Mujeres mineras de Colombia, a la caza de la codiciada esmeralda que les saque de una vida precaria
COSCUEZ, Colombia (AP) — A cientos de metros de profundidad, en túneles cavados en la tierra que llegan hasta donde escasea el oxígeno y el calor es tan sofocante que da náuseas, los martillos taladran en busca de algo verde que brille. Las manos que sujetan esas herramientas son las de un grupo de 200 mujeres colombianas que se abren paso, a la caza de esmeraldas, en un mundo tradicionalmente de hombres.
Compartir en:
María Julia Peña, de 66 años, en la entrada de una mina informal cerca de la población de Coscuez, Colombia, el miércoles 28 de febrero de 2024. Para entrar a las pequeñas minas de esa zona, las mujeres llevan botas de goma, cascos con linternas y un martillo industrial igual que los hombres. (AP Foto/Fernando Vergara) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved
Mujeres mineras que buscan esmeraldas conversan después de trabajar en una mina informal en la población de Coscuez, Colombia, el jueves 29 de febrero de 2024. La falta de oportunidades de trabajo, combinada con la esperanza de encontrar una gema que les solucione la vida, empujó a las mujeres a la minería. (AP Foto/Fernando Vergara) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved
Con un casco con linterna, Margot Ávila, de 45 años, utiliza un martillo industrial para perforar las rocas en un túnel de una mina informal cerca de la población de Coscuez, Colombia, el miércoles 28 de febrero de 2024. La tierra y las rocas que extraen de las paredes se llevan en carros afuera de la mina, y después son separadas y lavadas en busca de esmeraldas. (AP Foto/Fernando Vergara) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved
Yaneth Forero, minera de 52 años que busca esmeraldas, toma agua en un descanso fuera de la mina informal cerca de la población de Coscuez, Colombia, el jueves 29 de febrero de 2024. Las mujeres que trabajan en pequeñas minas sin permisos, como Forero, y aún usan explosivos para abrir los túneles, tiene esperanzas de encontrar una esmeralda que les pueda cambiar la vida. (AP Foto/Fernando Vergara) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved
Mineros dedicados a la búsqueda de esmeraldas llegan en motocicletas a una mina informa cerca de la población de Coscuez, Colombia, el jueves 29 de febrero de 2024. Algunas de las esmeraldas más grandes del mundo fueron extraídas en Colombia, incluyendo una de casi 1,4 kilos de peso que rompió el récord mundial en 1995. (AP Foto/Fernando Vergara) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved
Deisy Alexa Gallo, una minera que busca esmeraldas, trabaja dentro de una mina informal cerca de la población de Coscuez, Colombia, el miércoles 28 de febrero de 2024. Las esmeraldas colombianas son conocidas a nivel mundial por su calidad y llegan a venderse por miles de dólares, aunque la mayoría de personas que se dedican a extraerlas de las minas viven en condiciones precarias. (AP Foto/Fernando Vergara) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved
Mineras que se dedican a la búsqueda de esmeraldas hacen fila para entrar a un túnel de una mina informal en la población de Coscuez, Colombia, el jueves 29 de febrero de 2024. Tras entrar en fila de a uno, se separan en diferentes ramificaciones y se adentran en los túneles que tiene designada cada una para perforar y buscar esmeraldas. (AP Foto/Fernando Vergara) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved
La minera Yaneth Forero, de 52 años y dedicada a la búsqueda de esmeraldas, en la entrada de una mina informal cerca de la población de Coscuez, Colombia, el jueves 29 de febrero de 2024. "Hay días, semanas, meses y hasta años que uno no hace ni siquiera un millón de pesos (253 dólares)" de la extracción de esmeraldas, cuenta Forero. Si encontrara una gema de gran valor, la mujer compraría una casa y un negocio que la alejase de las minas. (AP Foto/Fernando Vergara) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved
La minera Janeth Páez, de 45 años, que extrae esmeraldas, dentro de uno de los túneles de una mina informal cerca de la población de Coscuez, Colombia, el miércoles 28 de febrero de 2024. En el interior de la montaña, donde el calor es tan intenso que provoca náuseas, las mujeres empuñan martillos industriales con los que taladran las rocas en busca de algo verde que brille. (AP Foto/Fernando Vergara) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved
Una mujer minera muestra una pequeña esmeralda en la punta de su dedo, mientras trabaja en una mina informal cerca de la población de Coscuez, Colombia, el jueves 29 de febrero de 2024. En esa zona, centro de la producción de esmeraldas de Colombia, se decía antes que las mujeres tenían prohibido acercarse a las minas porque las piedras preciosas se escondían. (AP Foto/Fernando Vergara) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved
Deisy Alexa Gallo carga un saco lleno de rocas, extraído de una mina informal, para que sean lavadas y separadas en busca de esmeraldas, cerca de la población de Coscuez, Colombia, el jueves 29 de febrero de 2024. .(AP Foto/Fernando Vergara) Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved
La esperanza de encontrar una gema que les solucione la vida o que, al menos, dé de comer a su familia las empujó a dedicarse a la extracción de esa piedra preciosa, icónica de Colombia, que es reconocida por su valor y particular calidad en todo el mundo. Lo que no equivale a que sea una fuente de riqueza para todos.
“Hay días, semanas, meses y hasta años que uno no hace ni siquiera un millón de pesos (253 dólares)”, cuenta Yaneth Forero, una minera de 52 años y madre soltera de cuatro hijos, fuera de un socavón que ella misma abrió con ayuda de herramientas de hierro y explosivos.
“Aquí la vida es dura, a pesar de que es un sitio donde han salido esmeraldas para Dubái, de calidad”, recalca.
Varias de las esmeraldas más grandes del mundo son colombianas. En 1995, el país obtuvo un Récord Guinness por el mayor cristal extraído hasta esa fecha con un peso de 7.025 quilates (1,4 kilos). Colombia es un referente mundial en producción, aunque por debajo de Zambia. Exportó 122 millones de dólares en esas piedras preciosas en 2022, según la Federación Nacional de Esmeraldas de Colombia.
En el poblado de Coscuez, donde se ha concentrado la extracción nacional, todos sueñan con encontrar la gema que cambie su suerte. En la localidad, de la región de Boyacá a 200 kilómetros de Bogotá, la economía gira en torno a las esmeraldas. En la zona se habla de una persona que halló una valorada en 177.000 dólares y se fue del pueblo.
Forero guarda en su casa decenas de “morrallas” de esmeralda —opacas y pequeñas de bajo precio— que ha reunido en tres meses de trabajo. Calcula que podría recibir unos 76 dólares en total. Con ese dinero no puede sostenerse, porque está a cargo de su madre y de su padre, quien depende de un balón de oxígeno por el daño que provocó la minería en sus pulmones. Así que busca otras fuentes de dinero en oficios domésticos.
Las grandes empresas que operan en el occidente de Boyacá, al centro del país, hacen inversiones de millones de dólares y encuentran piedras de gran valor. Pero la búsqueda no es fácil en la minería informal a la que se dedican las mujeres sin más tecnología que un martillo industrial y pólvora.
Las mineras venden lo que encuentran en los socavones a comerciantes. Es una economía particular. Sin certeza de cuándo encontrarán esmeraldas y con escaso dinero, hay intermediarios que les financian herramientas de trabajo o recursos para alimentos con la condición de que tendrán la prioridad a la hora de comprar.
Un hombre saca de su bolso tres kilos de esmeraldas opacas en una mesa, como las que encontró Forero. Enseguida, otro comerciante pone en una balanza “quilatera” —para pesar en quilates, la medida que se usa en joyería— apenas una docena de pequeñas piedras brillantes y transparentes. Pese a la diferencia en cantidad, su precio puede ser más elevado por la calidad: 3.800 dólares.
Sin sueldo fijo ni derechos laborales, las 200 mujeres se han organizado en la Asociación de Mujeres Guaqueras de Coscuez y piden a las autoridades que las reconozca como mineras artesanales.
En Colombia, el subsuelo es del Estado, por lo que su explotación requiere permisos. Se han otorgado 990 títulos para esmeraldas y hay otras 576 solicitudes en espera, según un informe de 2023 de la Agencia Nacional de Minería.
Luz Myriam Duarte Ramírez, presidenta de la Federación Nacional de Minas de Colombia, asegura que están pidiendo al Gobierno la legalización de cinco minas —de más de 30 en Coscuez— que están bajo control de mujeres como Forero.
Ellas representan un 54% de la fuerza laboral en minería artesanal, más de 60.600 mujeres, la mayoría dedicadas a la extracción de oro, plata y platino y en menor medida a piedras preciosas, según datos entregados por el Ministerio de Minas a la AP.
Hace unas tres décadas eso era impensable. Las mineras de más trayectoria cuentan que antes se creía que si se acercaban a las minas, las piedras preciosas se “escondían”.
“Era puro machismo, no nos querían ver trabajando” en los socavones, recuerda Carmen Alicia Ávila, de 57 años, dedicada a la minería desde hace 38.
La situación cambió con los años cuando se superaron las “guerras verdes”, en las que murieron más de 3.000 personas entre las décadas de 1960 y 1990, al firmarse la paz entre grupos de esmeralderos enfrentados por el control de la producción.
Ávila cuenta que algunas mujeres eran violadas o tocadas, por un poco de tierra en la que creían que podría haber esmeraldas.
Su cotidianidad hoy sigue siendo ruda, sobre todo para las que además se encargan del cuidado de sus hijos y del hogar.
Flor Marina Morales relata que solía llegar a las tres de la mañana y luego seguir despierta para enviar a sus hijos al colegio.
“Acá se desgasta una por las trasnochadas, el frío y el hambre. Pero estoy muy contenta, porque sé que mis hijos no se incluyeron en esto”, admite Morales. Sólo cursó hasta tercero de primaria. Su hija es psicóloga y su hijo, estudiante de abogacía.
Para entrar a las minas, las mujeres se alistan con botas de caucho, cascos con linterna y un martillo industrial, al igual que los hombres. Algunas deben subir por la montaña con cuerdas hasta la entrada de los socavones. Al ingresar al estrecho túnel, en fila, se desvían por las ramificaciones donde continúan taladrando la montaña. La tierra y rocas que se desprenden son acumuladas en carros que son llevados al exterior de la mina.
Una parte de esa tierra la lavan en mallas y la separan buscando el brillo verde. Lo que encuentran lo ponen en un paño blanco, lo ofrecen a un comerciante y la ganancia —así sea de unos dólares— es repartida equitativamente entre el grupo de mujeres presentes.
De “enguacarse”, como dicen cuando encuentran esmeraldas de alto valor, Forero compraría una casa y un negocio que la alejase de las minas. Pero cuando la búsqueda es infructuosa se siente impotente. “Digo: ‘Señor, en la biblia está escrito que todo trabajador es merecedor de su salario...’, pero desafortunadamente no he tenido una buena conexión con el de arriba”.