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Reseña: "Masters of the Universe" no tiene el poder

Puede que “Masters of the Universe” no sepa quién es su público. Claro, sí, quizá el objetivo sea “todo el mundo”. Los grandes éxitos modernos suelen apuntar a esos cuatro cuadrantes dorados que podrían justificar gastar cientos de millones de dólares para hacer una película sobre un juguete viejo. Pero, en lo que respecta a los hermosos productos rubios de Mattel, He-Man no es y nunca iba a ser Barbie.

Es un personaje y una estética, músculos de fisicoculturista, cortes de pelo tipo tazón y todo lo demás, tan arraigados en la década de 1980 como se puede estar. El juguete se lanzó en 1982, al parecer como un intento de competir con los productos de Star Wars. La serie animada llegó al año siguiente y, en 1987, se estrenó una película con Dolph Lundgren. Fue un fracaso de crítica y taquilla, y eso ocurrió más o menos en el punto más alto de su popularidad.

Sí, algunos han reivindicado ese “Masters of the Universe” como un clásico de culto kitsch, y ha habido algunas series animadas en las últimas décadas, pero, culturalmente hablando, He-Man parece haberse quedado en aquella década. Es una reliquia que siguió el camino de los dibujos animados de los sábados por la mañana, salvo ese meme con “What’s Up?” de 4 Non Blondes, al que se hace referencia en la nueva película. Pero incluso eso ya se siente algo gastado: se hizo en 2005.

Este “Masters of the Universe” fue dirigido por Travis Knight, quien logró sacar algo encantador de “Transformers” con “Bumblebee”. Pero esta es una película que no parece saber qué quiere ser. Es, paradójicamente, una película de serie B con gran presupuesto. Es caricaturesca y kitsch, y al mismo tiempo se está disculpando constantemente por serlo. También es lo bastante violenta como para probablemente descartar al público menor de 10 años. Apunta a algo en la línea de un “Thor” de Taika Waititi o “Guardians of the Galaxy” ("Guardianes de la Galaxia"), pero no se entrega del todo a eso que el video HEYYEYAAEYAAAEYAEYAA entendía tan bien: He-Man es extremadamente tonto. No solo el personaje. Todo: el aspecto, los nombres, incluso la frase “por el poder de Greyskull, tengo el poder”.

El guion y la historia, atribuidos laboriosamente a tanta gente que probablemente no valga la pena entrar en detalles, intentan convertir gran parte de esto en un chiste de una sola nota. Aquí, justifican nombres vergonzosos como Fisto y Ram Man como producto de la imaginación de un niño pequeño. La película plantea un mundo en el que el príncipe Adam (interpretado de niño por Artie Wilkinson-Hunt) es enviado lejos de Eternia para protegerlo mientras el reino cae en manos de Skeletor (Jared Leto). Y durante 15 años ha quedado varado en la Tierra, trabajando en un empleo aburrido en recursos humanos, viviendo con un compañero de piso y buscando obsesivamente la Espada del Poder, su única esperanza de regresar a casa. También ha crecido y se ha convertido en un galán (Nicholas Galitzine), pero uno extremadamente torpe que no es precisamente discreto con su historia de origen. Naturalmente, todo el mundo cree que está básicamente loco.

Por suerte, el tiempo que pasamos con él en la Tierra es breve (aunque quizá no lo suficiente en una película inflada de 142 minutos, incluido un cameo de Lundgren) y, al poco, está de vuelta en Eternia e intenta ayudar a devolverle al reino su antigua gloria. Todos creen que no lo conseguirá, incluida su vieja amiga Teela, que se ha convertido en una guerrera de aire modelo (interpretada con el hastío cool de una chica curtida por Camila Mendes), hasta que él descubre cómo usar la espada que lo transforma al instante en un superhumano. Cuesta enfatizar lo poco emocionante o dramática que resulta esta solución exprés.

El gran elenco hace lo mejor que puede. Galitzine es bastante torpe y resulta dulce, pero su personaje está muy poco desarrollado. Idris Elba aporta una gravedad juguetona a un guerrero caído cuya confianza se ha visto sacudida. Como Skeletor, Leto se entrega por completo al kitsch con un acento británico teatral que me recordó menos a Bane y más al Andrew Lloyd Webber de Paul F. Tompkins. Esto no es algo malo, Leto y Alison Brie, como su secuaz maltratada, parecen ser quienes más se divierten, como exiliados de un episodio de “Power Rangers”, pero sí hace preguntarse por qué no eligieron desde el principio a un actor de carácter inglés. Otros no tienen tanta suerte: Morena Baccarin está casi solo para aportar ambiente como La Hechicera, y Kristen Wiig es en gran medida olvidable como una guerrera robot.

También intenta entretejer temas sobre las expectativas de la masculinidad y el poder, pero incluso eso es desordenado y confuso, y no logra incorporar a los personajes femeninos en el diálogo.

La película quizá habría funcionado mejor si se hubiera ido de lleno por el camino del dibujo animado de los sábados por la mañana, con menos chistes autodespreciativos. Pero eso habría requerido más convicción sobre lo que estaban haciendo desde el principio.

“Masters of the Universe”, un estreno de Amazon MGM Studios, tiene una clasificación PG-13 (que advierte a los padres que podría ser inapropiada para menores de 13 años) de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, según sus siglas en inglés) por “secuencias de violencia y acción, algo de material sugerente y lenguaje”. Duración: 142 minutos. Dos estrellas de cuatro.

FUENTE: AP

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