Mansaray forma parte de un grupo reducido, aunque en auge, de mujeres que se incorporan al sector del transporte comercial, dominado por hombres, en la capital de Sierra Leona, Freetown. Los mototaxis tipo rickshaw, conocidos localmente como kekeh, son un medio de transporte esencial y hasta hace poco eran conducidos casi exclusivamente por hombres.
“He tenido distintos trabajos desde que llegué a Freetown, pero el kekeh es lo que más me ha ayudado", comentó esta madre soltera de 27 años.
Este tipo de vehículos son cada vez más populares en Sierra Leona, donde cubren los vacíos de un sistema de transporte público tensionado, mientras el país de África occidental lucha por recuperarse de la guerra civil que libró entre 1991 y 2002.
La población de Freetown supera los 1,5 millones, según estimaciones de la ciudad, aproximadamente el triple de lo que era cuando se planificó y construyó gran parte de su infraestructura. Los sistemas de transporte público han tenido dificultades para seguir ese ritmo, lo que ha creado una demanda de motos comerciales y mototaxis tipo rickshaw.
Aunque los rickshaws suelen estar destartalados, circulan a una velocidad mínima y se consideran menos seguros debido a la máxima exposición que implica su diseño, los pasajeros siguen prefiriéndolos porque son de fácil acceso y ofrecen máxima ventilación y una comodidad relativa.
Y a medida que más personas recurren a los rickshaws para ganarse la vida, se han convertido también en un símbolo de lo que las mujeres son capaces de hacer.
En la ciudad, sin embargo, las mujeres todavía son “vistas como personas no aptas para hacer ciertos tipos de trabajos”, señaló Marfoh Mariama Samai, defensora de los derechos de las mujeres en Plan International Sierra Leone.
“Así que, cuando una joven se aventura en cierto tipo de trabajo, la estigmatizan”, agregó Samai acerca de las conductoras.
Para muchas es un boleto a la independencia financiera Sierra Leona tiene uno de los niveles más bajos de acceso y disponibilidad de servicios financieros en África, lo que dificulta que grupos como las mujeres y los residentes rurales se recuperen de las crisis económicas.
Como resultado, muchas mujeres quedan confinadas al pequeño comercio, que ofrece poca estabilidad y las hace depender en gran medida de sus esposos, explicó Samai.
“Cuando el hombre te da el dinero, él toma todas las decisiones", dijo refiriéndose a las normas patriarcales que aún persisten en partes de Sierra Leona. "Se debería alentar a más mujeres jóvenes a entrar en el sector del transporte”.
Mansaray conoce de primera mano los desafíos de la dependencia financiera. Originaria del distrito de Kailahun, donde comenzó la guerra civil sierraleonesa, nació en pleno conflicto y tuvo que abandonar la escuela en primaria.
Ya de adulta, se dedicó a regentar pequeños negocios para mantenerse ella y su bebé, después de separarse de su esposo.
Aprender a conducir rickshaws para ganarse la vida no estaba inicialmente en sus planes, pero le interesó y pagó para capacitarse tras ver a mujeres como ella destacar en el negocio.
Ahora trabaja para una empresa que le exige una recaudación diaria de 350 leones (14 dólares), con lo que gana un salario medio de 175 leones (7 dólares) por día, suficiente para hacerse cargo de su familia y considerado un ingreso alto para muchas personas en el país.
“Aconsejaría a mis compañeras que no tienen empleo que se metan en esto”, añadió.
Alimatu Kamara, otra conductora de rickshaw, se identifica con la experiencia de Mansaray. Llevaba años desempleada antes de decidir entrar en el negocio.
Desde entonces ha tenido una experiencia fantástica, manifestó Kamara, agregando que, para ella, un desafío importante sigue siendo el comportamiento agresivo de los pasajeros hombres, una queja común entre las conductoras, además de las preocupaciones por la seguridad durante la noche.
“Algunas mujeres pueden entrar en pánico”, declaró. “Se necesita fuerza mental y determinación para continuar”.
A pesar de las dificultades, planea hacer crecer su negocio y comprar más rickshaws.
“No podemos simplemente quedarnos sentadas esperando trabajos de oficina. Con trabajos como el kekeh, incluso puedes ganar más dinero”, sostuvo Kamara.
“Lo que pueden hacer los hombres, las mujeres pueden hacerlo mejor” El Sindicato de Conductores de Kekeh de Sierra Leona tiene más de 1.000 miembros registrados en el oeste de Freetown, de los cuales apenas una veintena son mujeres, una cifra que, según el presidente de distrito del sindicato, Mustapha Thoronka, ha mejorado.
Thoronka dijo que apoya los esfuerzos para capacitar y ayudar a las conductoras, incluida la promoción de préstamos.
“Lo que pueden hacer los hombres, las mujeres pueden hacerlo mejor”, apuntó Thoronka, que tiene la esperanza de que, gracias a este negocio, “puedan mantenerse ellas y a sus familias sin depender de los hombres”.
Thoronka insta al gobierno a brindarles más apoyo, alegando que se necesita una inversión de capital importante, lo que dificulta que las mujeres se involucren.
Mariama Barrie, una pasajera, reconoció que prefiere a las conductoras.
“Son más cuidadosas que los hombres”, comentó. Para ella, la creciente presencia de mujeres en el sector del kekeh envía un mensaje en especial “a las mujeres que se sientan a esperar que les den todo masticado".
“Si sabes conducir, toma un kekeh… en lugar de quedarte sentada esperando limosnas”, indicó Barrie.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP