Todos los años, cuando comienzan los meses veraniegos en Cuba, la prensa oficial anuncia como una de las (pocas) opciones recreativas a que pueden acceder las personas la posibilidad de asistir a los llamados Joven Club de Computación y Electrónica. Desde su creación hace más de dos décadas, estos establecimientos se presentan edulcoradamente como el lugar ideal para aquellas personas sin computadora interesadas en adquirir conocimientos básicos de computación de manera gratuita.
Sin embargo, en la actualidad estos centros se han quedado muy rezagados en la imprescindible alfabetización tecnológica que necesitan los ciudadanos cubanos, no solo por el hecho de que ninguna de sus máquinas tiene acceso a internet, sino porque las pocas computadoras a que acceden los usuarios están muy atrasadas con respecto a las más modernas existentes en el mercado.
Lo que la prensa oficial esconde cuando habla de los Joven Club es que la inmensa mayoría de las máquinas de esos centros son de la generación Pentium 4 y sus monitores de tubos catódicos, ya en desuso en buena parte del planeta. En muchos Joven Club abundan las computadoras descompuestas, con sus ratones o teclados defectuosos. Los únicos cursos que se ofrecen allí son muy básicos, y en su mayoría las personas que a ellos asisten son las educadas antes de la era digital, los cuales aprenden a dominar el Office de Windows y otros programas básicos.
Otra de las grandes dificultades presentes en la mayoría de esos centros es que sus aires acondicionados no funcionan ya, sea por haberse roto debido a sus largos años de explotación o simplemente con la justificación de ahorrar electricidad. Todo lo cual atenta contra la duración de unas computadoras que permanecen encendidas todo el día en habitaciones muy calurosas. De manera que los poquísimos usuarios que visitan los Joven Club en estos meses de intenso calor son sometidos a una verdadera sesión de sauna.
En dependencia de la antigüedad de los locales habilitados así puede hallarse el estado constructivo de muchos de estos centros. Algunos, como el ubicado en la calle Heredia entre Luis Estévez y Estrada Palma (Diez de Octubre), son una vieja casa con los falsos techos caídos, ventanas rotas y las paredes ennegrecidas por la cantidad de años sin pintar. En similar situación está el Joven Club ubicado en 20 de Mayo y Marta Abreu (Cerro), un local muy pequeño, con escasas y viejas máquinas, un aire acondicionado en pésimas condiciones y necesitado de mucha pintura y una mayor y más correcta iluminación.
Abundan en todos ellos los afiches de Fidel Castro, a la entrada o en los cuartos de computadoras, para recordar la insoslayable presencia del Innombrable en cualquier lugar adonde uno se dirija.
Maletín y Google en falso
En un fallido intento por hacerle competencia a los demandadísimos "paquetes" una de las nuevas ofertas de los Joven Club es el "maletín", donde se le ofrece a todos los interesados de manera gratuita películas, documentales, series y música en su mayoría de factura nacional.
El maletín ha tenido una pobrísima acogida. En contraste con el famoso paquete, es raro encontrar a algún cubano de a pie que conozca ese nuevo servicio de los Joven Club.
Otro vano intento por competir con la imparable iniciativa privada es la oferta de servicios de actualización de antivirus y mantenimiento de sistemas operativos, aunque es raro el usuario que solicita tales servicios en los Joven Club.
Una de las cosas más curiosas que pueden encontrarse en las pocas computadoras con acceso a intranet de esos centros es que el usuario puede acceder a Google e ilusionarse con la posibilidad de navegar por internet, incluso teclear aquello que desea buscar y ver los resultados como si estuviera conectado a la red de redes. Sin embargo, cuando decide dar click en cualquier página le resultará imposible acceder a ella. A todas luces es una estrategia muy bien pensada para mostrarle a los incautos visitantes extranjeros un supuesto acceso masivo a internet en el país, elemento totalmente falso.
Un aspecto a resaltar es que la inmensa mayoría de niños y adolescentes que visitan estos centros para disfrutar de sus videojuegos son de piel negra. A todas luces es una muestra inequívoca de cómo la población negra sigue siendo en Cuba la de más bajos recursos y la que menos acceso tiene a las nuevas tecnologías. Los niños, con peinados muy artísticos y cautivados por los juegos, olvidan el agobiante calor y pasan largas horas delante de las pantallas.
Se hace evidente que, como todas las iniciativas castristas, los Joven Club se han quedado detenidos en el tiempo y ya no satisfacen la insaciable demanda de muchos sectores de la población, sobre todo juvenil, muy diestra en el uso de los más novedosos programas informáticos y necesitada de un acceso libre y veloz a internet. Solo cuando se garantice ese acceso estos centros le harán honor a su nombre y tendrán una mayor acogida en amplios sectores de la población.