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La columna del Dr. Ramón A. Sanchez

La Cuba del recuerdo | Las cines en Cuba

americateve | Dr Ramón Sánchez
Por Dr Ramón Sánchez

En Cuba, antes del 1959, habían más de 600 cines en toda la Republica.

En La Habana habían más de 150 cines, más que en Paris y Nueva York juntos. Tuve el placer de ir a muchos en La Habana, en algunos exhibían dos películas y un show en vivo, por enumerar algunos: el America donde vi a Jorge Negrete junto con Nat King Cole actuar, Radiocine allí vi a una pareja de tap dancers inigualable, el Astral allí vi a Ana Gloria y Rolando bailar las ricas danzas cubanas, el Radiocentro donde vi a los Xeis, Rolando Ochoa, Gaby Fofó y Miliki, los Chavales de España; el Nacional dentro del muy ilustre Centro Gallego donde vi a Pedrito Rico con su perrita Pekinesa y al mago Fumanchú; el Payret donde vi un espectáculo maravilloso “La cabalgata española” con Lola Flores junto con la película El manto sagrado. Este teatro era el favorito de mi abuelo Melchor Sánchez y su actor preferido era Edgar G. Robinson.

El cine Florencia estaba a una cuadra de mi casa y yo iba a el semanalmente a ver series de cowboys, Abbot y Costelo, Negrete, Cantinflas, Tin Tan y su carnal Marcelo, Pedro Infante y muchos más. El cine Florencia tiene un toque muy sentimental para mi pues fue donde yo le dije a Conchita que la quería, mi esposa de ya 56 años y contando. Aquí en Miami conocí al hijo del dueño del cine Florencia, Pepe Rodríguez, y le conté todas mis experiencias en el Florencia, y el se agradó muchísimo a tal extremo que me regaló una serie de fotos de ese cine.

En el teatro Radiocentro fue donde se estrenó por primera vez en America el Cinerama con tres pantallas simultáneas en forma de semicírculo donde veías la película y parecías que estabas en ella, y un sonido estereofónico exquisito y excelente. La película se llamaba The Stagecoach, La Diligencia que era el medio de transporte en el oeste americano y cuando la asaltaban los indios te parecía que tú estabas entre los indios, una sensación muy interesante.

El cine Campoamor era el único cine que no tenía techo, había un techo de lona que lo corrían cuando llovía, pero cuando estaba abierto de noche entraba la brisa del mar y te dormías de lo más rico, pero no veías la película.

Habían tres autocines Tarará, Mediodía y Vento con capacidad para más de 800 autos cada uno.

Habían grupos de varios cines que ponían la misma película y muchas veces existía una sola copia de la película y los rollos los transitaban muchachos en motocicleta de un cine al otro . Cuentan que un día en un cine había un proyeccionista que era cojo y se emborrachaba, un día se le apagó el proyector por no manejarlo bien debido a los efectos del alcohol, a lo que le gritaron “ cojo suelta la botella”. Y desde ese día en los cines de barrio, cuando el proyector de películas tenía algún problema y se apagaba la pantalla, el grito apagado y obligado era “cojo, suelta la botella”.

Hubo un cine, el Alambra, donde no se que espectáculo ponían pero mi papá me contaba que el, cuando tenía 14 años, decía que tenía 16 para que lo dejaran entrar. Yo si se y asistí a un cine habanero en el barrio chino, el Shanghai, donde había que ser mayor de edad para entrar, me divertía mucho en el, ponían unas películas pornográficas ( películas de relajo en idioma habanero) en blanco y negro que eran tan viejas que ya no eran ni de relajo, pero donde me divertía muchísimo era en el show lo cual no tenía nada de pornografía pero si se decían las malas palabras cubanas tan bien colocadas que ya no eran malas palabras y con la picardía habanera ligera y suave que te hacían reír mucho, muchos tremendos actores cómicos salieron del Shanghai. Siempre habían un gallego, un oscurito, una mujer muy joven linda y de buenas proporciones, una vieja, una gorda chusma, un chino, un flaquito a quien todos le daban golpes y ese conjunto de actores con la chispa cubana y el doble sentido habanero eran para morirse de la risa.

De esos grupos salió el teatro vernáculo cubano, con excelentísimos actores como Alicia Rico, el viejito Bringuier, el chino Wuong, Garrido y Pineiro, Pototo y Filomeno, Julito Díaz, Adolfo Otero , Mimí Cal entre muchos. Este teatro vernáculo cubano tiene sus raíces en el teatro cómico español, el cual viene del teatro cómico francés con Molliere a la cabeza y el cual vino del teatro cómico italiano que se considera la cuna del teatro cómico.

En Cuba se disfrutaba mucho el cine con sus shows y sus dos películas, un noticiero nacional con su camarógrafo oficial “Guayo” , el Nodo español y el noticiero americano. En algunos ponían hasta muñequitos ( cartones) y comedias del gordo y el flaco de relleno (Stan Laurel y Oliver Hardy).

En el cine Florencia había un vendedor que pasaba con una bandeja colgada al cuello y con voz apagada pregonaba pastillas de café con leche, almendra garapiñada, péter y refrescos. Otros, los más modernos tenían una fuente de soda donde vendía de todos las delicias que podías encontrar, me acuerdo que donde yo me comí mi primer Milkyway.

Los cines de mi Habana, como me divertí en ellos.

americateve | Dr Ramón Sánchez
Por Dr Ramón Sánchez

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