El trovador Fernando Bécquer fue denunciado este miércoles por cinco mujeres cubanas que lo sufrieron abusos sexuales de su parte, según un reportaje publicado por el medio El Estornudo.
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SUSCRIBITEEl trovador Fernando Bécquer fue denunciado este miércoles por cinco mujeres cubanas que lo sufrieron abusos sexuales de su parte, según un reportaje publicado por el medio El Estornudo.
En la nota se incluyen los testimonios de las presuntas víctimas, que relatan que Bécquer las manipulaba para abusar sexualmente de ellas, mediante la religión yoruba que él profesa.
De acuerdo con las denunciantes, el músico les proponía hacerles una “limpieza” mediante un ritual religioso que incluía una “ceremonia”, en la que él realizaba sexo oral o pedía que se lo hagan a él. También refieren que Bécquer se masturbaba frente a ellas.
¿Quién es Fernando Bécquer?
Fernando Bécquer (La Habana, 1970) es un cantautor de formación autodidacta que ha desarrollado su carrera musical principalmente en pequeños espacios del país, como es La Casona de Línea, Vedado, un centro cultural muy concurrido por adolescentes y jóvenes, donde se ha presentado habitualmente cada domingo acompañado de otros músicos como Adrián Berazaín y Mauricio Figueiral.
Autor de canciones en muchas ocasiones con un lenguaje agresivo respecto a las mujeres como «Y no me la dejes caer y agárramela» y «Todas las pepillas me caen bien», entre otras, Bécquer suele recorrer con su guitarra sitios informales como el Parque de G, también en el Vedado. habanero. Miembro de la Asociación Hermanos Saíz, se presenta asiduamente en festivales de trova como el Longina y otros que se desarrollan en diferentes provincias del país.
A pesar de no ser un artista de renombre, es muy conocido entre jóvenes universitarios y también estudiantes de preuniversitario. Tiene solo dos álbumes editados: Cubano por donde tú quieras y El negro de tu vida.
La casa donde abusaba de estas mujeres
La Casa Betty, un hostal ubicado en la avenida de los Presidentes (Calle G), en La Habana, es una de las viviendas usadas por el trovador Fernando Bécquer para sus “consultas religiosas”, o mejor dicho, para abusar sexualmente de jóvenes cubanas.
El músico frecuentaba con su guitarra la Casa Balear, el Café Literario de G y 23 y el Parque G, donde escogía a sus víctimas, generalmente personas que, según los testimonios presentados por El Estornudo, se encontraban enfrentando situaciones que las dejaban vulnerables. El apartamento, situado específicamente en el número 301, esquina a 13, piso 8, era perfecto para concretar sus planes.
Esa casa de renta para el “turismo familiar” es manejada por la madre del artista, Beatriz Rosa Cifuentes Villalón. Patricia, una de las jóvenes violentadas, fue abusada sexualmente en ese lugar; la mujer estuvo allí mientras ocurría.
“La madre estaba en la sala, cosiendo, lo que me hace pensar que sabe, porque una mujer mayor, con experiencia de vida, ¿no va a saber lo que hace su hijo?”, contó. “La saludé. Ya en el cuarto le pregunté si su mamá no le preguntaba qué yo hacía ahí. Él me dijo que su mamá no estaba en nada, que creía que él llevaba a sus amigas ahí a tocarles la guitarra y cantar”.
Bécquer, además de usar a su favor el cierto renombre que posee en la trova y entre las universitarias, también buscaba deslumbrarlas con el apartamento de su madre.
“Esa casa era diferente a la suya, se podría decir que de lujo en Cuba. Por el camino me había preguntado por mi color favorito, yo dije azul, y cuando subimos me llevó a un cuarto azul. Al parecer él tenía cuartos de diferentes colores”.
Casa Betty realmente no es como la de los cubanos de a pie. Según se observa en varias imágenes publicadas en las redes sociales del hostal y en el perfil en LinkedIn de Beatriz Rosa Cifuentes Villalón, el apartamento podría tener al menos tres cuartos: uno decorado con accesorios de color azul, otro verde y otro rojo.
Se podría definir tal como dice su tarjeta de presentación: con “habitaciones confortables y climatizadas”, así como con impresionantes vistas a la ciudad y el mar, desde el corazón del Vedado.
Las agresiones sexuales sufridas por mujeres en Cuba son mayormente invisibilizadas por la prensa y las instituciones estatales y las figuras políticas. Incluso Mariela Castro, hija de Raúl Castro y una de las personas de la nomenklatura dedicadas a temas de género, comunidad LGBTI+ y feminismo, negó en 2015 que en la isla ocurrieran feminicidios.
Ante falta de organizaciones verdaderamente autónomas que asuman la lucha por la igualdad de género y contra la violencia machista, las instituciones del Estado cubano, dizque revolucionarias, pero realmente conservadoras y dirigidas en su mayoría por hombres blancos, dan la espalda al fenómeno, tachándolo de extremo, foráneo o esgrimiendo supuestos valores culturales en el piropo y otras expresiones machistas.
De acuerdo con la plataforma YoSíTeCreoEnCuba, el Código de Familia vigente en Cuba, que data de 1975, «en términos de violencia contra la mujer no hace alusión ninguna».
Además, su Artículo 26, que regula el trato entre cónyuges, «se restringe a la violencia de género desde la perspectiva de las relaciones matrimoniales, dejando fuera otras variantes violentas para quienes no estén unidos por matrimonio formalizado. No se reconocen en este cuerpo legal los efectos de la violencia psicológica o el trato cruel físico o psíquico, como sí lo hacen otros ordenamientos jurídicos de la región», señalan las integrantes de YoSíTeCreoEnCuba a El Estornudo.
Tampoco en materia de derecho penal existe alguna sección de normas que proteja a las mujeres, ni la violencia intrafamiliar se tipifica como delito único, pues «se llega a él infiriéndolo por varios tipos penales, pero no existe como bien jurídico especial en algunos de los títulos del código», agrega la plataforma feminista.
FUENTE: Mario J. Pentón

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