“Ella es la única familia que me queda. No puedo abandonarla”, afirmó Kasiwa a The Associated Press. Añadió que le da demasiado miedo llevar a su madre al hospital, donde podría confirmarse una infección. “Estos días oímos que allí está muriendo mucha gente, incluso enfermeras”, comentó.
Sin equipo de protección más allá de una mascarilla barata, la joven de 28 años en Bunia, una ciudad en el corazón del brote, es un ejemplo de las mujeres del este del Congo que casi siempre son las primeras cuidadoras, un papel que, según trabajadores de la salud, las está poniendo en mayor riesgo de contraer ébola.
“Es la mujer la que les da un baño, es la mujer la que les da de comer, y es la mujer la que está ahí para lavar la ropa sucia y todo lo demás”, explicó la doctora Furaha Elisabeth, directora de la clínica de ginecología y obstetricia Karibuni Wa Maman en Bunia.
El Bundibugyo, el tipo de ébola presente en este brote, no tiene tratamiento ni vacuna aprobados. Incluso trabajadores de la salud han señalado que no cuentan con mascarillas, guantes y otros equipos para protegerse.
Eso deja a algunas mujeres ante decisiones imposibles, especialmente a las embarazadas.
“Cuando ves la manera en que la gente muere — incluso las enfermeras que nos atienden están muriendo — ¿cómo no vas a tener miedo?”, comentó Anny Ekyambo, una mujer de 32 años en Bunia. Añadió que le da demasiado miedo acudir a una clínica para hacerse las revisiones, aunque tiene cinco meses de embarazo.
Los brotes de ébola han afectado más a las mujeres El brote se identificó con semanas de retraso porque al principio no se hicieron pruebas diagnósticas para Bundibugyo, una variedad inusual del virus. Las autoridades congoleñas informaron el miércoles que han confirmado 363 casos, incluidos 62 fallecimientos, y se sospechan más. La vecina Uganda ha confirmado 15 casos, incluida una muerte.
No está claro cuántas mujeres se han infectado. Pero la historia muestra que brotes anteriores de ébola han afectado más a las mujeres.
En el primer brote registrado en la década de 1970, las mujeres representaron el 56% de las muertes, según ONU Mujeres. Durante el brote de 2018-2020 en Congo, el más mortífero en la historia del país, las mujeres y las niñas constituyeron cerca de dos tercios de los casos reportados.
“Sin duda veremos que el mismo patrón emerge en el brote actual", dijo en un comunicado Sofia Calltorp, jefa de acción humanitaria de ONU Mujeres. "La transmisión del ébola sigue realidades sociales. El virus se propaga a lo largo de las líneas del cuidado, el trabajo doméstico, el trabajo sanitario en primera línea y las prácticas funerarias”.
En muchas comunidades del este de República Democrática del Congo, las mujeres son quienes preparan los cuerpos para el entierro.
"No tenían protección ni equipo" En la clínica Karibuni wa Maman, el personal indicó que no ha recibido ningún equipo de protección personal desde que comenzó el brote, pese a los llamados a las autoridades sanitarias.
Los pacientes que presentan síntomas son examinados en la clínica antes de ser remitidos a centros de tratamiento más grandes, lo que expone a médicos y enfermeras a una posible infección con salvaguardas mínimas.
Julienne Lusenge, presidenta de Solidaridad de las Mujeres por una Paz y un Desarrollo Inclusivos, el grupo de ayuda que gestiona la clínica, señaló que han pedido equipo de protección a diversos proveedores y que sólo han recibido desinfectante de manos y unas pocas mascarillas para las enfermeras.
Indicó que la falta de equipo también pone en peligro a las mujeres que cuidan en casa a familiares enfermos, y que la mayoría de ellas no sabe que el ébola puede ser la causa.
“Durante brotes anteriores, muchas mujeres murieron porque eran ellas quienes cuidaban a familiares enfermos”, recordó Lusenge.
A pesar de nuevas llegadas de ayuda y de instalaciones sanitarias mejor organizadas en los últimos días, Médicos Sin Fronteras ha advertido que el virus sigue propagándose más rápido que la respuesta.
“Nadie conoce la verdadera magnitud y gravedad de este brote”, sostuvo en un comunicado el doctor Alan Gonzalez, subdirector de operaciones de la organización médica.
El brote se desarrolla en un entorno implacable. La provincia de Ituri tiene una red de carreteras deficiente y centros de salud mal equipados a más de 1.000 kilómetros (620 millas) de la capital del Congo, Kinshasa.
Los ataques de las Fuerzas Democráticas Aliadas, un grupo rebelde aliado del grupo Estado Islámico, y una coalición de milicias étnicas también han obstaculizado la respuesta. También se han reportado otros casos en las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, donde el grupo rebelde M23, respaldado por Ruanda, controla ciudades clave como Goma y Bukavu.
La desconfianza hacia los forasteros tras décadas de conflicto en la remota región es otro factor que mantiene a la gente alejada de las clínicas y bajo el cuidado de las mujeres.
Las mujeres embarazadas pueden estar particularmente expuestas El temor a contraer ébola en un centro de salud se ha extendido.
Ekyambo, la mujer embarazada en Bunia, dijo que otras mujeres de la comunidad comparten su miedo de ir a la clínica.
“Sé que hay pasos que debemos seguir con los médicos para vigilar el embarazo y al bebé, pero no tenemos opción porque esta epidemia nos asusta”, expresó.
ONU Mujeres ha señalado que las mujeres embarazadas podrían estar más expuestas por su contacto frecuente con los servicios de salud.
Lusenga, sin embargo, advirtió que mantenerse alejadas de las clínicas podría significar perder consultas cruciales de atención prenatal y posnatal.
“Corremos el riesgo de ver un aumento de la mortalidad prenatal y posnatal, tanto de las madres como de los niños”, afirmó.
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Banchereau informó desde Dakar, Senegal.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP