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En el sur de Chile, habitantes impulsan proteger el mar, perjudicado por la piscicultura de salmón

MELINKA, Chile (AP) — Yesica Fabiana Leviñanco conduce su pequeña embarcación de madera mientras Paulo Vera Pérez, su pareja, se sumerge en las frías aguas del mar en la costa del sur de Chile.

En pocas horas, la pareja —ambos de unos 45 años— ha llenado la embarcación de crustáceos, erizos, mejillones y cangrejos que Leviñanco venderá en el mercado de Melinka, la isla principal del archipiélago de las Guaitecas.

Hace apenas unos años, una captura así habría sido impensable.

“Hoy parece increíble verlo, pero durante años el mar en toda esta zona estaba muerto”, recordó Leviñanco. “No había aves, peces ni animales marinos. Una salmonera lo había destruido todo”.

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NOTA DE LOS EDITORES: Este reportaje contó con el apoyo de Journalismfund Europe.

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El archipiélago de las Guaitecas, compuesto por más de 40 islas pequeñas, es una puerta de entrada a la región de la Patagonia chilena, uno de los lugares más remotos del mundo. A pesar de ser una reserva nacional, alberga numerosas salmoneras que vierten al mar cientos de toneladas de productos químicos y antibióticos cada año.

Al menos 313 piscifactorías de salmón recibieron autorización para operar en el archipiélago, según Terram, una fundación chilena centrada en el desarrollo sostenible.

Leviñanco y Vera Pérez narraron que la piscicultura intensiva dañó las zonas donde ellos pescaban, por lo que decidieron intentar revertir la situación. Comenzaron por traer mejillones y almejas sanos desde otros lugares. Sus amigos y familiares pensaron que estaban locos, pero con los años, su labor dio frutos.

“Los peces, las aves y otros animales marinos regresaron”, expuso Leviñanco.

La piscicultura de salmón es una industria muy importante en Chile

Chile es el segundo mayor productor de salmón del mundo, después de Noruega, y este pescado constituye el segundo producto más exportado por el país latinoamericano, sólo por detrás del cobre. En 2025 se produjeron en el país más de 1 millón de toneladas, según datos del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca).

El salmón no es una especie nativa de las aguas chilenas. Fue importado desde Noruega e introducido en la región en las décadas de 1970 y 1980, durante la dictadura del general Augusto Pinochet.

Durante años, la cría intensiva de salmón en Chile ha sido objeto de críticas por parte de científicos, grupos ecologistas, pescadores, comunidades indígenas y residentes locales, quienes acusan a la industria de contaminar el mar con las enormes cantidades de productos químicos que se utilizan en las piscifactorías, de no respetar los derechos de las comunidades indígenas y de incumplir las normativas de seguridad laboral. Según datos de Ecoceanos, una organización chilena sin fines de lucro, 90 trabajadores han fallecido en esta industria desde 2013. Los accidentes mortales van desde trabajadores que quedan atrapados mientras limpian las redes hasta naufragios de embarcaciones en la zona.

El archipiélago de las Guaitecas es la reserva natural más grande del país y una de las más antiguas. Fue establecida en 1938 y alberga numerosas especies marinas en peligro de extinción.

Muchos habitantes locales y científicos dicen que las instalaciones de cría de salmón han perjudicado gravemente diversas áreas marinas, y han dejado sectores del lecho oceánico con niveles de oxígeno tan bajos que a otros seres vivos se les dificulta sobrevivir. Describen estas zonas como “muertas”. Un ejemplo de esas zonas es donde Leviñanco ha pescado toda su vida y que ella ayudó a restaurar.

“Las salmoneras pueden generar diversos impactos en los ecosistemas marinos. La contaminación puede derivar tanto de la acumulación de materia orgánica como del uso de productos químicos”, explicó Catalina Sapag, bióloga marina y coordinadora de campañas y ciencia de Oceana Chile, una organización sin fines de lucro.

A pesar de la oposición —especialmente en el sur del país—, hay un fuerte respaldo hacia la industria del salmón, ya que genera una gran cantidad de empleos.

SalmonChile, una asociación gremial que representa a numerosas empresas del sector, sostiene que la disminución de las poblaciones de peces no puede atribuirse exclusivamente a las salmoneras.

“Se puede deber a diversos factores, como el cambio climático, cambio de temperaturas de agua, pesca ilegal, sobreexplotación de recursos, introducción de especies foráneas para pesca recreativa, siendo la industria solo un factor más”, expuso la asociación en un comunicado.

Estados Unidos recibe el 40% de las exportaciones de salmón de Chile (2.600 millones de dólares), seguido por Japón, con el 17% (poco más de 1.000 millones de dólares) y Brasil con el 13% (796 millones de dólares), según cifras de SalmonChile.

Habitantes locales esperan recurrir a una ley para reforzar la protección

Los pescadores chilenos sostienen que la contaminación generada por las piscifactorías de salmón reduce considerablemente la abundancia de peces y mariscos en el mar. Una de las personas que más ha expresado estas preocupaciones reside en Melinka.

Su nombre es Daniel Arturo Caniullán Huentel. Tiene 52 años, ha trabajado como buzo desde hace 35 años y es una autoridad ancestral de la comunidad indígena mapuche Pu Wapi, en Melinka.

“El fondo marino estaba lleno de vida, con colores y animales por todas partes. Hoy es completamente distinto”, expresó Caniullán Huentel. “Los colores se han ido apagando, muchas especies han desaparecido y han aparecido organismos que antes no existían. Cada vez que se instalaba una nueva salmonera, veíamos cómo aumentaban los impactos”.

La comunidad mapuche busca proteger las aguas de la zona bajo la Ley Lafkenche, promulgada en 2008, la cual permite a las comunidades indígenas proteger áreas marinas y costeras y gestionarlas de manera conjunta con instituciones estatales, siempre y cuando puedan demostrar que allí realizan prácticas ancestrales.

Este mecanismo no otorga a los pueblos indígenas la propiedad del mar ni del fondo marino, pero protege los usos ancestrales de la zona, incluidas la pesca, la recolección de mariscos y algas, así como el acceso a sitios sagrados y áreas usadas en la navegación.

Una vez que una comunidad solicita la gestión de un área, el Estado ya no puede autorizar nuevas concesiones —tales como las destinadas a la industria del salmón— dentro de dicha zona.

En 2017, el Estado chileno rechazó una solicitud presentada por la comunidad de Caniullán Huentel para proteger 8.000 hectáreas (19.800 acres) adicionales, y en 2024, desestimó otra que abarcaba 350.000 hectáreas (865.000 acres). En marzo pasado, la comunidad presentó una nueva solicitud para un área más reducida de 3.000 hectáreas (7.400 acres), y actualmente está a la espera de la respuesta.

“Esta lucha no es sólo para nosotros”, manifestó Caniullán Huentel. “Se trata del futuro del mar, de la pesca artesanal y de las próximas generaciones. Si no defendemos estos territorios hoy, mañana corremos el riesgo de perder para siempre un inmenso patrimonio natural y cultural”.

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La cobertura climática y ambiental de The Associated Press recibe el apoyo económico de varias fundaciones privadas. La AP es la única responsable de todo el contenido. Encuentre los estándares de la AP para trabajar con organizaciones filantrópicas, una lista de patrocinadores y las áreas de cobertura financiadas en AP.org.

FUENTE: AP

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