Allí se encontraba el documentalista amateur John Albert, según consigna el sitio de noticias local Stuff, cuando conoció la historia del S.S. Ventnor y "sintió un escalofrío, como si un espíritu lo hubiera poseído".

La referencia apunta directamente a las almas de los mineros que querían ser sepultados en China pero que llevan más de un siglo esperando que su viaje de regreso -que ya está pago- llegue a su fin.
Ellos eran parte de la inmigración china que a partir de 1860 llegó a Nueva Zelanda atraída por la fiebre del oro. Buscaban hacer fortuna para luego regresar junto a sus familias. Aunque la mayoría murieron en la pobreza, era costumbre asegurarse que retornarían a China en cualquier circunstancia.
Así sucedió con los 283 fallecidos que fueron devueltos a Pekin en 1883. Y esa era la deuda que quería saldar Chole Sew Hoy, un exitoso inversor en los yacimientos de oro que además se dedicaba a venderles enseres a los mineros. Para eso había contratado al S.S. Ventnor, que zarpó de Wellington en octubre de 1902.
