Actuaron ese verano ante un público con entradas agotadas en Citi Field, en Queens, un estadio de béisbol con capacidad para casi 42.000 aficionados, pero su fogoso concierto se vio interrumpido por la Madre Naturaleza: un aguacero torrencial y relámpagos intimidantes generaron condiciones inseguras y ominosas.
En cierto modo fue realmente una premonición; los dos años siguientes para la banda serían tumultuosos. Fue en 2024 cuando el líder Dave Grohl anunció que había tenido un hijo fuera de su matrimonio. Y luego, en 2025, la banda se separó del baterista Josh Freese tras apenas una gira, y dos meses después contrató a Ilan Rubin para reemplazarlo.
Desde entonces, las cosas han mejorado. La semana pasada la banda lanzó su duodécimo álbum de estudio de larga duración, “Your Favorite Toy”, una enérgica colección de temas con un estilo punk agresivo y acelerado, voces distorsionadas y una producción en ocasiones demasiado comprimida, según escribió Dennis Waszak Jr., de The Associated Press, en su reseña.
Esas canciones encajaron a la perfección la noche del jueves en el mucho más pequeño Irving Plaza, en Manhattan, un recinto con capacidad de apenas alrededor de 1.000 personas, donde las entradas se agotaron y la banda de rock superfamosa aportó una inmediatez sonora a un espacio íntimo.
Un concierto secreto para unos pocos afortunados Foo Fighters anunciaron el miércoles dos conciertos sorpresa: uno en Irving Plaza el jueves y otro en el Starland Ballroom el sábado en Nueva Jersey. Las entradas costaban 30 dólares, estaban limitadas a dos por comprador y solo se vendían por orden de llegada a las 10 de la mañana del jueves en cada recinto.
Algunos fans acamparon durante la noche. Otros hicieron fila mucho antes de las 10 de la mañana. Los pocos afortunados que lograron conseguir entradas para el concierto nocturno en Irving Plaza entraron al local con mercancía vintage de Foo Fighters y compraron nuevos diseños. Intercambiaron historias sobre la última vez que vieron a la banda y teorizaron sobre cómo tocarían en un escenario tan pequeño.
Cuando Foo Fighters apareció, eran las 8:06 de la noche. El enérgico líder Dave Grohl saludó al público con un “¿Cómo están?”, y prometió muchas canciones nuevas y algunas “a la vieja escuela”.
Y la banda cumplió: “All My Life” (2002) y “Times Like These” sonaron junto a éxitos de finales de los 90 como “Monkey Wrench” y “My Hero”, además de temas de apenas una semana como “Spit Shine” y “My Favorite Toy”.
“A veces le pregunto al público si ama la música rock ‘n’ roll. No se los voy a preguntar a ustedes porque sé que aman la música rock ‘n’ roll”, dijo Grohl.
Aunque el lugar era austero, la banda no tenía ningún interés en ofrecer un show reducido. No hubo pirotecnia, ni fuegos artificiales, ni grandes alardes, claro, pero sí abundaron las sorpresas: “Window”, una canción nueva, debutó en vivo. La banda abrió un bis de cinco canciones con “A320”, su aporte a la a menudo pasada por alto banda sonora de “Godzilla” de 1998.
En un momento, un asistente gritó: “¡Taylor Hawkins por siempre!”, en memoria del baterista de la banda fallecido en Colombia en 2022. Grohl respondió instintivamente: “¡Así es!”.
Para quienes nunca nos han visto antes, dijo Grohl dos horas y media después de iniciado el concierto, “la próxima vez intentaremos que se sienta así”.
Por supuesto, lo más probable es que la próxima vez sea en un recinto 40 veces más grande que Irving Plaza. Eso le dio al público, que aún seguía eufórico, algo en qué pensar mientras salía a una lluviosa noche de abril.
FUENTE: AP