Las cadenas españolas Iberostar y Barceló confirmaron este martes el fin de sus operaciones hoteleras en Cuba, pocas horas después de que Meliá anunciara oficialmente su retirada completa a partir del viernes 24 de julio.
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SUSCRIBITEIberostar dejó sus últimos seis hoteles y Barceló rescindió dos contratos en Varadero, en medio de sanciones de EEUU y el desplome histórico del turismo cubano
Las cadenas españolas Iberostar y Barceló confirmaron este martes el fin de sus operaciones hoteleras en Cuba, pocas horas después de que Meliá anunciara oficialmente su retirada completa a partir del viernes 24 de julio.
Las decisiones dejan prácticamente en cero la presencia de los principales operadores hoteleros españoles que todavía mantenían contratos de gestión y comercialización con empresas estatales cubanas.
Iberostar aseguró que ya no opera ni comercializa ningún hotel en la isla, mientras que Barceló abandonó una presencia que había quedado reducida a dos establecimientos en Varadero. Meliá, por su parte, comunicó formalmente a la Comisión Nacional del Mercado de Valores de España que cesará todos sus servicios hoteleros en Cuba.
La salida simultánea representa uno de los golpes más severos sufridos por el turismo cubano desde el comienzo de la actual crisis económica y energética.
Durante décadas, Meliá, Iberostar y Barceló aportaron sus marcas, sistemas de reservas, canales de comercialización internacional, programas de fidelización y experiencia operativa a hoteles pertenecientes al Estado cubano.
Ahora, las tres empresas concluyen su actividad en medio de los apagones, la escasez de combustible, la caída de las conexiones aéreas, los problemas de abastecimiento y el aumento del riesgo jurídico derivado de las sanciones estadounidenses.
Las hoteleras ya habían reducido sus operaciones después de que Washington sancionara a GAESA, el conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas cubanas y propietario, directa o indirectamente, de buena parte de la infraestructura turística de la isla.
Estados Unidos concedió inicialmente un período para que las empresas extranjeras desmontaran sus relaciones con GAESA y las sociedades en las que posee al menos el 50% de participación. Las autoridades estadounidenses advirtieron que los terceros que continuaran realizando operaciones podían exponerse a sanciones.
El escenario se volvió todavía más complejo después de las sanciones anunciadas el 13 de julio contra nuevas entidades estatales y estructuras vinculadas con el Ministerio de Turismo.
La ampliación de las restricciones incrementó el riesgo de mantener contratos con grupos hoteleros cubanos como Cubanacán y Gran Caribe, que hasta entonces habían permitido a las compañías españolas conservar parte de sus operaciones fuera de la red directamente vinculada con GAESA.
Iberostar había comenzado su retirada el pasado 1 de junio, cuando dejó de gestionar y comercializar 12 de los 18 establecimientos que mantenía en Cuba.
Aquella primera decisión afectó a los hoteles asociados con Gaviota, la división turística perteneciente al conglomerado militar GAESA. La compañía conservó temporalmente otros seis establecimientos vinculados con empresas estatales distintas.
Entre los hoteles que permanecieron durante esa etapa se encontraban el Iberostar Selection Parque Central, el Iberostar Marqués de la Torre, el Iberostar Selection Varadero, el Iberostar Grand Trinidad, el Iberostar Origin Taínos y el Iberostar Origin Daiquiri.
La cadena confirmó ahora el final de esa operación residual.
“Iberostar Cuba Hotels & Resorts confirma que ya no opera ni comercializa ningún hotel en Cuba”, indicó la empresa, que afirmó que continuará apoyando a sus equipos durante el proceso y mantendrá su interés en la evolución futura del país.
La decisión pone fin a una presencia iniciada en 1993, cuando Iberostar abrió su primer establecimiento en la isla.
Barceló era la menos expuesta de las tres compañías españolas.
El grupo gestionaba dos hoteles pertenecientes a la estatal Gran Caribe en Varadero: el Barceló Solymar, con 525 habitaciones, y el Occidental Arenas Blancas, con 358.
Los acuerdos estaban vigentes hasta 2027 y la empresa había manifestado en junio que su intención era mantenerlos hasta el vencimiento, siempre que las autoridades estadounidenses no emitieran nuevas instrucciones o restricciones.
El endurecimiento de las sanciones cambió ese escenario. Según medios españoles, Barceló decidió rescindir anticipadamente los contratos y abandonar una operación que ya era considerada testimonial. Solo uno de los dos establecimientos permanecía abierto.
Los edificios no pertenecían a Barceló, por lo que podrán continuar bajo la administración de Gran Caribe o de otro operador seleccionado por el Gobierno cubano.
La retirada de mayor alcance corresponde a Meliá Hotels International, que llegó a gestionar 34 establecimientos y cerca de 14.000 habitaciones en Cuba.
La compañía notificó a la CNMV que su filial portuguesa Ilha Bela Gestão e Turismo concluirá, a partir del 24 de julio, todos los servicios de gestión y comercialización hotelera relacionados con sus establecimientos cubanos.
La decisión incluye también el fin del uso de las marcas de Meliá, la actividad receptiva y la cadena local de suministros utilizada para abastecer los hoteles.
Meliá atribuyó la retirada a problemas operativos, jurídicos, económicos y financieros que impiden mantener una estabilidad mínima en el país.
La empresa evalúa ahora el impacto financiero de la decisión, incluida una posible revisión del valor contable de sus activos relacionados con Cuba. El resultado será informado junto con las cuentas del primer semestre de 2026.
Meliá inició su actividad en Cuba en 1990 con la apertura del Sol Palmeras de Varadero. Posteriormente se convirtió en el mayor operador hotelero extranjero presente en la isla.
Su cartera llegó a incluir establecimientos en La Habana, Varadero, Holguín, Santiago de Cuba, Trinidad, Cayo Coco y Cayo Santa María.
La retirada había comenzado el 3 de junio, cuando abandonó 15 hoteles vinculados principalmente con Gaviota. El anuncio de este martes extiende el cese a los otros 19 establecimientos en los que todavía prestaba servicios.
La salida de las compañías extranjeras no significa que todos los edificios hoteleros dejen automáticamente de funcionar.
Meliá, Iberostar y Barceló administraban y comercializaban instalaciones pertenecientes a sociedades estatales cubanas, pero no eran propietarias de la mayoría de los inmuebles.
Las empresas cubanas podrían mantenerlos abiertos, cambiarles el nombre, administrarlos directamente o entregar su operación a otros socios extranjeros.
Lo que desaparecerá será el acceso a las marcas, los sistemas internacionales de reservas, las plataformas comerciales, los estándares corporativos y las redes de promoción desarrolladas por las compañías españolas.
Los clientes con reservas futuras deberán confirmar si sus estancias serán mantenidas por el propietario cubano, trasladadas a otros hoteles o canceladas.
La retirada ocurre cuando el turismo cubano atraviesa uno de sus peores momentos desde comienzos de siglo.
Cuba recibió 1.810.663 visitantes internacionales durante 2025, un 17,8% menos que en 2024. La ocupación hotelera internacional cayó del 23% al 18,9%, según cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información.
El deterioro se aceleró durante 2026. En los primeros cuatro meses del año llegaron solamente 328.608 visitantes, lo que representó una caída interanual del 55,8%.
Los apagones, la falta de combustible de aviación, el deterioro de los servicios, la reducción de vuelos y las advertencias internacionales de viaje han afectado la demanda y obligado a cerrar temporalmente numerosos establecimientos.
La retirada de los grupos españoles forma parte de un éxodo empresarial más amplio.
Minor Hotels, anteriormente conocida como NH, dejó de gestionar sus dos establecimientos en La Habana. La canadiense Blue Diamond Resorts también anunció el fin de sus operaciones, mientras otras empresas turísticas y aerolíneas redujeron o suspendieron su actividad.
La desaparición de Meliá, Iberostar y Barceló confirma que el modelo utilizado por el Estado cubano para atraer grandes marcas internacionales ha entrado en una crisis profunda.
El turismo ha sido durante décadas una de las principales vías utilizadas por el Gobierno cubano para obtener divisas.
La salida de las cadenas no solo reduce la capacidad de comercialización internacional de los hoteles. También deteriora la confianza de inversionistas, proveedores, bancos, turoperadores y aerolíneas que necesitan estabilidad jurídica y operativa para mantener sus negocios.
Las instalaciones podrán continuar abiertas bajo control estatal, pero competirán sin las marcas y redes internacionales que durante más de 30 años ayudaron a promocionar Cuba como destino turístico.
El régimen pierde así, en cuestión de semanas, a tres de sus socios hoteleros españoles más importantes, precisamente cuando la llegada de viajeros, la ocupación y la disponibilidad de servicios se encuentran en mínimos históricos.
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