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22 de noviembre de 2022
Pablo Milanés

OPINION: Pobre del cantor

Murió Pablo Milanés, el trovador que le cantó loas panfletarias a la dictadura y al mismo tiempo legó obras imperecederas para la historia de la música cubana

americateve | Jorge Morejón
Por Jorge Morejón 22 de noviembre de 2022 - 12:25

A los 79 años, falleció en un hospital en España, donde vivía desde hace un tiempo, a pesar de que aseguraba que “amo esta isla, soy del Caribe, jamás podría pisar tierra firme, porque me inhibe”.

Es imposible separar al artista de la persona y difícil desentrañar el misterio de la ambigüedad de alguien capaz de parir al mismo tiempo joyas como El Breve Espacio En Que No Estás o Para Vivir y bodrios que pedían “hundirnos en el mar, que antes traicionar la gloria que se ha vivido”.

Pobre del cantor de nuestros días, que no arriesgue su cuerda, por no arriesgar su vida. Así fue, pusilánime hasta el fin de sus días.

Se entregó en cuerpo y alma a una dictadura del cual fue víctima, pero le dedicó gran parte de su energía creativa y no escondió su devoción por el dictador Fidel Castro.

¿Qué es lo que más admiras de Fidel?, le preguntaron en una entrevista en los años 80, cuando junto a Silvio Rodríguez disfrutaba de todo el favor de la cúpula del régimen.

“¡Sus cojones!”, dijo, sin pensarlo dos veces, aunque la respuesta, por simplona, le valió un tirón de orejas del propio dictador.

Llenaba estadios y teatros, lo mismo en La Habana, que en otros lares de Iberoamérica y conquistaba cualquier auditorio con su voz cálida, mientras la gente se enamoraba con canciones como Yolanda, Principio y Final de una Verde Mañana o Ámame como Soy.

Al mismo tiempo, su voz resonaba en los altavoces de los actos de la Plaza, pues formó parte, como dijo el propio gobernante designado Miguel Díaz Canel, “de la banda sonora de la Revolución”.

Un buen día, entre rimas y coplas, abrió los ojos, vaya Dios a saber las razones, y comenzó a criticar con palidez un sistema que no funcionó desde el día uno.

Pero fiel a su ambigüedad, nunca llamó al pan, pan, ni al vino, vino.

La narración que hizo en un documental de Juan Pin Vilar sobre su experiencia en los campos de concentración de la UMAP, donde estuvo recluido, es ridículamente antológica.

Y así, pasaron décadas, hasta que se desinhibió y se fue a pisar tierra firme en la Madre Patria, donde lo encontró la muerte.

americateve | Jorge Morejón
Por Jorge Morejón 22 de noviembre de 2022 - 12:25

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