“El gobierno de Ortega sabe que tiene pocas herramientas políticas importantes para enfrentarse a Estados Unidos, … así que usa la migración como un arma de ataque”, dijo Manuel Orozco, director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano. “Este es definitivamente un ejemplo concreto de convertir la migración en un arma como política exterior”.
Nicaragua ha sido utilizada durante mucho tiempo como un trampolín migratorio por las personas que huyen de países caribeños en dificultades, como Cuba y Haití, así como de países tan lejanos como Mauritania, en África, debido a que es uno de los pocos países que no les pide visa para entrar.
La AP habló con tres migrantes haitianos que tomaron esos vuelos chárter y que dijeron que desembolsaron miles de dólares para dejar el país más pobre del hemisferio con la esperanza de llegar a Estados Unidos. De acuerdo con Orozco, la mayoría de los boletos rondan entre los 3.000 y los 5.000 dólares el asiento.
La situación alcanzó un punto crítico el fin de semana, cuando medios de comunicación locales reportaron que en 48 horas habían aterrizado en Nicaragua 27 vuelos chárter procedentes de Haití. El aumento del número de vuelos se da en un momento estratégico para el gobierno de Ortega, dijo Enrique Martínez, vocero del grupo disidente Plataforma de Unidad por la Democracia.
Dado que los venezolanos constituyen una gran parte de los que llegan a la frontera estadounidense, el gobierno de Biden negoció recientemente una relajación de las sanciones al gobierno de Venezuela —que han agravado la crisis económica del país— a cambio de promesas de llevar a cabo elecciones democráticas.
Es posible que Ortega espere un resultado similar, dijo Martínez.
El gobierno de Estados Unidos y los países europeos en los últimos años han intensificado las sanciones contra miembros de la familia y del gobierno de Ortega, a medida que éste se ha vuelto más represivo. Bajo su gestión, cientos de miles de nicaragüenses se han visto obligados a huir al extranjero y ha clausurado miles de grupos no gubernamentales y universidades para reprimir la disidencia.
“Ortega va a utilizar el tema migratorio para decirle a los Estados Unidos: bueno, yo tengo el control”, dijo Martínez. “Y si ustedes quieren frenar eso, evidentemente tienen que negociar”.
El gobierno de Ortega no respondió a una solicitud de comentarios por correo electrónico sobre los vuelos chárter y las acusaciones de que estaban siendo utilizados como palanca. Las autoridades de aviación de Haití no respondieron a una solicitud de más información.
Stéphanie Armand, vocera de Sunrise Airways —que según los datos realizó al menos 15 vuelos durante la semana pasada—, dijo que la compañía no vende boletos a Nicaragua, sino que es contratada por “terceros” para realizar los vuelos. No quiso dar más detalles sobre quiénes son esos terceros.
Cuando se le preguntó si los servicios de la aerolínea están siendo utilizados por traficantes de personas para llevar a cabo la migración a Estados Unidos, Armand dijo que la compañía comprueba los documentos de los pasajeros antes de embarcar.
“Como aerolínea y operador aéreo, no tenemos información sobre las intenciones de los pasajeros que transportamos”, escribió Armand. “Si los pasajeros cumplen con los requisitos de entrada al país y son admitidos, corresponde a las autoridades, no a las aerolíneas, hacer un seguimiento de su estatus”.
Sky High Aviation Services, Air Century y Euroatlantic Airways, que también han realizado algunos de los vuelos chárter, no respondieron a las peticiones de comentarios de la AP.
Una investigación anterior de la AP desveló la existencia de una industria de vuelos chárter que trasladan principalmente a haitianos por el continente americano. Grupos de ayuda a migrantes en otras partes de América Latina acusaron a las aerolíneas de estar al “final de una cadena de poderosos negocios que lucran con este circuito de migración haitiana”.
Después de embarcar en el costoso vuelo a Nicaragua, los migrantes han descrito a la AP salir del aeropuerto de Managua y ver multitudes de traficantes esperando a los migrantes con fotos y sus nombres. Desde allí, son llevados hacia el norte.
La oleada de vuelos se ha producido en un contexto en el que Estados Unidos y otros países del continente se han visto desbordados por la cantidad de personas que atraviesan sus territorios y llegan a la frontera entre México y Estados Unidos.
Las autoridades estadounidenses afirmaron que hicieron más de 2 millones de detenciones de migrantes en su frontera sur en los 12 meses del año fiscal que terminó el 20 de septiembre.
El gobierno de Biden anunció en enero un plan con el que esperaba disuadir la inmigración ilegal, el cual contempla aceptar a 30.000 personas al mes de Haití, Cuba, Nicaragua y Venezuela, y les autorizaría trabajar en Estados Unidos, siempre y cuando llegaran legalmente, tuvieran patrocinadores elegibles y pasaran controles de antecedentes. Este “permiso humanitario” iba acompañado de la advertencia de que Estados Unidos rechazaría a cualquier ciudadano de esos países que entrara ilegalmente.
En Tapachula, México, cerca de la frontera con Guatemala, las tensiones han aumentado junto con el número de migrantes que pasan por la ciudad.
Diciendo que estaban frustrados por las largas filas y las malas condiciones, un grupo de migrantes, en su mayoría haitianos, irrumpieron el lunes en una oficina de asilo del gobierno de México y siete personas resultaron heridas.
Afuera de la oficina de asilo se encontraban alrededor de 3.000 migrantes, entre ellos Nilda Jean, una agricultora haitiana de 28 años.
Jean dijo que pagó 3.000 dólares para su vuelo a Nicaragua y que hizo muchos sacrificios sólo para encontrarse ahora durmiendo en las calles que rodean las oficinas de asilo con la esperanza de llegar a Estados Unidos.
Los esfuerzos de México para contener a los migrantes en el sur han provocado a menudo estas muestras de descontento, porque en Tapachula las oportunidades de trabajo escasean y la vivienda es limitada. Los migrantes, ya endeudados por sus viajes, están ansiosos por encontrar trabajo para empezar a pagarlos.
El gobierno de Biden ha instado a las naciones centroamericanas y a México a que ayuden a contener los niveles de migración. Aunque algunos países de la región al menos hablan de intentarlo, Nicaragua, que no es amiga de Estados Unidos, no lo ha hecho.
Martínez, del grupo disidente nicaragüense, dijo que el gobierno de Ortega ve a la migración como un “comercio” que inyecta dinero al país. Aunque el gobierno de Ortega ha hecho poco para facilitar el viaje de los migrantes, las aerolíneas pagan impuestos al gobierno, y tanto migrantes como traficantes pagan hoteles, alimentación, transporte.
“Lo que está haciendo es aprovechar”, dijo Martínez. “Lo que está haciendo es poniéndole más difícil el camino a los países que están buscando solución”.
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El periodista de The Associated Press Edgar H. Clemente en Tapachula, México, contribuyó a este despacho.
FUENTE: Associated Press