La segunda buena nueva es que la esmirriada faltriquera de quien personifica al pueblo cubano ?el famélico Liborio Pérez? se verá algo aliviada. Ya no será necesario pagar anuncios de página completa en influyentes (y caros) periódicos, ni vallas anunciadoras, ni viajes, hoteles o cenas para los miembros de los comités en defensa de Los Cinco que pululaban en todo el mundo. ¿Servirá este alivio económico para suavizar en algo la calamitosa carestía que sufren los cubanos de a pie? ¡Ojalá!
En la información brindada al respecto por la Casa Blanca, se destacan, junto a la reapertura de las embajadas, otros aspectos fundamentales de la nueva política norteamericana hacia Cuba, lo que incluye: nuevas facilidades en materia de viajes y remesas, expansión del comercio, mayor acceso a las comunicaciones en Cuba, relajamiento de las sanciones, revisión de la calificación de Cuba como patrocinadora del terrorismo, participación en la Cumbre de las Américas en Panamá y lo que se describe como "compromiso firme con la democracia, los derechos humanos y la sociedad civil" en Cuba.
Por su parte, Raúl Castro, al recordar la persistencia del embargo norteamericano, destacó que el logro de acuerdos "no quiere decir que lo principal se haya resuelto". También exhortó al gobierno de Washington "a remover los obstáculos que impiden o restringen los vínculos entre nuestros pueblos, las familias y los ciudadanos de ambos países, en particular los relativos a los viajes, el correo postal directo y las telecomunicaciones".
Resulta innegable que los anuncios hechos en ambas capitales implican el inicio de un cambio sustancial en las relaciones entre los dos países vecinos. Será menester observar la manera concreta en que esas medidas se reflejen en las actividades cotidianas.



