Los fenómenos de El Niño son más de un 36% más fuertes de lo que eran antes de que comenzara la era industrial a mediados del siglo XIX, con un salto del 16% solo en los últimos 40 años, lo que muestra que el aumento se está acelerando, según un estudio publicado el jueves en la revista Science. Los hallazgos llegan en medio de pronósticos según los cuales El Niño que se formó hace un par de meses será el mayor registrado en los próximos meses. El fenómeno, que consiste en un calentamiento temporal de partes del Pacífico ecuatorial, distorsiona el clima en todo el mundo e incrementa los eventos extremos, incluidas olas de calor, inundaciones en algunos lugares y sequías en otros. Pueden costar billones de dólares en daños.
“Eso es importante porque los El Niño fuertes tienen impactos mucho mayores en los peligros climáticos y los extremos en todo el mundo. Cuando nos propusimos responder a la pregunta de por qué esto podría estar ocurriendo, comparamos nuestros datos con un registro de la temperatura global y encontramos que el aumento en la fuerza de El Niño se asemeja estrechamente al incremento de la temperatura global que se debe a causas humanas como la quema de combustibles fósiles”, explicó Julia Cole, autora principal del estudio y científica del paleoclima en la Universidad de Michigan.
Su estudio analiza los fenómenos de El Niño de hace unos 900 años.
El Niño ya era terrible y ahora está empeorando “El Niño es el aspecto más violento de la variabilidad climática a nivel mundial, con efectos que van desde el colapso de pesquerías locales, hasta mortandades masivas de corales, pasando por sequías severas y escasez de alimentos en todo el mundo”, aportó Boris Worm, científico marino de la Universidad de Dalhousie que no participó en el estudio.
Worm citó al fallecido científico del clima Wallace Broecker, según el cual “el sistema climático es una bestia enojada y la estamos pinchando con palos”. Añadió Worm: “Las emisiones humanas son el palo y El Niño es uno de esos estallidos ‘furiosos’ que pueden ser tan amenazantes para nuestra seguridad colectiva”.
La fuerza de un fenómeno de El Niño se determina midiendo la temperatura del agua en una región del Pacífico central alrededor del ecuador y comparando un promedio de tres meses con lo normal. Si está 0,5 grados Celsius (0,9 grados Fahrenheit) por encima de lo normal, se convierte en un El Niño. La parte superior de la escala es 2 grados Celsius (3,6 grados Fahrenheit) y se denomina “muy fuerte”. La cifra semanal más reciente de El Niño es de 2,7 grados (4,9 grados Fahrenheit) y está prevista a seguir aumentando durante otros dos a cuatro meses, según el rastreador de El Niño de la Universidad de Columbia.
Desde hace tiempo, los científicos han teorizado que, a medida que el mundo se calienta, los fenómenos de El Niño se volverían más fuertes porque se basan en diferencias de temperatura del océano en comparación con el promedio. Pero los registros observacionales solo se remontan a unos 75 años, por lo que los científicos han dicho anteriormente que los datos son demasiado irregulares como para establecer una tendencia. Así que han buscado indicios que señalen un El Niño sin medir directamente las temperaturas del agua. Por ejemplo, han revisado registros históricos de cambios del tiempo en todo el mundo y han identificado El Niño del pasado —como el de tamaño descomunal de 1877— a partir de los cambios que provocan a escala global.
Uso de fósiles de coral para estudiar la temperatura El equipo de Cole adoptó un enfoque novedoso al observar lo que les ocurrió a los corales a lo largo de los siglos para “mirar al pasado”, afirmó. Cole indicó que las mediciones de la proporción de calcio y estroncio en los esqueletos de coral y de distintos isótopos de oxígeno generan dos lecturas independientes del agua de mar en la que se formó el coral. Otra medición de uranio y torio indica cuándo se formaron esos esqueletos.
Cole examinó 29 fósiles de coral en las islas Galápagos: 14 de antes de la era industrial, 14 de después de que comenzara la era moderna y uno más de aproximadamente la época en que la era industrial estaba iniciándose. El más antiguo era de alrededor del año 1100.
Las temperaturas que obtuvo a partir de los fósiles a lo largo de más de 900 años son irregulares, con vacíos, pero al graficarlas, dijo, se parecen a un palo de hockey, la misma descripción utilizada para un estudio emblemático de la década de 1990 sobre temperaturas globales del pasado.
Ella y otros científicos sostienen que esto solo va a empeorar.
“Plantea el espectro de un futuro en el que eventos más grandes de El Niño y La Niña estén acelerando el ritmo y la severidad de los extremos meteorológicos y climáticos”, advirtió Kim Cobb, científica de corales y clima en la Universidad de Brown que no participó en el estudio.
Científicos externos divididos sobre la investigación Científicos ajenos al estudio están divididos sobre la investigación: algunos la celebran como importante y confiable, y otros dicen que no les convence porque choca con algunas observaciones recientes.
“Los corales son el estándar de oro para reconstruir El Niño, y esto aporta una mina de oro de nuevo material", declaró Cobb. " Podemos esperar muchas, muchas décadas a que el registro instrumental sea lo suficientemente largo como para detectar un cambio en las propiedades de El Niño, o podemos usar siglos de reconstrucciones de El Niño proporcionadas por registros paleoclimáticos. En conjunto, los datos paleoclimáticos que tenemos, de todo el Pacífico, son bastante consistentes al señalar una intensificación de los El Niño con el calentamiento global”.
Tanto el científico del clima Michael Mann, de la Universidad de Pensilvania —creador del fenómeno “palo de hockey” de la temperatura—, como el científico marino John Bruno, de la Universidad de Carolina del Norte, dijeron que los datos de coral entran en conflicto con observaciones recientes de la temperatura del agua en las Galápagos. Los datos muestran “una disminución sustancial en décadas recientes” de las variaciones relacionadas con El Niño cerca de las Galápagos durante el periodo en que los gases de efecto invernadero elevaron más las temperaturas, indicó Mann.
Bruno sostuvo que lo que refleja el coral no es tanto un cambio en El Niño como el calentamiento por los gases de efecto invernadero.
Cole explicó que el enorme El Niño de 1997-1998 y luego los pequeños hasta 2023-24 crearon una situación en la que parece que los El Niño no se están fortaleciendo porque las mediciones se basan en un periodo de 20 años y hubo algunos años entre fenómenos graves que sesgaron los datos. Señaló que El Niño varía en intensidad y que esa naturaleza de subidas y bajadas no desaparece solo porque esté respondiendo a condiciones más cálidas.
Pero todos los científicos coincidieron en que el cambio climático es un problema, con o sin un empeoramiento de El Niño.
“Es importante señalar esto como una razón más por la que necesitamos dejar los combustibles fósiles", subrayó Cole. "No existe una solución mágica para resolver el problema de El Niño”.
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Julian Trejo Bax contribuyó desde Nueva York.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP