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La prolífica carrera de Brees al Salón de la Fama triunfó por lo intangible sobre lo medible

NUEVA ORLEANS (AP) — El Drew Brees de hace tres décadas no era proclive a alimentar fantasías de convertirse en una estrella del fútbol americano profesional; en cambio, creía que el béisbol era el deporte que jugaría en la universidad.

“Mira, yo medía 1,83 metros y pesaba 77 kilos”, dijo el líder histórico de pases de los Saints de Nueva Orleans en una entrevista con The Associated Press, al recordar sus días en la preparatoria Westlake en Austin, Texas. “En realidad no era el prototipo de nada en el fútbol americano”.

Aunque había crecido en campos de fútbol americano como nieto de un admirado entrenador de preparatoria en Texas y ganó un campeonato estatal como quarterback de Westlake, Brees no fue muy reclutado por programas destacados de fútbol americano universitario en su estado natal.

Brees, de 47 años, ingresará este fin de semana al Salón de la Fama del Fútbol Americano Profesional en Canton, Ohio, donde su busto de bronce se convertirá, en la práctica, en la prueba principal del triunfo de lo intangible sobre lo medible.

Lo que a Brees le faltaba en estatura física lo compensó con disciplina, intelecto, perseverancia, instinto y liderazgo durante una carrera de 20 años en la NFL, destacada por la segunda mayor cantidad de yardas (80.358) y touchdowns (571) por pase en la historia de la liga, sin mencionar el único título de Super Bowl de Nueva Orleans en las seis décadas de existencia de los Saints.

Sean Payton, quien entrenó a Brees en Nueva Orleans y ahora está con Denver, se maravilló de la capacidad de Brees para procesar información con rapidez, hacer ajustes en la línea de golpeo y ejecutar.

“Era como una IA”, comentó Payton, a quien Brees eligió como su presentador en Canton. “Esa capacidad de procesar rápido —rápido a nivel élite— es un don realmente raro. Podía hacer varias cosas a la vez con total naturalidad”.

Brees también trabajó de manera obsesiva en la mecánica de lanzamiento —incluso contrató a un entrenador personal de pases— y eso se notó en su precisión y sincronización. Completó el 67,7% de sus envíos, lo que lo ubica tercero de todos los tiempos —y primero entre los quarterbacks con más de seis temporadas en la NFL—. Sus porcentajes de pases completos en una sola temporada, 74,4% en 2018 y 74,3% en 2019, son los dos mejores en la historia de la NFL.

Guiado por una máxima que equiparaba el fracaso con la oportunidad, Brees mostró una habilidad especial para convertir la adversidad en triunfo. Sus 53 series ganadoras en el último minuto lo colocan tercero (empatado con Ben Roethlisberger), solo detrás de Tom Brady (58) y Peyton Manning (54).

Brees se retiró después de la temporada 2020. Varios años antes, jugadores, entrenadores y ejecutivos de toda la NFL ya se referían a él como un futuro miembro del Salón de la Fama.

“Todos simplemente esperábamos que entraría en cinco años —a la primera, sin dudas—”, señaló el gerente general de los Saints, Mickey Loomis, cuyo periodo en Nueva Orleans abarcó las 15 temporadas de Brees con la franquicia. “No es una sorpresa”.

La simetría de que Nueva Orleans, devastada por el huracán Katrina, fuera el lugar donde Brees se recuperó de una lesión en el hombro de lanzar que amenazaba su carrera añadió otra capa a la historia del quarterback.

“La forma en que terminé en Nueva Orleans fue un escenario tan poco probable”, recordó Brees. “Y, aun así, no pudo haber sido más perfecto”.

El punto culminante fue la actuación de Brees como Jugador Más Valioso del Super Bowl contra Indianápolis en febrero de 2010 en Miami, marcada por sus números de pase en la segunda mitad: 19 completos en 20 intentos para 151 yardas y dos touchdowns. La imagen posterior al partido de Brees sosteniendo a su primer hijo, Baylen, que entonces tenía 1 año, mientras ambos intentaban atrapar el confeti que caía, es icónica en Nueva Orleans.

De vuelta en la Big Easy, esa victoria encendió celebraciones catárticas y eufóricas, y preparó el terreno para un desfile de campeones tan desbordado y concurrido como cualquiera de los realizados durante el Mardi Gras.

Los Saints llegaron a los playoffs en nueve de las 15 temporadas de Brees en Nueva Orleans. Desde entonces, el equipo tiene marca de 36-49 bajo tres entrenadores sin una aparición en postemporada.

Brees como atleta integral

Brees atribuye su éxito deportivo a una infancia dedicada a practicar numerosos deportes, entre ellos béisbol, baloncesto, fútbol, tenis y campo traviesa.

Para la preparatoria, Brees se veía a sí mismo como un posible prospecto como campocorto o tercera base, capaz de batear para promedio y poder desde el lado izquierdo. El atleta que más admiraba era el miembro del Salón de la Fama de los Medias Rojas de Boston Ted Williams, la inspiración detrás de que Brees usara el número 9 durante toda su carrera en la NFL.

Cuando Brees se rompió ligamentos de la rodilla durante un partido de playoffs de fútbol americano en su penúltimo año de preparatoria, lo que más le preocupó fue cómo perderse el béisbol la primavera siguiente podría poner en riesgo sus opciones de conseguir una beca.

El béisbol “es lo que esperaba que fuera mi camino”, recordó Brees, y añadió que no guardaba resentimiento por no recibir ofertas de beca de fútbol americano de Texas, donde su tío Marty Akins jugó como quarterback, ni de Texas A&M, donde sus padres estudiaron.

Ninguno de los principales programas de fútbol americano en Texas le ofreció una.

“Lo entiendo”, expresó Brees. “Ganamos un campeonato estatal. Fui el jugador ofensivo del año del estado en 5A. Pero no tenía muchas de las medidas”.

Pero Brees recibió una oferta del entonces entrenador de Purdue, Joe Tiller, quien dirigía una ofensiva abierta con mucho pase. Intrigado, Brees aceptó y se mudó a unos 1.100 millas de casa para seguir jugando fútbol americano.

Demostrando su capacidad en la universidad

Jugar en Purdue transformó a Brees en un auténtico prospecto de la NFL.

“Si hubiera ido a Texas, le habría entregado el balón a Ricky Williams; si hubiera ido a A&M, se lo habría entregado a Dante Hall”, explicó Brees. “Voy a Purdue y estoy lanzando el balón 50 veces por partido”.

Brees llevó a Purdue en 2000 a apenas su segundo Rose Bowl y el primero en 34 años. Fue finalista del Trofeo Heisman y elegido Jugador Ofensivo del Año de la Big Ten por segunda vez.

Un duro ajuste en el profesionalismo

Tras ser seleccionado al inicio de la segunda ronda del draft de 2001 por los Chargers de San Diego, Brees apareció en un partido como novato.

Lo enviaron a la banca tres veces en 2003, cuando terminó 2-9 y tuvo más intercepciones (15) que pases de touchdown (11).

En esa temporada baja, el entonces entrenador de los Chargers, Marty Schottenheimer, le dijo a Brees que aún creía en él, pero le advirtió que la organización planeaba usar su primera selección global del draft de 2004 en un quarterback.

“Todo lo que creía saber lo reevalué, y también mis habilidades de liderazgo y mi asertividad”, manifestó Brees. “Así que volví encendido”.

Los Chargers adquirieron a Philip Rivers en un memorable canje el día del draft que involucró a Eli Manning, pero Brees recuperó el puesto de titular, terminó 11-4, llevó a los Chargers a los playoffs y obtuvo la primera de sus 13 convocatorias al Pro Bowl.

En términos estadísticos, 2005 fue otra campaña sólida para Brees, pero los Chargers se quedaron fuera de los playoffs con marca de 9-7 y el hombro con el que lanzaba quedó gravemente dañado (desgarro del labrum y desgarro parcial del manguito rotador) por un golpe incómodo durante una carrera para recuperar un balón suelto.

Brees estaba por convertirse en agente libre, y los Chargers no intentaron retenerlo.

Brees renace en Nueva Orleans

Cuando Brees firmó con Nueva Orleans en marzo de 2006, su recuperación de la cirugía de enero aún no había avanzado hasta el punto de poder lanzar con eficacia.

Necesitaba que un equipo diera un salto de fe.

Miami lo había considerado, pero se echó atrás. Payton, entonces en su primer año como entrenador en la NFL, y los Saints, que habían terminado 3-13 mientras estuvieron desplazados a San Antonio en 2005, nunca vacilaron, y Brees estaba decidido a demostrar que tenían razón.

Su enfoque se volvió contagioso.

El corredor de los Saints Alvin Kamara, quien jugó con Brees durante las últimas cuatro temporadas del quarterback, dijo que Brees “trataba cada situación en la práctica, en el partido y en la sala de video como si fuera el último momento... el factor determinante entre ganar y perder”.

“Eso se extendió por todo el equipo”, añadió Kamara.

Payton también animó a Brees a explorar los límites de lo que podía hacer en un partido.

Le ofreció a Brees la oportunidad de cantar protecciones desde la línea de golpeo, algo que suelen hacer los centros. Payton también permitió que Brees cantara jugadas en el campo cuando los Saints jugaban sin reunión.

“Me dio muchísimo poder”, afirmó Brees. “Me hizo mucho más seguro. Y, desde luego, tenía esa motivación impulsora de demostrarle que tenía razón y de representarlo”.

Durante la pretemporada de 2007 —antes de que figuras de los Saints como Ricky Jackson, Willie Roaf o Morten Anderson fueran exaltadas en Canton—, los Saints jugaron el partido del Salón de la Fama.

Payton recorrió el salón con los jugadores y les preguntó si notaban que no había ni un solo Saint representado. El entrenador entonces predijo que un jugador, quizá varios, de ese plantel de 2007 volvería algún día a Canton como integrante.

Cuando Payton ayude a Brees a ponerse el saco dorado del Salón de la Fama este fin de semana, el jugador más condecorado en la historia de los Saints habrá vuelto a darle la razón a su antiguo entrenador una vez más.

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Deportes en español AP: https://apnews.com/hub/deportes

FUENTE: AP

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