Maduro, quien enfrenta una de las peores crisis económicas registradas en Venezuela y cuya popularidad está por debajo del 20 por ciento, llegó a Pekín esta semana con las esperanzas de obtener un préstamo de emergencia de $16,000 millones que le permitiera atenuar el grave desequilibrio en la balanza de pagos que mantiene vacíos los anaqueles del país.
A cambio del préstamo, Maduro estaba ofreciendo un abanico de garantías, incluyendo suministros futuros de petróleo y la futura producción de minerales provenientes de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), complejo industrial que produce oro, aluminio y hierro.
Pero el gobierno chino no mostró gran interés en la CVG, según una fuente vinculada al proceso que pidió no ser identificada por temor a represalias.
El gobierno chino manifestó que solo aceptaría la producción de la CVG en garantía si las empresas del conglomerado quedaban bajo su total control, en vista de los elevados índices de corrupción gubernamental vinculados con sus operaciones.
El que Maduro solo haya anunciado los compromisos de desarrollar proyectos conjuntos al término de las reuniones de alto nivel que sostuvo con el presidente chino, Xi Jinping, fue visto como una señal de que el préstamo por el momento no está en las cartas.
Tras el encuentro, Maduro se limitó a anunciar que China y Venezuela van a ampliar la alianza energética, "base de nuestra cooperación", y que empresas energéticas del país asiático seguirán ampliando su participación accionarial y en el negocio petrolero venezolano.