El parque Rivadavia, en Buenos Aires, fue copado el domingo por una muchedumbre que se reunió en círculos, a la búsqueda de las figuras faltantes. Las imágenes pasan de derecha a izquierda, como en un frenético scroleo de redes sociales, pero en la vida real.
“Está bueno compartir momentos así”, valoró Astor Trunso, quien se acercó con sus amigos y añadió que el coleccionismo se ha convertido en una tarea familiar.
En Sudamérica el ritual de intercambiar cromos, conocidos también como figuritas o estampas, es aún más importante que el mero hecho de coleccionarlos y se lleva a cabo en escuelas, plazas y hasta oficinas. En todos esos lugares se exhiben montones de cromos repetidos que pasarán de una mano a la otra.
Desde hace un par de Mundiales la costumbre se extendió a grupos de WhatsApp, apps y páginas web.
“Se siente diferente pegarlas, tenerlas en un álbum, y en el futuro poder revisarlo y decir, yo tuve este recuerdo de ese tiempo, que no es lo mismo que lo digital, que después se te borra o puede pasar cualquier cosa”, destacó al valor anacrónico del hobby, Lihuel Collella, otro joven coleccionista.
“Te conecta con el mundo, si es virtual no estaría el cara a cara”, coincide Juan Valora.
Panini lanzó para esta Copa del Mundo la colección más grande de la historia, en sintonía con el incremento de países participantes, de 32 a 48. Cada sobre contiene 7 figuritas y el valor en Argentina oscila los 1,50 dólares.
El legendario álbum, que puede alcanzar precios de miles de dólares cuando se vende completo por internet, se extinguirá en su versión tradicional después de la Copa del Mundo de 2030, cuando inicie el contrato de Fanatics como socio exclusivo de la FIFA en la materia.
No obstante, en tiendas online se ofrecen cajas de hasta 104 sobres por 180 dólares, que se pueden pagar en cuotas, y combinaciones de paquetes con álbumes. Incluso se cotizan los llamados cromos “difíciles”, como Lionel Messi, Cristiano Ronaldo —ambos disputado su última Copa del Mundo—, o Kilyan Mbappé.
“Es algo que puedo entender cuando ya estás cerca de terminar de llenar el álbum, se está apagando un poco la emoción, y es una manera de no gastar dinero de más para finalmente completarlo”, afirma Matías Inglesi, desarrollador de software y padre de Lucas, de 9 años. En su caso, el hobby le demanda una inversión semanal de 20 dólares.
Diego Barabino dejó de coleccionar figuritas de niño, pero a partir del Mundial de Qatar 2022 volvió a hacerlo con su hijo.
“Creo que lo disfrutamos más los grandes, yo por lo menos lo disfruto un montón”, confiesa.
Para muchos niños llenar el álbum es un objetivo aún más preciado que el hecho de que su selección gane el Mundial. Y los padres, en el afán de complacerlos, suelen interceder en la gestión por las figuras pendientes. A veces se estarían excediendo.
La psicopedagoga Agustina Zerbinatti advirtió que, como toda actividad compartida, los padres dan un mensaje simbólico a sus hijos.
“Si pasa por arriba del niño y lo suplanta en la actividad de cambiar figuritas, implícitamente le está diciendo que no es capaz de hacerlo, y eso puede afectar su autoconfianza, o no favorecer su sentido de posibilidad”, comentó.
Asimismo, destacó el aprendizaje que otorga la actividad a los menores.
“Desde geografía, saber que idiomas hablan en cada país, la seriación de los números y nociones de cardinalidad y ordinalidad, la organización de las figuritas y las repetidas, la motricidad fina para pegarlas” en el álbum.
En ciertas clases de la escuela donde trabaja existe un álbum extra para llenar en equipo, tendencia que también se repite en algunas familias.
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Cristian Kovadloff colaboró con este artículo.
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FUENTE: AP