablo Coimbra, quien un día después de recibir a la avanzada del Vaticano recorrió la barriada junto a The Associated Press.
“Las familias saben que a cierta hora se tienen que meter para adentro. Cuando empiezan los tiroteos se tiran al suelo, porque una bala perdida le puede caer a cualquiera. Son ráfagas de metralletas y las balas caen donde caen”, describió el religioso.
En octubre de 2025 el ministro del Interior, Carlos Negro, afirmó que Uruguay tenía “tasas epidémicas de homicidios” y que reducirlas era “posible y urgente”. El presidente Yamandú Orsi ha dicho que la inseguridad en esos sectores es su principal preocupación.
Según un conteo oficial, de los 98 homicidios registrados hasta septiembre en Montevideo —un 13,5% más que en igual período del año pasado— más del 46% ocurrieron en Casavalle, Borro y otras barriadas aledañas.
A medida que las calles de tierra descienden hacia un arroyo contiguo al Borro, el lodo se vuelve omnipresente y muchas veces ingresa a las casas. “Acá se vive la ley del gallinero. Los que están abajo, cerca del arroyo, reciben todo lo que viene de arriba”, resumió Coimbra.
El paisaje está ahora interrumpido por un camino de hormigón preparado por los vecinos para la visita papal. Las estrechas calles confluyen en una cancha de fútbol restaurada por la parroquia en la que practica Lautaro Martínez, una joven promesa de ese deporte. Sin embargo, por estos días no hay entrenamiento por prevención ante los tiroteos recientes.
“La presencia de la Iglesia marca la diferencia entre el consumo y el no consumo, entre seguir estudiando o no”, señaló el cura. Los vecinos incluso llevan allí a los heridos porque las ambulancias ingresan sólo hasta el templo. Coimbra recordó que las bandas solían expulsar a familias “a punta de metralla” para instalar centros de acopio de drogas, obligándolas a buscar refugio en la parroquia.
Para contrarrestar el delito la parroquia encabeza proyectos de vivienda social donde los propios vecinos levantan más de 100 unidades con red de saneamiento, lo que a su vez genera empleo local.
En un país raras veces mencionado cuando se habla de crimen organizado, barrios como el Borro, Casavalle, Marconi, Cerro Norte o La Teja conviven con el estruendo de las armas en medio de disputas territoriales por el microtráfico, que coopta a adolescentes como custodios. La situación llevó al gobierno a desplegar vehículos blindados para patrullar que originalmente habían sido donados por Estados Unidos para las misiones de paz de la ONU.
Muchos jóvenes que quieren abandonar la vida delictiva buscan contención en la fe. Los lunes la parroquia celebra una misa para personas en situación de calle que convoca a decenas que se acercan de distintos puntos de la ciudad. “Vienen por el baño y las dos comidas, pero principalmente para ser escuchados”, resumió Coimbra.
Al momento de la comunión la mayoría permanece con los brazos cruzados sobre el pecho, una señal que indica que no han sido bautizados. Según datos de la Iglesia católica, en 2025 apenas 2.200 de los 30.000 recién nacidos en Uruguay recibieron el primer sacramento.
Pablo Acosta, de 28 años, nació en el barrio y conoció las dinámicas del delito. Hoy pasa sus días entre refugios y la calle, trabaja de manera informal en mercados locales y envía dinero a su hijo de 10 años, a quien no ve debido a sus adicciones. “Tengo un tiro en la panza y marcas de puñaladas. Debía dinero, metía la mano donde no tenía que tocar, pero hace un mes estoy intentando dejar el consumo”, afirmó.
En ese entorno Pintos mantiene la esperanza de ofrecerles un futuro mejor a los niños, porque en las barriadas de Montevideo “existe la violencia y existe la maldad, pero hay un trasfondo muy grande, un amor que es inmenso”.
“No tienen otras posibilidades, no tienen el club, no tienen el inglés, no tienen el rugby, no tienen apenas el fútbol en algún caso. Entonces hay mucho ocio y es ahí donde hay que intervenir”, resumió Coimbra. Tender la mano a quien circuló por caminos oscuros, dijo, es tarea de la Iglesia.
FUENTE: AP

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