Valeria Chura se afana para recibir a familiares y amigos que llegan para el almuerzo de despacho de las almas que, según la tradición, arribaron la víspera para compartir con los vivos. Un enorme altar con ofrendas de comidas y fotos de los difuntos recibe a los invitados que rezan antes de compartir la comida.
El retrato de Aureliana Balderrama, la anciana madre fallecida un año antes, destaca entre otros. La mesa está abarrotada de figuras de pan, frutas de todos los colores, coronas de papel brillante, bebidas, flores, caña de azúcar y un plato con la comida que gustaban los difuntos en vida.
“Mi mamá se fue hace poco más de un año, pero siempre está con nosotros. Desde el más allá nos cuida y nos guía. La extraño mucho y le sigo queriendo”, dijo Chura entre lágrimas.
El pan con formas humanas y pequeñas caretas de yeso representan a los familiares fallecidos. La escalera de pan es para que suban y bajen los difuntos; los panes con forma de sol y luna es para que iluminen su largo camino de regreso y el caballo es para que el retorno sea más llevadero. El jugo de caña para que el retorno sea dulce, dijo Mishel Rivera, una joven vendedora de ofrendas en las calles de La Paz.
Este año la crisis económica afectó la celebración. “La gente compra, pero menos que antes; hay flores más baratas, pero lo importante es recordar a nuestros muertos con mucho cariño”, agregó Rivera.
Después del almuerzo la gente se vuelca a los cementerios para seguir con las oraciones con la compañía de músicos.
“La tradición cristiana dice que los muertos van al cielo, en la cosmovisión andina antes van a la tierra para fertilizarla y se quedarán hasta carnavales”, explicó el antropólogo Milton Eyzaguirre.
FUENTE: AP