Una multitud de residentes de diversas sectas religiosas se congregó en una plaza con césped en Bab Touma, un barrio cristiano de Damasco, donde coreó “¡Los sirios están unidos!” y portó carteles que instaban al gobierno a salvaguardar las libertades personales y a las minorías religiosas.
“Esto no se trata de si queremos beber alcohol; se trata de la libertad personal. Hemos venido aquí para defender una idea”, afirmó Isa Qazah, un escultor de 45 años de la zona que se sumó a la protesta a lo largo de los callejones de piedra medieval cerca de la Ciudad Vieja de Damasco.
Fuerzas de seguridad fuertemente armadas rodearon a los manifestantes, si bien la protesta transcurrió sin incidentes.
La controversia estalló la semana pasada, cuando el gobernador de Damasco emitió un decreto que prohíbe “la provisión de bebidas alcohólicas de todo tipo en restaurantes y clubes nocturnos” en toda la capital. En un plazo de tres meses, señala el texto, los restaurantes deberán haber eliminado sus cartas de vino y los dueños de bares y clubes deberán haber cambiado sus licencias por permisos de cafetería.
La decisión, que las autoridades dijeron que se tomó “a solicitud de la comunidad local”, se anunció al tiempo que el gobierno interino del exrebelde islamista y ahora presidente Ahmed al-Sharaa enfrenta una presión creciente de sectores de línea dura para imponer valores religiosos más conservadores. Al-Sharaa no se ha pronunciado públicamente sobre el debate del alcohol.
Más de un año después que su movimiento derrocara al expresidente Bashar Assad, Siria sigue tambaleándose por 14 años de guerra civil y cinco décadas de dictadura, y lucha por definir su futuro.
Miembro de la minoría religiosa alauita, Assad defendía una ideología laica para conservar el apoyo de otras minorías en un país de mayoría suní. Bajo la dinastía de su familia, los sirios tenían muy pocas libertades cívicas o políticas. Pero podían beber alcohol, ir de fiesta a clubes nocturnos y vestirse como quisieran.
Tras ser nombrado presidente interino, al-Sharaa prometió unir al país y respetar el pluralismo. Hasta ahora ha actuado con cautela a la hora de imponer restricciones sociales. Aun así, los numerosos grupos religiosos y étnicos de Siria siguen en vilo.
Ataques sectarios perpetrados por combatientes suníes progubernamentales han matado a cientos de alauitas y drusos durante el último año.
Preocupaciones por nuevos actos de violencia El domingo, los manifestantes dijeron temer que las más recientes restricciones al alcohol aviven aún más esas tensiones, ya que el decreto permite que el alcohol se venda en tres barrios de mayoría cristiana.
Aun así, los establecimientos en Bab Touma, al-Qassaa y Bab Sharqi no pueden servir alcohol en el lugar, y las tiendas de esas tres zonas sólo pueden vender alcohol en botellas selladas para llevar. Los vendedores también deben mantenerse al menos a 75 metros (246 pies) de mezquitas y escuelas, y a 20 metros (65 pies) de comisarías y oficinas gubernamentales.
Algunos indicaron que, al señalar a los cristianos, las autoridades los están presentando como responsables de lo que el decreto describe como “violaciones de la moral pública”. Aunque la ley islámica prohíbe el consumo de alcohol, Damasco está llena de musulmanes laicos.
“¿De qué manera nuestros barrios violan la etiqueta pública? La división que esto crea es injusta e irresponsable", cuestionó Fawaz Bahauddin Khawja, un abogado cristiano presente en la concentración. "Este es el verdadero rostro de Damasco. La única bandera que izamos es la bandera siria”.
Cuando se intensificaban las críticas antes de la protesta, las autoridades de Damasco emitieron un comunicado a última hora del sábado en el que pidieron disculpas a la población cristiana de la ciudad “por cualquier malentendido o interpretación errónea de la decisión”. También aclararon que los hoteles quedarán exentos de las restricciones sobre el alcohol.
“El presente decreto no interfiere con las libertades personales de los ciudadanos”, decía el comunicado. “La regulación de la venta de alcohol existe en todos los países, con diferencias en la forma en que se aplica y se hace cumplir”.
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La periodista de The Associated Press Isabel DeBre contribuyó a este despacho desde Beirut.
FUENTE: AP