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Régimen arrienda viviendas sin terminar a personas que pasaron más de 20 años en albergues

Por Diario de Cuba
Después de más de 20 años esperando en un albergue que el Gobierno cubano le asignara una vivienda, Teresa Hermán, de 74 años, se llevó "una gran decepción" cuando se trasladó a su nuevo hogar: "Estaba sin acabar, el piso (suelo) sin tirar, la cocina y el baño sin azulejos", reporta EFE.

Teresa, su hija, nieta y bisnieta son una de las 1.100 familias que han obtenido una vivienda desde que se puso en marcha en 2013 un programa para la construcción de 13 asentamientos en La Habana para personas sin recursos que necesitan un hogar en la capital y que son más de 132.600, según datos oficiales.

Muchas de estas personas han vivido durante diez o incluso veinte años en albergues o "comunidades de tránsito", a la espera de que el Estado les entregue una vivienda.

A principios de este año, la familia de Teresa se trasladó a la urbanización del municipio habanero de Marianao, el único de esos 13 asentamientos totalmente terminado y enteramente asignado a familias de escasos recursos, aunque vio con tristeza como el ansiado hogar que llevaba dos décadas esperando no cumplía con sus modestas expectativas.

Tanto Teresa como sus vecinos se quejaron a EFE de las "malas condiciones" de las casas, entregadas sin pintar, sin puertas, con baños y cocinas sin alicatar, suelo de mortero (cemento), sin línea telefónica y con las tuberías defectuosas, problemas que algunos han solventado poco a poco asumiendo los gastos de las mejoras.

Las casas se han levantado bajo el concepto de viviendas económicas, por las que el Estado garantiza las "condiciones mínimas de funcionalidad y habitabilidad", justificó al diario oficial Granma uno de los responsables de este plan del Ministerio de Construcción.

"Desde que llegué aquí, he tenido que hacer una serie de arreglos e inversiones, cuando en realidad no tengo ni donde caerme muerta", lamentó Teresa.

Esa queja es generalizada en la urbanización de Marianao, según constató EFE, y la mayoría de los vecinos no se pueden permitir ni siquiera los gastos necesarios para acondicionar mínimamente su nuevo hogar.

"Yo todo lo que he podido hacer es pasarle una manita de pintura a las paredes, que eran todo cemento", contó Daylenis Serrano, mujer jubilada que vive con su marido y su padre enfermo, después de haber pasado 23 años en un albergue.

Daylenis confesó que la alegría de tener por fin un hogar quedó empañada a los tres días de la mudanza, cuando se le atascó todo el sistema de tuberías y desagües de la casa, que quedó inundada de aguas residuales.

Esta mujer, que padece asma y ha sufrido dos infartos cerebrales, afirmó que esas condiciones de insalubridad han agravado su salud: "Desde que vivo aquí no he salido del hospital. Cogí una infección de garganta y un hongo en el oído producto del polvo que se levanta por el suelo de cemento", explicó.
Por Diario de Cuba

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