La orden de Kennedy, uno de los críticos más destacados del país de los mandatos de vacunación, los confinamientos y otras restricciones gubernamentales de salud pública, provocó indignación entre algunos defensores y académicos del derecho, quienes la calificaron de ilegal y basada en la política más que en la salud pública.
Courtney Spencer, portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (HHS, por sus siglas en inglés), afirmó que Florida optó por no cumplir con las condiciones del gobierno federal sobre cuán estrictamente vigilar a Perryman si regresaba a casa. Mantener la orden de cuarentena era “necesario para garantizar el bienestar de la señora Perryman y de su comunidad”, sostuvo.
“El virus de los Andes tiene una tasa de letalidad del 40%, 40 veces la del COVID-19, y un periodo de incubación conocido de hasta 42 días, durante el cual cualquier persona expuesta a esta enfermedad puede presentar síntomas y transmitirla a otros”, explicó Spencer.
Lawrence Gostin, experto en derecho de salud pública que ayudó a dar forma a las regulaciones federales actuales sobre cuarentenas, calificó la decisión como “una violación atroz” de los derechos de una ciudadana estadounidense.
“La están reteniendo, privándola de su libertad, que es la mayor privación que se puede tener. No ha cometido ningún delito. Y existe un amplio consenso médico de que estaría perfectamente segura si terminara su cuarentena en casa”, manifestó Gostin.
La orden de Kennedy se aparta de la recomendación de un funcionario de salud La orden que Kennedy emitió el lunes llegó después de una revisión médica realizada a principios de este mes y supervisada por el doctor Michael Bell, de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), una agencia dentro del HHS de Kennedy.
Bell revisó testimonios de funcionarios de los CDC y de un experto médico externo sobre la impugnación de Perryman a una orden anterior que la confinaba en la Unidad Nacional de Cuarentena del Centro Médico de la Universidad de Nebraska.
Cinco semanas después de haber dejado el barco, Perryman aún no presenta síntomas. Bell señaló que una de las razones por las que no se le permitía regresar a Florida era que las autoridades federales insistían en que cualquiera que volviera a su hogar debía someterse a un monitoreo diario presencial y estar bajo vigilancia las 24 horas por parte de autoridades locales o funcionarios públicos.
Las autoridades de Florida rechazaron esas condiciones —que Gostin calificó de “excesivas” y “desperdicio de recursos”— y propusieron, en cambio, que Perryman simplemente se tomara la temperatura una vez al día y realizara evaluaciones de síntomas.
Los expertos en la reunión coincidieron en que la propuesta de Florida era razonable y que los requisitos federales eran innecesarios. Bell recomendó que se permitiera a Perryman regresar a casa en un informe del 11 de junio obtenido por The Associated Press.
Pero luego, el lunes, Kennedy firmó la orden de todos modos, en la que se decía que la “continuación de la orden es necesaria para proteger la salud pública”, sin explicar de qué manera seguía considerando que Perryman representaba una amenaza sanitaria.
Perryman dice que el largo tiempo en el centro es limitante Perryman se enteró de que se le exigiría permanecer en el centro hasta el 21 de junio cuando la orden de Kennedy fue deslizada por debajo de su puerta el lunes.
“Quedé conmocionada”, relató en una entrevista. “Me horrorizó que el secretario, que no es médico, anulara al doctor y violara la ley solo para mantenerme encerrada”.
Perryman, de 47 años, quien vive principalmente en Ecuador pero mantiene un hogar permanente con amigos en Florida, dijo que desea terminar su cuarentena en ese estado, donde tendría más libertad y podría cocinar su propia comida y moverse ya sea en su casa o en una propiedad alquilada.
Perryman lo comparó con quedarse en una habitación de hotel de aeropuerto durante 23 o 24 horas al día. A veces se le permite ir a la azotea del centro durante una hora bajo la observación de guardias armados. Recibe comidas dos veces al día en su habitación de parte de enfermeras que usan guantes, mascarillas y protectores faciales. Parece una “prisión”, afirmó.
Su cuarentena era voluntaria, hasta que llegó la orden Perryman era pasajera de un crucero que viajaba por el Atlántico Sur y que se convirtió en el escenario de un inusual brote de hantavirus en el que murieron tres personas. En el barco había alrededor de dos docenas de estadounidenses, incluida Perryman, y otras 17 personas que fueron evacuadas a la unidad de cuarentena de Nebraska el 11 de mayo.
Los hantavirus suelen propagarse cuando las personas inhalan residuos contaminados de excrementos de roedores, pero en casos raros, el hantavirus que causó el brote, llamado virus de los Andes, podría ser capaz de transmitirse entre personas.
Debido a que en brotes anteriores los síntomas del hantavirus han tardado hasta 42 días en aparecer, las 18 personas debían ser vigiladas para detectar el desarrollo de síntomas hasta el final del día del domingo 21 de junio.
Al principio, se pidió a los pasajeros —sin que ello fuera una orden— que permanecieran en el centro de Nebraska. En ese momento, dijo Perryman, un funcionario de los CDC le aseguró que estaba allí de manera voluntaria. Por insistencia de él y del director médico del centro, aceptó quedarse hasta el 22 de mayo para proteger la salud pública, porque algunos expertos médicos sostienen que la mayoría de las personas que desarrollan síntomas lo hacen dentro de las primeras tres semanas. Pero después le dijeron que no podía irse en esa fecha, aunque no tenía ningún síntoma.
Perryman y otro pasajero recibieron entonces órdenes de funcionarios de salud de Estados Unidos que les exigían hacer cuarentena en el centro hasta el 31 de mayo. Las órdenes de cuarentena, que pueden hacerse cumplir con multas y penas de prisión, son una medida legal poco frecuente que puede adoptarse si alguien se opone a una solicitud de salud pública. Las órdenes iniciales fueron firmadas por el director interino de los CDC, el doctor Jay Bhattacharya.
Perryman dijo que le informaron que después del 31 de mayo podría hacer cuarentena en Florida siempre que el estado aceptara la vigilancia y los controles presenciales. Cuando Florida se negó, los funcionarios federales le ordenaron que permaneciera en Nebraska.
No es la única que está allí. El martes, ocho de los pasajeros seguían en el centro de Nebraska. Los demás regresaron a casa a principios de este mes, después de que sus estados aceptaran el plan de monitoreo.
Al comienzo de la pandemia, Kennedy expresó preocupaciones sobre los gobiernos que imponían cuarentenas masivas, al afirmar en una entrevista para su antigua organización Children’s Health Defense que “la cuarentena también mata gente” y que los costos de los confinamientos debían debatirse.
“Me parece que esto rezuma hipocresía, porque toda la premisa del movimiento MAHA (siglas en inglés de Hagamos a Estados Unidos Más Sano) del secretario Kennedy es la libertad médica. Y aquí están dispuestos a detener a alguien contra su voluntad”, comentó Gostin.
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La videoperiodista de la AP Shelby Lum en New York y el periodista de la AP Josh Funk en Omaha, Nebraska, contribuyeron a este despacho.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP